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La supervivencia se obtiene con la unión

Entrelazando y compartiendo

La compañía que disponemos y queremos

La unión es el mejor recurso

Para vivir en este mundo

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Parte 1: ComunidadEditar

    Ya habían pasado dos días desde que mi mama me había contado su historia, por fin había terminado de acomodarme, la gente que estaba en el hospital ya casi la sentía como mi familia, todas las personas eran buenas, solamente los padres de Clarissa, que por cierto se llamaban Alicia y Matías que me miraban con cara de pocos amigos, eso tal vez se debía a que yo no le paraba de sonreír a su hija y ella a mí tampoco.

  Valentín, que parecía ser el segundo al mando, me explicó que en el grupo todos tenían una “tarea” por así decirlo, ya que eso la hacía más organizado todo, nadie estaba haciendo nada, todos contribuían con lo que podían. Una de las buenas cosas que tenía el hospital, era que tenía su propio generador, que servía para prender todas las luces y algunas que otras cosas, lo que en estos momentos era lo mejor del mundo. La comida era mucha, la guardaban en las despensas del comedor, a nadie se le permitía tocarla, excepto a las mujeres que habían sido designadas cocineras, y aunque no había ningún sentido en robar la comida en ese lugar, siempre se estaba atento con la comida.

   Valentín me dijo que las tareas se dividían por grupos, los de la comida se llamaban “Buscadores” ya que encontrar comida era casi imposible, había que tener buen ojo, de hecho Valentín me dijo que el pertenecía a ese grupo. Había un pequeño grupo que se llamaba los “Nafteros” que servían para conseguir combustible de las estaciones de servicio o de los autos en las calles. Después estaban los “Acuíferos” que lo que hacen, ya dicho por el nombre, es buscar agua y principalmente bajo la tierra, cavaban un poso profundo en la tierra y sacaban el agua, era un trabajo solo para los más fuertes de cuerpo, pero no necesariamente de mente, por esa razón me resulto gracioso que Lucas estuviese ahí, era un trabajo perfecto para él. Después estaban los defensores, que eran un grupo que solo usaban armas de largo alcance, y que ayudaban a defender a todos los grupos y al territorio delimitado por las cercas del hospital. En ese grupo estaba Manuel y Nicolas, aunque por lo que vi estos días, Nico se entretiene matando a esas cosas con su puñal, me había contado que le había heredado de su abuelo si no me equivoco, y que usarlo para matar a esas cosas era la forma en la que el “veneraba” a su abuelo, y Manuel tenía dos armas, un arco y flecha y una espada, eran las armas más “raras” hasta ahora que había visto en el apocalipsis, aunque a él le resultaba bastante bien, a todas esas cosas les daba en el medio de la cabeza con las flechas y con la espada podía decapitar a una de esas cosas con una rapidez impresionante, me dejo agarrar su espada, era muy pesada, ni siquiera pude levantarla un metro, quedé como un ridículo, pero que se le iba a hacer, perdí mucho tiempo de ejercicio, y tenía que recuperarlo. Y el resto de la gente hacía cosas diferentes, como cuidar a los chiquitos, hacer el inventario, cocinar, limpiar, y hasta también había unos dos o tres médicos, que seguro servían de mucho. Valentín me dijo también que tenía que elegir entre alguno de esos grupos, y que fuese rápido con la decisión, lo pensé un poco, la verdad es que no sabía decidirme entre ser Buscador o Defensor. Le pregunté a mi mama y ella dijo que su tarea era cuidar y enseñar a los chicos chiquitos, eso quiere decir que no salía en ningún momento del hospital, eso me dejaba más tranquilo. Me termine decidiendo por Defensor, Valentín me llevo con el grupo y todos me recibieron bien ya que de echo de las treinta y cinco personas que somos en total, solo ocho son Defensores, después nueve se reparten las tareas menores, cinco son Acuíferos y siete Buscadores, se necesitaba más gente, ya que además cuatro de los Defensores se quedaban defendiendo cada esquina del muro, eso solo dejaba a cuatro para proteger en las búsquedas, yo iba a ser uno de esos cuatro.

