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Capitulo I: El DespertarEditar

NO LO RECUERDO
Let Us Prey Episodio I.jpg
Protagonistas -Kaled Caruso

-Roma Hinault

-Erick Hinault

-Aún por definir-

Recurrentes -Aún por definir-
Muertes N/A
Puntos de vista: Omnipresente
Capitulos 3 (Momentaneo)
Música utilizada:
Theme Song- Let Us Prey Episode I04:03

Theme Song- Let Us Prey Episode I

Localización principal: Desconocida
Año en que se desarrolla 2016
Slogan "Un hombre con pocos recuerdos... es un hombre que vale millones"
Temporada Anterior Desconocida
Temporada Siguiente Desconocida
Abrió fugazmente los ojos. Se encontraba respirando agitadamente y su aliento estaba un poco cortado. Todo estaba borroso a su vista. Sentía unas gotas de un frío sudor recorriendo su frente y un olor putrefacto entrando por su nariz. Las nauseas lo envolvieron  instantáneamente. Un dolor repentino y fugaz se sintió en su hombro derecho. Espontáneamente intentó apretárselo pero un jaloneo en su mano izquierda impidió el movimiento… cada vez que trataba de mover la mano un chirrido metálico se escuchaba y se hacía resonar en una habitación aún turbia ante sus ojos. Alguien lo había encadenado a un tubo. Con desesperación y miedo intentaba zafarse pero era más que inútil. Volvía la cabeza a cada lado una y otra vez en busca de algo pero había… bueno, no había nada. Estaba sentado, sin camiseta alguna, con una venda bastante grande que cubría la mayor parte de su hombro derecho y bajaba hasta la parte posterior de su abdomen; esposado a un tubo y para rematar, en una habitación descuidada y vacía. Exhaló débilmente y se resignó a ya no moverse más. Agachó la cabeza y cerró lentamente los ojos y continuamente para poder ir recuperando la vista. Con una mente en blanco y un silencio puro permaneció cinco minutos, hasta que un gran miedo lo invadió. Tragó saliva.

-¡Ayuda!-gritaba con la poca fuerza que tenía-Maldición ¡Ayúdenme! ¡Sáquenme de aquí!

Golpeaba repetidamente el tubo para poder romperlo y escapar de ahí o tal vez solo para llamar la atención si es que había alguien cerca. Un dolor punzante recorrió su cabeza. Gimoteó un ligero alarido y recargó su nunca contra la pared. Unos segundos después un chirrido metálico se escuchó de lo que parecía ser la puerta. Dos personas ingresaron mientras detrás de ellos un destello de luz lo cegaba e instantáneamente entrecerró los ojos. En lo que podía ver, le pareció que era un hombre corpulento y una joven.

-Hola dormilón- alcanzó a oír una dulce voz. La chica se fue acercando hasta donde él y terminó por agacharse para quedar a su altura. Era una muchacha rubia, de ojos marrones y no aparentaba más de dieciocho años; tenía un color pálido de piel pero lindo. Era muy bonita. Ella dejó un plató de comida (Qué parecía ser un intento de sopa) en el suelo a su derecha- Te trajimos algo de comida. Debes de estar hambriento después de dos semanas-agregó ella para después sonreírle.

Sin ninguna expresión en su rostro, la miró.

-Así que…-quería proseguir ella, pero él no tenía intenciones de iniciar una charla-¿Cómo te sientes?

Giró un poco su cabeza para ver su hombro. Alcanzó a ver una gran mancha de sangre que atravesaba la venda. Se asustó. Se dio cuenta de algo… él ya no recordaba que le pasó. El porqué de esa herida.

-¿Puedes decirnos que te pasó?-preguntó la chica.

Buscó en sus memorias, una señal o algo que le dijera que había pasado, por lo que dijo la muchacha, hace dos semanas. Volvió a buscar. Y rebusco. Pero su mente no le daba ninguna señal, ningún mensaje, ningún recuerdo.

-Yo…-titubeó- yo no… no puedo- agachó la cabeza- no recuerdo nada.

La muchacha tomó su mano y lo miró con una mirada forzada de compasión.

-Tranquilo, tranquilo. Mi nombre es Roma. El es mi padre, Erick- apuntó al señor de atrás. Este hombre lo miraba con desprecio, lo pudo notar por la gran arruga en su frente y los brazos cruzados, una mueca torcida se le dibujaba en el rostro- solo queremos preguntarte algunas cosas, no te asustes y por favor, ayúdanos a entender-prosiguió ella- ¿Puedes decirnos tú nombre?

Se sorprendió. Demasiado. Indagando en sus profundos recuerdos se dio cuenta que no existía alguno. No recordaba ni su propio nombre.

-Yo… yo, no puedo. No puedo recordar nada- lagrimeó una pequeña gota que caí lentamente sobre su mejilla derecha.

-¡Estupendo, el típico caso de un colapso mental!- gruño el hombre acercándose lentamente hacía él.

-Papá…

-Hijo-prosiguió Erick ignorando completamente a la chica-eh sido policía por más de veinticinco años y no pienso tragarme esa mentira-dijo eso último en un tono amenazador- Así que o nos dices que cara…

-¡Basta papá! Lo asustas. Lo último que quiero es que el chico se asuste más. Él ya recibió un disparo y…

-¿Me dispararon?- exclamó lleno de angustia, temor e incredulidad.  Simplemente le asustaba oír esa palabra-¿Cuando?

-Philip te encontró en el bosque cercano, estabas desangrándote y lo mejor que pudo hacer es traerte aquí…

-¿Por qué? ¿Por qué me dispararon?- profirió con el mismo tono perplejo.

-Chico, nosotros debemos hacer las preguntas. No tú-respondió Erick con un tono severo.

-Papá, por favor basta de actitud mala y copera-le exigió Roma a su padre. Luego devolvió su mirada a él- Y tú, cálmate. Por favor. Estamos igual de confundidos que tú en este momento y por eso queremos respuestas. Con calma, quiero pedirte que me respondas el por qué te dispararon. ¿Podrías mencionar tan solo algo?

Él cerró los ojos y respiró hondo para después buscar algo, un simple algo en su oscura memoria. Sin éxito.

-No… no puedo, no…-miró al techo como si ahí encontrara la respuesta- no puedo siquiera recordar mi nombre. Ni una sola letra de él.

-Tranquilo, está bien, te ayudaremos. Tomate tu tiempo-agregó Roma mientras le sonreía. Sintió un alivio agradable a pesar de las circunstancias. Ella se incorporó y luego concluyó-Papá, quítale las esposas.

-Pero…

-Por favor- murmullo la joven antes de que su padre protestara. Luego salió por la misma puerta en la que habría ingresado en la habitación.

El viejo se acercó lo más posible al muchacho para luego agacharse y empezar a desencadenar las esposas de muy mala gana.

-Si crees que puedes parecer inocente- mencionaba Erick al momento de quitar las esposas-estás muy equivocado. Tal vez para mi hija le parezcas un pobre chico perdido y sin rumbo, pero para mí-lo miró profundamente a los ojos, como si succionara su alma-para mí eres alguien que nos traerá problemas demás.

Erick se levantó con un gran esfuerzo y este le lanzó una última mirada de advertencia y concluyó-come y duerme otro par de horas, luego tendrás que trabajar- y cerró la puerta al salir.

Un alivio le recorrió todo su brazo izquierdo. La liberación le había producido una nueva sensación. Respiró hondo un par de veces y luego desvió su mirada hacía su hombro malherido. No le dolía tanto como pensaba que sería recibir un bala. Pero, todo no encajaba. Nada encajaba. No tenía memoria alguna de su vida, si tenía hermanos, padres, primos amigos o alguna novia pero ¿Por qué recordaba las palabras? ¿Cómo sabía que debía de tener padres o cómo sabía que existían los deportes a pesar de no recordar que había practicado alguno? Era bastante confuso. Pero se iluminó su mente. Creía en la remota posibilidad de que tal vez, solo tal vez, su memoria estaba reprimida y no olvidada. Aún así se dio a la tarea de encontrar respuestas en su vacía memoria pero solo encontraba muchas más preguntas. Prefirió olvidar un momento su confusión y decidirse a comer totalmente ese plato que parecía ser sopa. Lo devoró en solo un instante. Un efecto de satisfacción en su paladar se hizo presente. Nunca había tenido tanta hambre desde… bueno, no recordaba eso. Eso ni nada. Intentó levantarse, pero a pesar de su disposición, era muy lento. Le dolía todo. Absolutamente todo. Las piernas, los brazos… incluso las orejas. Se sentía más que débil. Lanzó un silencioso alarido para quejarse. El olor ya no le parecía mal, incluso parecía estar acostumbrado a semejante peste. Con unos pequeños tropiezos camino hasta recargarse a contra espalda en una pared. Un dolor punzante y constante apareció en su cabeza y a cada segundo, se intensificaba. Gimió de angustia. Arrugo la frente y con su puño izquierdo golpeo la pared. Se llevó ambas manos a la cara y gritó fuertemente para sacar ese dolor. Sin aviso o advertencia, se desplomó hacía el suelo…

-No creo que fuera así Ka- dijo Jane, mientras sonreía como siempre. Con esa perfecta sonrisa que tanto le encantaba a Kaled.

-Te digo que así fue Jane. Pero solo tenía cinco años eh, no creas que era un inmaduro- le dijo frunciendo el seño y en un tono de broma.

Era de noche. Estaban en las afueras del campus de la universidad, contemplando las estrellas y recostados en el césped con muy poca iluminación. Era una velada perfecta y lo estaba pasando perfecto con su novia Jane. Nada podía salir mal en su segundo aniversario como novios.

Él giró la vista hacía donde estaba ella. Sus hermosos ojos azules resaltaban, era lo más hermoso que Kaled había visto.

-Te amo, en serio te amo mucho- le dijo y le acarició la mejilla.

-También te amo Kaled, me haces muy feliz- sonrió y le dio un pequeño beso en los labios.

Ambos se quedaron viendose fijamente un corto tiempo y luego ella agregó:

-Creo que nos deberíamos ir, si un profesor nos encuentra afuera nos mata.