Martín me dio la primer “misión” en menos de una hora, teníamos que ir con los Buscadores a un supermercado a unos cuatro kilómetros del hospital, íbamos a ir en una camioneta de mercadería. Nos reunimos los que teníamos que ir en las puertas principales del hospital, estaban Manuel, Alec y yo como Defensores y de los Buscadores estaban Valentín, Lara y dos personas que no recordaba llamadas Ezequiel y Rocío.  Pero faltaban Nicolás y Michelle así que fui a buscarlos, primero fui a la habitación de Michelle, estaba vacía, después fui a la habitación de Nicolás y lo vi a él… con Michelle… y digamos que se habían puesto un poco… o demasiado “cariñosos”, con la misma lentitud que abrí la puerta la cerré y creo que ni se dieron cuenta que yo había entrado, bueno, quien los culparía, estaban demasiado ocupados. Fui con el resto en la entrada y solo les dije que no iban a venir, Valentín quiso ir a buscarlos pero yo le dije que no sería buena idea, el lo acepto con un poco de fastidio y nos dio la orden para salir. Todos nos subimos al camión, Valentín conducía mientras que Ezequiel iba en el asiento del acompañante, el resto fuimos en la parte de carga de la camioneta. Hacía frio así que todos estábamos abrigados, la mayoría con guantes, yo no podía usarlos ya que me resultaban incomodos para usar las cuchillas, el día anterior lo había intentado y no resultó muy bien. Mientras viajábamos hablamos un poco:

-Al menos el frío tiene algo de bueno- dijo Ezequiel frotándose las manos con guantes entre sí- los hace a todos más lentos hasta los Corredores van lento.

-¿Corredores?- Pregunté yo señalando a una de esas cosas que estaba tirada en el piso apoyada sobre un muro- ¿te refieres a esas cosas?

-No, esos son Pasivos- dijo Ezequiel con impaciencia- los Corredores son los que corren idiota, ya por sí mismo lo dice el nombre.

-Pero es que no entiendo… ¿¿diferencian a esas cosas??- pregunté yo con curiosidad- ¿Cómo lo hacen?

-Las diferenciamos por el comportamiento- dijo Ezequiel con superioridad- hay algunos como el que viste recién que ni siquiera se levantan cuando pasas a unos cinco metros, solo cuando uno pasa demasiado cerca ya que por lo general comieron hace poco o sino porque les faltan las piernas, los llamamos Pasivos.- Mientras él explicaba yo  le prestaba mucha atención- después están los Caminantes, que se mueven pero de forma normal o lenta, y por último están los Corredores, son como los caminantes pero los hijos de puta corren y bastante rápido, pero eso no sucede ahora, ya que el frío los hace más lentos y eso nos da la ventaja. También si no tenés ganas de pensar el nombre en específico de cada clase, les podes decir para generalizar Mordedores.

-Bueno, es mejor saberlo, así no tengo que decirles “esas cosas” nunca más, era un nombre demasiado largo.

Llegamos al supermercado, era uno bastante grande, uno de los que tenía casi todo lo que quisieras, estacionamos la camioneta en frente de la puerta principal, que estaba abierta, y todos bajamos de la camioneta. El plan era que nosotros los tres Defensores defendiésemos en una especie de “triangulo” a los cuatro Buscadores, Manuel, Alec y yo sacamos nuestras armas lista para ser usadas, y entramos todos al supermercado, estaba oscuro adentro, solo iluminaban unas pocas luces de tubo que titilaban, eso siempre fue molesto, me acuerdo que en las películas de terror siempre las luces eran de tubo y no estaban apagadas, siempre titilaban. Pero Valentín ya se había adelantado y nos dio a todos una linterna. Nos adentramos más en el supermercado, se escuchaban gemidos de mordedores, pero no los veíamos, pasamos por las cajas registradoras para poder ir más adentro y ahí pudimos ver, vimos que a la distancia, al final de los pasillos que teníamos de frente había unos caminantes. Todos tratamos de no hacer ruido ya que ahí era la parte de tecnología, no nos servía ir hasta allá para solamente matarlos. Rodeamos esa parte, teníamos tan mala suerte que la parte de comidas estaba hasta el final del supermercado, así que fuimos hasta ahí, sin antes matar a unos treinta caminantes aproximadamente, Manuel usó su arco y flecha, lo curioso era que el hacía algo muy inteligente, les disparaba solo a los que se nos ponían en el camino y solo en la cabeza, pero después cuando pasábamos cerca del mordedor, le pisaba la cabeza y le arrancaba la flecha, yo mientras tanto les rebanaba la cabeza con las cuchillas, eran bastantes practicas ya que los tejidos de la piel de los mordedores gracias a la descomposición eran más fáciles de cortar. Alec usaba una hacha que parecía algo pesada, ya que necesitaba un poco de “envión” para poder usarla. Aunque un poco cansados, llegamos hasta la parte de comidas, por suerte valió la pena ya que las estanterías estaban bastantes llenas, los cuatro Buscadores agarraron un carrito cada uno que habían encontrado en el pasillo y empezaron a llenarlo, una de las cosas que había que fijarse siendo Buscador, según yo entendí, era fijarse en agarrar principalmente conservas, latas, fideos y todo lo que tuviese fecha de vencimiento de tiempo prolongado, como por ejemplo leches de larga vida, Lara encontró como unas tres cajas de doce unidades y las cargo al carrito, mientras tanto Manuel, Alec y yo matábamos mordedores, se sentía bien saber al menos que gracias a nosotros ellos podían hacer eso. Fuimos moviéndonos de pasillo en pasillo, de góndola en góndola, hasta que el último carrito se llenó, después fuimos hacía la salida, matando a unos veinte mordedores más, y logramos salir, todos empezamos a cargar las cosas en la parte trasera de la camioneta, y cuando estábamos terminando de cargar todo, nos agarró por desprevenidos un caminante y atacó a Ezequiel, y lo mordió en el brazo, todos hicimos un grito ahogado casi con sincronía, al mismo tiempo que Ezequiel gritaba con un alarido de dolor. Acto seguido saqué una de las cuchillas de la funda, me la puse en la mano y le rebané la cabeza a la mitad al mordedor. Ezequiel se tiró al piso, gimoteando y retorciéndose de dolor, mientras una cantidad gigante de sangre le caía por la parte mordida