-Sí, tienes razón- agregó Kaled mientras se levantaba de golpe. Luego la ayudó-es hora de dormir… a pesar de que mañana sea sábado. Aguafiestas.

Jane se río y  dio un ligero golpe en el hombro de él.

Caminaron por un sendero alumbrado que se dirigía a los dormitorios. Kaled sabía que tendría que acompañarla hasta los dormitorios de las mujeres a pesar de que quedara más lejos que el suyo. En el camino solo sonreían y se mirábamos… como si con solo observarse se dijeran todo. Su cabello pelirrojo deslumbraba con la luz, y sus ojos daban pequeños destellos. Ella no podía ser más perfecta.

-Bien, aquí acabo nuestra velada- le dijo Kaled mientras llegaban a su edificio, con una sonrisa en la boca.

-Así es- dijo Jane mientras daba un suspiro y luego continuó hablando- bien joven Caruso… me despido de usted porque ya tengo mucho sueño- le dio un beso en la mejilla y se dio la media vuelta.

-¿Y por qué no en los labios?- le dijo en tono bromista.

-Mañana tendrá su beso de los buenos días- dijo Jane mientras abría las puertas del edificio de los dormitorios.

Sonrió y también se di la media vuelta. Avanzó unos ocho pasos y sus oídos lograron captar un ruido. De entre los arbustos. No le dió importancia alguna y siguió se camino hacía el edificio de los dormitorios de hombres.

Era una noche fría.  De hecho en el camino iba haciendo humo cada vez que soplaba. Al llegar a la puerta del edificio la abrió y se dispuso a tomar el elevador.  El ascensor era tan acogedor y calientito que casi se tumbó a dormir ahí. Para su suerte,  el piso al que se dirigía estaba cerca y cuando se abrieron las puertas continuó caminando hacia el frente del pasillo. Tenía que llegar a su habitación que estaba hasta el fondo a la derecha. Estaba todo en penumbras y él temía que un prefecto lo descubriera y terminara reportándolo. Llegó hasta la puerta de la habitación y sacó las llaves para abrir. Justo en el momento que introdujo las llaves en la cerradura se percató de un ruido en la habitación contigua. Se quedó petrificado durante unos seis segundos. Después de eso despertó de su trance y se dispuso a abrir la puerta y entró.

-Son ya la una de la mañana ¿Dónde estabas Kaled?- dijo Abba quién estaba jugando videojuegos. Lo curioso fue que le preguntó sin dejar de ver la pantalla.

-Tranquilo papá, no me emborraché- le contestó en tono sarcástico.

-Soy tu mejor amigo, me preocupo por ti- dijo. Aún sin parpadear fuera del televisor.

-Estaba con Jane, celebrando nuestro segundo aniversario. Espera, no lo entiendes porque no tienes novia- le aventó su chaqueta a la cara al terminar la frase.

Abba se quitó la chaqueta de la cara y continuó jugando.

-Apesta como el demonio esa cosa. Tienes que lavarla mucho más a menudo- le dijo en tono serio.

-¿E Ismael?- le preguntó desatendiendo a su amigo, mientras prendía las luces de la habitación.

-Se fue a dormir en el baño, dice que no lo dejaba dormir-respondió mientras pausaba el juego. Se levantó y apagó el televisor.

-Milagro que dejas esa cosa- agregó Kaled mientras se quitaba la playera.

-Iré por Ismael, le diré que ya llegaste y ya podremos dormir tranquilamente.

-Está bien, yo mientras me tumbaré por aquí- respondió y terminó por aventarse a la cama- ha sido el mejor día de mi vida.

-No creo que salir con tu novia a media madrugada sea tan especial-comentó Abba entrando a lo que parecía ser el baño.

-Ya te dije, no tienes novia. Mejor cállate y ve por Isma.

-Como digas, Kaled.

Kaled. Un vacío negro inundó su sueño y ese nombre quedó flotando. Kaled. No tenía idea de que significaba en ese momento… pero mientras transcurrían los minutos entendió que ese, era su nombre. Kaled. Una paz lo lleno…

-Oye, despierta…

Un susto arremolino el vacío negro… una visión borrosa de un chica fue apareciendo ante sus ojos.  Poco a poco iba recuperado la vista y visualizó a la chica. Era Roma. Hincada y sosteniendo su frente.

-Vaya, hasta que volviste-dijo ella con una sonrisa.

-Kaled.

-¿Qué?

-Kaled- sonrió él mientras se incorporaba sosegadamente del suelo- ese es mi nombre.

Capitulo II: Entre Los MuertosEditar

Ella sonrió. Kaled parecía contento. Una sonrisa lo iluminó de repente y soltó una silenciosa carcajada. Ambos quedaron sentados de frente y permanecieron en silencio hasta que ella decidió terminarlo:

-¿Y cómo lo supiste?-preguntó ella arqueando las cejas.

-Pues, sonará raro, no recuerdo nada de lo que acabo de soñar pero ese nombre fue lo único que pude rescatar. Supongo que ese es mi nombre- respondió él llevándose una mano a la frente.