-Mierda mierda mierda, ¿Qué vamos a hacer ahora?- preguntó Alec con desesperación- ¿¡Valentín?! , ¿¡que vamos a hacer?!

Valentín fue rápido hacia Ezequiel y le dijo algo al oído, nadie oyó nada ya que nadie hizo ningún comentario, Valentín nos dijo que cargásemos lo que faltaba rápido y todos asentimos, todos nos dimos la vuelta para cargar las cosas y en ese preciso momento Valentín le pidió a Alec su hacha y le rebanó el brazo a Ezequiel, y le quedó solo una corta parte del brazo, todos lo miramos con cara de asombro, pero el solo nos dijo que subiésemos a la camioneta, se arrancó un pedazo de su camisa y nos dijo que le presionásemos para que no se desangrara, todos subimos al camión, en el camino Ezequiel se desmalló y le dijimos a Valentín que fuese más rápido, llegamos a el hospital en menos de tres minutos creo yo, fue un tiempo record, los guardias del portón abrieron el portón lo más rápido que pudieron, estacionó con un derrape la camioneta justo en frente de la puerta central del hospital:

-Manu, deciles a Ailen y a Marcos que preparen todo- dijo Valentín con rapidez-que tenemos un herido y bastante mal

-Sí, no hay problema – dijo apurado Manuel- seguro deben estar en el comedor- dijo él, aunque después dijo algo y no se le entendió ya que ya había cruzado las puertas del hospital corriendo.

-Bien, Facundo, necesito que me ayudes a llevar a Ezequiel hasta la sala que usamos como lugar para atender a los heridos- dijo Valentín con un tono casi como un general dándolo órdenes a un cabo- no está muy lejos de la entrada, va a ser fácil.


Yo asentí con la cabeza y los dos lo agarramos a Ezequiel, Valentín por las piernas y yo por el pecho, abrí las puertas con la espalda y fuimos hasta la sexta puerta del primer pasillo, no había nadie pero Valentín me dijo que lo pusiésemos sobre una camilla y es menos de cinco segundos aparecieron dos personas con Manu atrás, un hombre y una mujer, supongo que eran los médicos del grupo, Valentín les explicó lo sucedido y ellos nos dijeron a todos que saliéramos de la habitación, mientras ellos se preparaban.

Parte 2 Juzgar. Amar. Matar.Editar

Todos hicimos caso y salimos de la habitación, nadie replicó, se notaba que Manu y Valentín sabían que Ailen y Marcos sabían hacer bien su trabajo, al menos eso era lo que decía su cara de confiados en ellos. Todos nos sentamos en las sillas del pasillo que estaban al frente de la sala, esperamos en silencio, y esperando que ese silencio se matara cuando alguno de los medico salga de la habitación, pero pasaron unos minutos hasta que se rompió el silencio, no eran ninguno de los dos médicos, era Nicolás, que venía desde del pasillo abrochándose el último botón del jean:

-¡Bueno! –dijo con un tono de alegría estirándose- ¿ya salimos para el supermercado?.