-Vaya, pues… Kaled, es hora de que te des una buena ducha. Ven-dijo ella levantándose-vamos que apestas. Ella le extendió la mano y le ayudó a incorporarse.

Kaled aún sentía una presión encima de su hombro, pero como había dicho antes, no era algo de qué preocuparse. Apenas dió un paso hacia el frente y el mismo peso lo sintió en sus piernas. Era obvio que era porque no había estado de pie durante un largo tiempo... Roma solo salió de la habitación sin decirle ninguna palabra por lo cual, supuso que debía seguirla sin más. Intentaba caminar pero todo le dolía. Parecía cojo. Unos gritillos de angustia le salían de la boca a cada paso que daba. Al llegar a la puerta la abrió extendiendo pausadamente su brazo para empujar el pórtico. Una luz inundó sus ojos y espontáneamente los cerró. Permaneció unos segundos así hasta que decidió abrirlos lentamente para acostumbrarse.

-Te estás tardando-le decía Roma burlona. Él solo sonrió.

>Cuando sus ojos se acondicionaron al ambiente pudo visualizar su camino. Era estrecho. Muy estrecho. Podía notar que era concreto lo que pisaba y lo que rodeaba las paredes pero, no había techo. Las paredes le llegaban un poco más arriba de la cabeza y de fuera se podía ver lo que era el bosque. ¿Ese era el bosque en el que lo encontraron? La duda lo invadió. Caminaba inseguro a través de ese pasillo. Ella lo espero en una puerta de madera. Parecía improvisada debido a lo malgastada que se veía.

-Esta es la puerta hacía nuestro hogar. Aún no te diré nada, ya que ese no es mi encargo. Aquí somos mucho de políticas y ese tipo de cosas. Pero ellos te dirán que hacer cuando sepan que al menos ya te has duchado.

¿Ellos? ¿Ah que se refería?

-¿Quiénes son ellos?-preguntó Kaled.

-Los jefes. Los que operan todo el lugar. Sabes, es poco pero nos basta para seguir viviendo.

Aún sin entender, solo asintió. Ella abrió la puerta y vio un lugar bastante… inmundo. O no. No tenía idea de cómo pero parecía una especie de barrio bien visto. Había casas de madera montadas al azar y colocadas al azar. Había murallas combinadas de madera,  lámina y rejas situadas alrededor de un gran perímetro. El césped se veía bien cortado, ya que, a diferencia del concreto del pasillo, este era su base de todo. Había árboles de todo tamaño plantados en lugares varios. Pero sobretodo, se hacía notar la gente. Había varia gente caminando por todas partes; no era mucha pero era varia. Por eso decía, que era un bonito lugar a pesar de la infraestructura. Sonrió bobamente.

-¿Qué tiene tanta gracia?-preguntó ella sonriéndole.

Él alargó la sonrisa. Agachó la cabeza y un respiró hondo.

-Nada, es solo que… es bonito el lugar-contestó mirándola directamente a los ojos.

-Me alegra que pienses eso-río-ahora vamos a las duchas chico.

Mientras la seguía, sus piernas se fueron reencontrando conforme a las condiciones. Cada vez se sentía menos pesado y más seguro de todo. Llegaron hasta una choza bastante pequeña.

-Es la única que tenemos, pero pues nadie la está usando en este momento.-le entregó a Kaled un bulto de ropa- Toma, vístete con esto y después de que te duches Nicole te estará esperando aquí.

-¿Nicole?

-Sí, la única chica que estará aquí afuera esperándote.

-Vaya…-dijo él algo nervioso- eso suena bastante…

-¿Acosador? Puede ser, pero no te preocupes-decía ella mientras se alejaba del lugar- no hay luz ahí adentro, nadie te verá.

Eso es un alivio dijo para sí, en modo sarcástico. Ingresó al lugar bastante temeroso pero a la vez ansioso por darse una ducha. La verdad, si apestaba. Bastante. Se rascó la nariz e inhalo profundamente. La habitación estaba en parciales penumbras. Pequeños rayos de luz entraban por los agujeros de la pared. Kaled levantó lentamente el hombro para empezar a quitarse la venda. Encontrando de donde tomar el vendaje, jaló de él con suavidad mientras hacía muecas de dolor. Notó que tenía mucha sangre seca alrededor de su hombro y ni hablar de la venda. Optó por palparlo pero se dio cuenta que no dolía para nada. Arrojó la venda a una esquina del oscuro cuarto. Comenzó a desvestirse lo más rápido que podía para después prender la llave de las regaderas. Otra vez su mente jugando con él; recordaba cómo usar las regaderas pero no recordaba haber prendido alguna antes. Sonrió a tal pensamiento. El agua empezaba a caer pero muy poca. El ruido que hacía molestaba a sus oídos. Dejó caer el agua encima de él mientras se inclinaba hasta topar con la pared. Sin advertencia, el mismo dolor punzante apareció en su cabeza. Realizó un gesto de dolor y golpeó con su puño la pared. Despegó la frente de la pared de madera y se llevó la mano a la cabeza. Y así como había llegado el dolor, así se fue. Sin aviso. Se dio la media vuelta y vio lo que parecía ser la silueta de una persona pero Kaled ni se inmutó. Le parecía raro, por supuesto, pero no se atemorizó.

-Hola-dijo él con una voz serena.

No respondió. Ese sí lo asustó. El no recibir respuesta. La silueta parecía estar gimiendo y vociferando sonidos débiles e inútiles. La figura empezó a caminar a paso lento y cojo hacía donde él se encontraba.

-Oye…-profería Kaled en un intento por detener a la figura.

En su caminar, pudo ver su rostro. Una imagen que lo dejó petrificado. Los diminutos rayos de sol que entraban por tales huecos en la pared iluminaron la cara del sujeto. Le faltaba un ojo, su cara (si a eso se le podía llamar cara) se encontraba putrefacta y ensangrentada. Le faltaba gran parte del labio inferior, de donde caía sangre totalmente negra. Kaled reaccionó tarde. La figura rugió ferozmente y se abalanzó contra él. En un intento desesperado y sin saber que hacer levantó las manos para protegerse y cerró los ojos para después dejarse caer contra la pared.

-¡No!-clamó Kaled con espera de misericordia.

Un silencio se hizo presente. Pasaron uno, dos, tres, cuatro segundos y no pasaba nada. Aún en el suelo, bajó los brazos y abrió lentamente los ojos. No había nada. El agua seguía cayendo en su rostro. Giró la cabeza a ambos lados para tratar de ver a la criatura que había contemplado hace unos instantes. Comprobó su respiración y estaba agitada. Tragó saliva. Me estoy volviendo loco, pensó. De momento, la puerta se abrió de golpe. Era una chica.

-Oye estás… oh, mierda-exclamó-lo siento, lo siento…-decía mientras volvía a cerrar la puerta.

Kaled ni se turbó. Seguí en la misma posición en la que se encontraba.

-Perdóname, no era mi intención- se oyó decir a la chica desde fuera.

¿En verdad se estaba volviendo loco? No soy científico, pero puedo asegurar que tengo un trastorno mental, se dijo para sí.

-¿Estás ahí?- volvió a preguntar la joven.

Tal vez no se había bañado a la perfección pero por lo menos se había quitado la suciedad de encima. Apagó las regaderas y se vistió con la ropa que le había dado Roma. Era una remera de color verde y unos jeans azules junto con lo que parecía ser unas botas. Terminó de vestirse, recogió su ropa sucia y abrió la puerta. Una chica pelirroja de estatura media y ojos marrones lo esperaba en la puerta.

-Me siento tan apenada-dijo ella en un tono nervioso-te juro que no vi nada… es decir, no digo que no hubiera nada que ver… solo digo…- ella se enrojeció.

Después de un silencio muy corto, ella cambio de tema.

-¿Qué pasó allí adentro? ¿Por qué gritaste?- preguntó ella bastante interesada.

Kaled se guardo eso. No quería decir que estaba entrando en un trance de pérdida de cordura. Bajó la mirada hacía su ropa desaseada.

-Dame eso-decía ella mientras tomaba la ropa- no la necesitarás. Iré a dejar esto en un lado y luego vuelvo. Espérame aquí.

Confuso, Kaled solo vio partir a la chica. Tal vez no recordaba nada de su vida pasada pero podía estar seguro que naturalmente era un hombre muy pocas palabras. Pasó un minuto y lo único que estaba haciendo era estar parado y viendo a la gente pasar de un lado a otro. La mayoría parecía estar trabajando en el lugar. Tomó la decisión de caminar un rato. Un sendero de césped fue lo que siguió en su caminata. Pasaba las casas improvisadas observando cada una detalladamente, como si fueran una verdadera obra de arte. Alguna que otra persona lo veía de manera extrañada, ya que, era una nueva persona. Y pues no era raro que se comportaran así, ya que, en ese pequeño recinto no había tanta gente como para no conocer a los que te rodean. Kaled solo veía los árboles frondosos y el bosque alrededor de lo que era la muralla improvisada. Camino por un tiempo recorriendo todo el lugar, donde todo era lo mismo salvo en lo que pretendían ser algunos puestos de trabajo. Un ruido lo distrajo. Gemidos y rugidos agudos se escuchaban provenir de un lugar no tan lejano. Siguió los sonidos hasta el sencillo muro. En la parte de las rejas, se veía una “persona”. Era lo mismo que Kaled había visto unos quince minutos atrás. Igual de putrefacto, con la piel decaída y ensangrentada, la criatura forcejeaba contra la reja con la esperanza de ingresar. Los alaridos de angustia crecieron al momento que la figura vio a Kaled. Hipnotizado, se dirigió hasta la criatura en paso seguro. Este ser se alarmó más y en un intento por entrar la reja comenzó a caerse poco a poco pero esto, a Kaled no le asustó. Quería ver más de cerca a la cosa. Estaba a tan solo un metro lejos de la reja, y en el instante que iba a tocarlo sintió que alguien lo jaloneo de la camiseta hacía atrás y este cayó al suelo. Sintió un dolor grande en la espalda. Miró hacía su agresor y era Erick.