Todos nos dimos la vuelta para mirarlo, no pude ver las caras de Valentine y Manu, pero los tres seguro lo estábamos mirando con odio.

-Llegaste un poco tarde- dijo Manu enojado- ya salimos y volvimos, y no del todo bien.

-pero ¿qué pasó? – dijo Nico preocupado- ¿alguien está muerto? Porque veo que sus caras no son felices

-No, no se murió nadie- dijo Valentín – pero tenemos un herido, Ezequiel, lo mordieron, y le tuvimos que cortar el brazo, lo estás viendo Ailen y Marcos, esperemos que puedan actuar rápido.

-Bueno, a eso se le llama tener mala suerte- dijo Nico riendo- ¿quieren que me quede acá con ustedes?

-No, de hecho ya nos íbamos, -dijo Valentín- Manu, Nico, descarguen la camioneta, yo voy a ir a hablar con Martín, Facundo hasta nuevo aviso, tiempo libre, ¿si?

Todos asentimos con la cabeza y nos dividimos, me interne en el hospital hasta el segundo pasillo, que llevaba al comedor, me encontré con Michelle que me preguntó dónde estaba Nico, le dije que estaba afuera, ayudando a descargar las cosas de la camioneta, la verdad no tenía ganas de contarle lo de Ezequiel. Pase por todo el comedor y llegué al tercer pasillo, donde estaba la habitación de mi familia, y ahí estaban mi mama y mis hermanos, mi hermana estaba jugando con mi hermano mientras mi mama dormía. Abracé a mis hermanos y agarré en brazos a Leandro, desperté a mi mama con un beso en la frente y ella se despertó, le conté lo que había pasado, me dijo que Ezequiel era una muy buena persona, que fue una de las primeras en el grupo y que esperaba que se pusiese bien, aunque al menos se puso feliz sabiendo que habíamos conseguido mucha comida, termine de hablar con mi mama y me puse a jugar con mis hermanos justo cuando llegó Valentín y tocó la puerta de la habitación pidiéndome que vaya, lo putee entre dientes, le dije a mi familia que volvería rápido y me fui por la puerta. Valentín estaba con cara de preocupado, más que de costumbre, me dijo que Ailen y Marcos hicieron todo lo posible, que le lograron vendar perfectamente la herida pero que Ezequiel todavía no despertaba de ninguna de las dos formas posibles, y me pidió opinión al respecto:

-Mira, sé que no sabrás mucho de esto- me dijo Valentín- pero como eras parte del grupo de búsqueda, tenés que elegir, no solo vos, el resto del grupo también, Manuel, Roció, Alec y Lara. Te estábamos esperando, es a votación, y hay tres opciones, dejarlo como está, matarlo o encadenarlo.

-Bien, no hay ningún problema- dije yo- ¿Nicolás y Michelle no van a votar?.

-No. Ellos aunque hubiesen sido designados a la misión no fueron, por eso no votan. A las personas que no cumplen las misiones como deben los “castigamos” dándoles durante algunos días más misiones. Vamos al comedor, el resto ya está ahí.

Fui con Valentín hacia el comedor que se conectaba directamente hacia el comedor. Llegamos y todos estaban discutiendo con todos, entre los gritos y más gritos no entendía muy bien lo que decían, pero por las pocas partes que entendía sé que discutían sobre qué hacer con Ezequiel. Valentín callo a todos con un golpe de puño en una mesa

-¡Ey! , ¿¡Pueden dejar de discutir!? ¡La puta madre!- dijo muy enojado Valentín- ¡Para esto es la votación!, ahora todos dejen de comportarse como unos pelotudos y hablemos de forma civilizada.

Todos hicimos caso y nos sentamos en la mesa, éramos seis personas, y el voto era “secreto” todos le dábamos un papel a Valentín diciendo en que estábamos a favor, fue rápido, Valentín mezcló los votos para que nadie supiese de quien era el papel de quien y los contó. Ganó encadenar a Ezequiel por cuatro votos, dejarlo como estaba tuvo dos votos y nadie votó en matarlo.

-No puedo creer que vayamos a hacer esto.-dijo Rocío tapándose la cara con las manos, como si fuese a llorar-

-Lo siento Rocío- dijo Valentín- pero así son las reglas.

-Ya sé que así es como son- dijo roció con un tono triste en la voz- pero siento que es malo, siento que al encadenarlo lo estamos tratando como un animal.