-Lo sabía chico ¡Es que lo sabía!-brama el viejo haciendo gestos de enfado bastante exagerados. Después de eso, Erick clavó una daga justo en el cráneo de la criatura y esta se dejo mover muy poco después. Kaled quedó estupefacto- ¿Dónde está Nicole?-preguntó el hombre a nadie en especial.

Kaled aún tumbado en el suelo de espaldas giró la cabeza a la derecha y escupió lejos. Sintió tierra en su paladar.

-No llevas ni medio día despierto y ya te querías matar chico- mencionaba Erick dando vueltas como loco mirando a todos lados menos hacía Kaled- ¿Dónde está Nicole? ¡Nicole!-exclamaba desesperado-¡Nicole!

Kaled se levantaba poco a poco mostrando gestos de desagrado cada vez que realizaba un mínimo movimiento para completar su incorporación. Se sacudió la remera de toda la tierra que traía encima, el polvo comenzaba a dispersarse por el aire. La misma chica que Kaled conoció hace rato venía corriendo en la misma dirección en la que él entró a esa sección. Ella lo miró asustada.

-¿Qué hace este aquí?- le recriminaba Erick a la chica- O mejor dicho ¿Por qué él esta solo aquí? ¡Nadie puede estar a los alrededores!

-Lo siento yo no sabía que…

-Por supuesto que no sabías, y era tu encargo. Y no solo eso, este imbécil trataba de suicidarse.

Ella giró la cabeza hacía Kaled algo sorprendida.

-Ella no tuvo nada que ver. Si tienes problemas son conmigo. E injustamente.

Erick volvió la cabeza con una mirada fulminante dirigida hacía Kaled. Un disgusto en la cara del viejo se hizo notar.

-¿Me cuestionas? Como dije, no llevas nada aquí y te crees superior a mi ¿No es así?

-Solo digo la maldita verdad.

-¿La maldita verdad? Si mal no recuerdo, no sabes ni siquiera tu nombre ¿Cómo sabes que es la “maldita” verdad? Estúpido niño-exclamó Erick con un tono severo y cruzando los brazos.

Kaled iba a contestar. Estaba a punto de explotar de cólera, pero al parecer la chica de nombre Nicole supo lo que iba a hacer e interrumpió la discusión.

-Lo siento, señor Hinault. Fue un error gravísimo y prometo no volver a cometer. Me distraje y eso pudo costar la vida de este chico.

Erick pareció calmarse. Como antes, lanzó una última mirada de advertencia y se marcho despacio.

-Ese es Erick Hinault. Es cómo el guardián de la ley en lo poco que queda de la vida humana y le encanta intimidar a los demás. Nada que ver con su hija. Me parece que…

Lo demás fue parloteo para Kaled. El solo estaba interesado en la criatura inmóvil que yacía recostada en la reja. ¿Eso era una persona? Y sí lo era ¿Por qué Erick la mató sin misericordia si era el protector de la “ley”? Todo se mezclo. ¿Qué estaba pasando? ¿De qué se perdió mientras estaba dormido? No entendía nada. Y nadie le explicaba nada. Parecía que todos habían asimilado que el entendería todo una vez que se despertara.

-Oye, oye…-decía Nicole tratando de despertar a Kaled.

Su respuesta solo fue volver la cabeza hacía ella.

-Te agradezco que me hayas defendido pero no es necesario. Todos estamos acostumbrados a esto. SI quieres vivir aquí tienes que seguir las reglas. Mejor dicho, si quieres seguir vivo tendrás que seguir las reglas.

Kaled se resignó a guardar silencio y solo asintió.

-Para comenzar con el pie derecho, mi nombre es Nicole ¿Y el tuyo?

-Mi nombre es Kaled-lo dijo con mucho orgullo, ya que, era lo único que recordaba hasta el momento.

-Te mostraré el lugar y a algunas personas, te diré las reglas y en lo que trabajarás por el resto de lo que queda de tu vida-mencionaba Nicole mientras sonreía forzadamente.

Ella dio la media vuelta y comenzó a caminar. Él solo la siguió en un modo muy sigiloso. A cada lugar que pasaban Nicole le presentaba nuevas personas y a modo de sonrisa saludaba a todos. No parecía captar ningún nombre. Todo le daba igual y le decía donde estaba cada lugar, la verdad, lugares que a él no le importaban. Solo captó su atención un lugar muy grande. Fabricado con el mismo material que las otras casas pero más grande y mejor hecho. Se detuvo justo enfrente de la infraestructura y Nicole se percató que este lugar llamó su atención; se paró al lado de él y sin voltearse a ver comenzaron a hablar.

-Aquí viven los jefes- comentó ella-Los organizadores, los que deciden que hacer y qué no hacer. Los que nos mantienen con vida en este mundo.

-¿En este mundo?- preguntó Kaled algo conmocionado. ¿Qué había de malo en “este mundo”?

-Sí, el mundo en el que vivimos.

Kaled la volteó a ver. No captó nada en esa frase. Ella notó el movimiento y también lo volteó a ver. Con la mirada, él le transmitió que no entendió nada.

-No recuerdo nada. Hasta hace una hora apenas se mi nombre.

-¿Qué de que…? ¿Por…?- no lograba articular alguna pregunta.

-No sé, te digo que no recuerdo nada- entendió perfectamente lo que ella quería decir. Antes de que ella empezara a hablar otra pregunta surgió en su cabeza- ¿Por qué Erick hizo eso? ¿Por qué mató a esa… persona?

-Precisamente por lo contrario… porque no era una persona.

Kaled se perdió. No entendió lo que quería decir.

-¿Qué?

-No era una persona-volvió a decir ella-era un errante. Un muerto.

-¿Un… muerto?

Ella se aclaró la garganta y comenzó a hablar.

-Si dices que perdiste la memoria, no debes recordar nada. Nuestra gente los llamamos errantes, les tememos pero sabemos cómo enfrentarnos a ellos. Todo esto comenzó hace siete meses más o menos. No recuerdo muy bien, ya no llevamos calendario. Solo conocemos día y noche. Empezaron como ataques terroristas o caníbales, pero la gente pensaba que el gobierno lo solucionaría. Todo lo contrario. Esto empeoró y mucha gente moría por estas infecciones. Las cosas empeoraron y pusieron cuarentenas en las más grandes ciudades. Nada evitaba eso. Absolutamente nada. No había métodos para contrarrestar a estos errantes y poco a poco fueron incrementando en número que ya ni siquiera podían contenerlos. Eran personas, pero ahora solo son monstruos. Este lugar lo fundaron ellos-hizo un ademán con la cabeza señalando la residencia de enfrente- hace bastante tiempo y fue llegando gente que se encontraba con este lugar. Crearon una sociedad de sobrevivientes y ahora es lo que es ahora. Tratamos de vivir lo más cómodamente posible pero pues, ya no es lo mismo.

Kaled no entendía nada. Probablemente hace un mes, con su memoria, captaría todo. Era demasiado que asimilar. Podría entender conceptos de su vida pasada pero no entendía ningún concepto de supervivencia.

-Nos encontramos entre muertos-concluyó Nicole.

Capitulo III: Nos Convertimos En Lo Que HicimosEditar

En la mañana se despertó de golpe. Alguien estaba tocando la puerta, pero a Kaled le daba tanta flojera levantarse. Si apenas podía mantener sus parpados abiertos.

-Isma… Isma- le susurraba a Ismael que estaba en su misma litera pero en la parte de arriba- Isma… ¡Isma!

-¿Qué quieres?- le dijo con un tono cansado- Estaba durmiendo muy bien.

-Alguien llama a la puerta- Kaled le replicó.

-Que siga llamando, estamos durmiendo- contestó Ismael con el mismo tono de cansancio.

-Me debes un favor ¿Te acuerdas de la vez que terminé por hacerte tu tarea cuando yo ni curso para esa profesión? Pues te cobro ese favor. Hazme el favor de abrir esa puerta porque no dejan de tocar y así menos dormiremos.

-Qué clase de tontería es esa, cobrar un favor abriendo una puerta. Bueno, va- terminó de decir Ismael.

Ismael se levantó de la cama y dio un ligero salto para bajar de la litera. Se puso una camisa que encontró por ahí. Kaled creyó que era la suya, pero le resto importancia a eso. Abrió la puerta y…

-¿Pero qué cara…?

Una persona entró y se abalanzó contra Ismael antes de que este pudiera terminar de decir una palabra. Desde su perspectiva todo era raro. Ismael forcejeaba y gritaba. Se levanté de la cama para ayudarlo pero cuando vio más de cerca a esa persona… le dio asco. Estaba podrido. Olía a podrido. Ensangrentado por todos lados y le faltaba un brazo. Una de las manos de esa cosa terminó por ser incrustada en el hombro de Ismael y en ese momento reaccionó. Kaled se avalanzó en contra de esa cosa y la retiró de encima de Ismael. La golpeó en la cara, una, dos, tres… hasta que dejo de moverse. Toda su mano estaba llena de sangre. Se sentía pésimo ¿Mató a una persona? ¿A una persona? Solo estaba mirando el puño y la cara del sujeto. Inmediatamente vomitó.

Otra de esas cosas ingresó por la puerta y fue directo hacía él. Cuando reaccionó fue tarde. Se echo encima de mí y cuando trataba de quitárselo abrió la boca y de ella salió un líquido desagradable y putrefacto. La figura intentaba morderlo. De repente un perchero atravesó el pecho de esa cosa, pero ni se inmutó.

-¡No le pasó nada!- grito Ismael mientras trataba de sacar el perchero.

-¡Inténtalo de nuevo!- le gritó con un tremendo temor.

-¡Está atorado! No puedo sacarlo, me duele mucho el brazo- me dijo él.

Los brazos de Kaled estaban forcejeando con los de la criatura, uno con otro mientras que Ismael trataba de sacar el perchero. Por más irónico que suene, uno de los brazos de la cosa se fue rompiendo poco a poco viéndose el hueso salir por la piel, rasgándola por completo y aún así, la cosa seguía con ausencia de dolor o sufrimiento. El brazo se rompió completamente y esta criatura terminó cayendo encima de él. Lo tenía tan cerca y con un golpe en la cara lo logró mover y de la nada una madera atravesó el cráneo del sujeto. Kaled se quedé impactado.

-Tenemos que irnos chicos- dijo Abba mientras sacaba la madera de la cabeza de la cosa.

-¿Pero qué pasa?- preguntó Ismael cubriéndose el hombro.

-Solo vayámonos ¿Quieren?- dijo Abba intranquilamente.

Despertó. Sus ojos parecían que llevasen despiertos todo el día. Una pesadilla, pensó, ¿O era uno de mis recuerdos suprimidos? A diferencia de la anterior pesadilla, Kaled recordaba todo lo sucedido en esta. ¿Quién era Abba? ¿Quién era Ismael? Si existían esas personas, tendría la oportunidad de ir y preguntarles quién era, pero ahora lo malo, es que también deberían de estar vivas. Se incorporó lentamente de la cama hasta quedar sentado al borde de la litera. Se paso duramente las manos por la cara. Se sentía perdido. Se levantó sin más y vio la ventana. No podían ser más de las cinco de la mañana ya que muy a lo lejos se veía saliendo el sol. Salió fuera y con cuidado, cerró la puerta detrás suya. Se sentó en las escaleras de madera que estaban en el pórtico fuera de su casa improvisada y  que daban  al camino de césped que ya había seguido antes. Solo estaba mirando al sol, mientras salía. Solo podía pensar en su sueño. Si era verdad, era lo único que tenía en sus memorias. Estaba seguro que él tenía que haber rematado a esos errantes para seguir vivo, sino ¿Por qué seguía vivo? Pero, no quería seguir pensando sobre eso. Caníbales era un perfecto adjetivo. Sin darse cuenta se estaba comiendo las uñas de angustia. Una puerta se escuchó y esto provocó que Kaled girara la cabeza hacia donde se produjo el sonido. Era Roma que iba saliendo de su también casa repentina.

-Hola-se escuchó su voz mientras se acercaba.

Ella venía prácticamente toda rosa: Una blusa y unos shorts cortos. Con el cabello suelto y se notaban sus ojos bastantes caídos. Se sentó justamente a un lado de él.

-¿Por qué confiaron en mí?-preguntó él.

-¿De qué hablas?

Un silencio perduro en su cabeza. Kaled se había preguntado lo mismo antes de dormir. Roma había sido tan buena persona pero ¿Cómo había confiado en él tan fácil?

-No entiendo nada. No sé nada y bien podría ser un asesino. Estoy perdido. No sabré mucho pero estoy seguro que no se puede confiar en una persona así.

-Porque ellos confían en mí y yo confío en ti- respondió Roma poniendo su mano en la espalda de Kaled.

-No entiendo aún. No sé porque confías en mí. No me conoces- retiró la mano de Roma y se levantó- No confío ni si quiera en mi.

Un sosiego perduro en el aire. Roma se levantó.

-Confío en ti, lo sé-dijo Roma y se fue caminando hacía su casa- repórtate con Joshua en su casa. A partir de ahora harás lo que el diga-dijo ella para concluir.

La vio entrar a su casa. Se sintió avergonzado. Luego se dio cuenta de algo.

-Carajo ¿Quién es Joshua?

-Yo soy Joshua y a partir de ahora, harás todo lo que yo te diga- dijo un muchacho.

Joshua era un joven corpulento que no pasaba de los treinta años, parecía todo un atleta. Rubio y de ojos marrones, con una voz autoritaria pero parecía bastante bromista.

-Soy jefe de los cazadores. Salimos una vez por semana pero duramos dos noches fuera y como nuestro nombre lo dice, cazamos. En este mundo ya no puedes vivir de la comida enlatada. Tenemos reglas bastante estrictas, si las desobedeces pues… vaya lío que te llevarás. Ven- decía mientras envolvía los hombros de Kaled con su brazo derecho- somos un equipo más que nada, por lo que te presentaré a tus compañeros. El es Philip-señalo a un hombre de aproximadamente cuarenta años, de pelo castaño claro y ojos cafés- por lo que oí este hombre te salvó la vida. Este de acá-apuntó a un hombre de piel morena, tenía ojos color miel y una barba pronunciada peor no muy notoria- es Gael y este otro- señaló a un hombre muy parecido en su aspecto, solo que este era de piel más clara y de ojos cafés- es su hermano Francisco, son los Rodríguez.

-¿Son mexicanos?-preguntó Kaled de la nada.

Los dos hermanos se voltearon a ver con una mirada bastante asustada. Ambos le regresaron la mirada a Kaled bastante molestos.

-¿Crees que por nuestra apariencia y por nuestros nombres, somos mexicanos?- preguntaba Gael en un tono amenazador.

-Lo siento yo no… yo no quería decir que…

-Ah ¡Es una broma!- decía Francisco y todos se echaron a reír- Claro que somos mexicanos-decía entre risas.

Kaled forzó una sonrisa. Las carcajadas se fueron apagando poco a poco hasta quedar en silencio.

-Y bien chico ¿Sabes disparar un arma?- preguntó Joshua. 

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