-A mí tampoco me resulta fácil- dijo Valentín con un tono duro- pero tenemos que hacerlo

Valentín nos dijo que podíamos irnos excepto a Manuel y a mí que nos pidió que lo acompañáramos a la habitación en donde estaba Ezequiel. Primero fuimos afuera al portón de la cerca y Valentín le pidió unas esposas a un señor canoso, bastante robusto, que tenía una voz muy grave, según escuche se llamaba Diego, el hombre se las dio preguntando para que las necesitaba y Valentín le contó todo sin dudarlo, las otras personas que estaban ahí escucharon y algunas se sorprendieron, pero nadie dijo nada. Fuimos hasta la habitación y solo estaba Ezequiel en la camilla, acostado parecía dormido, el único movimiento que hacía era el de su pecho al respirar y lo hacía muy lentamente. Valentín le agarró el brazo que aún tenía y se lo encadeno a uno de los tubos de la estufa que no funcionaba que estaba al lado de la cama, la llave de las esposas se la quedó él, nos dijo que teníamos que hacer guardia, turnándonos uno por uno, para que si despertaba, vivo o no vivo hiciésemos lo que se tenía que hacer. A mí me tocó la guardia de tres a cuatro de la mañana, había pocos relojes en todo el grupo, solo cuatro, aunque solo iban a usar uno que era de mano, que pertenecía a Martín, la idea era que el que hacía guardia controlase la hora, y que luego fuese a llamar al que le seguía y este le daba el reloj al del próximo turno, Alec era el anterior a mí y Nicolás el que seguía después. El resto de los relojes eran dos de los grandes, uno estaba en el comedor y otro en la puerta principal y el otro que era de mano que tenía Valentín.

La noche era fría esos días, ya que no había calefacción  eléctrica, había unas pocas hogueras improvisadas que servían para que adentro no estuviese igual de helado que afuera. La cena era todas las noches a las nueve p.m., con la cantidad que tenían que cocinar las cocineras se ponían a trabajar hasta dos horas antes. La cena de esa noche era fideos con manteca, aunque tuviesen que cocinar mucho, las cocineras cocinaban bastante bien, y fideos con manteca era una de mis comidas favoritas. Todos hacían una única fila, ordenada de cualquier forma, excepto que los chicos chiquitos iban primero. Cuando me dieron mi plato era bastante, seguro alcanzaba para todos, fui a sentarme con mi familia en una de las mesas, ya estaban todos ahí, me sorprendió que en la mesa ya estaban los cubiertos, vasos, y una jarra de jugo de naranja sobre la mesa, mi mama me explicó que solo era una jarra por mesa, así que la racionamos justo, todos con lo mismo. También había queso rallado, eso hacía la comida todavía más rica. Durante la comida mi mama me contó que la comida estaba muy bien administrada, que se contaba cuantos días duraría y también las fechas de vencimiento de cada cosa, todo para que pudiese comerse lo mejor que se pudiese. Terminamos de cenar y había que llevar los platos a las cocineras, aunque ellas no salieran a matar mordedores, eso era un trabajo bastante difícil, siempre había odiado cocinar o lavar, y había que felicitar a esas señoras, noté que una de las personas que lavaban los platos era Clarissa,  quien me dio una gran sonrisa, no sé porque lo dije, pero le pregunte si necesitaba ayuda, ella hizo una risa corta y me dijo que no, que ella estaba bien ya que tenía ayuda de dos chicas mas. Antes de que me fuera de donde estaba ella, me dio un beso en la mejilla, y no dijo nada, yo me sonroje como un estúpido y tampoco dije nada. Me fui de donde estaba ella y me encontré con mi mama y mis hermanos, ella me miraba fijamente, como si me quisiese estar diciendo algo solo con la mirada luego dijo “tienes un buen ojo, créeme, ella es una buena chica” largue una sonrisa casi como una pequeña risa, trate de decirle que no era verdad lo que insinuaba pero no valía la pena, mi mama era muy testaruda, y siempre pensaba que tenía razón

Fui hasta la habitación de mi familia y me quedé con ellos antes de que se durmiesen, después cuando todos se durmieron, volví a el comedor para ver la hora, eran ya las once y media de la noche, me quedaban solo tres horas y media, aunque ni siquiera sabía si iba a poder seguir durmiendo después de mi turno. Justo cuando estaba a punto de volver al pasillo que llevaba a mi habitación, cuando vi que Clarissa estaba sola en la gran mesada con un montón de platos, vasos, jarras y cubiertos que ella estaba secando, ella estaba de espaldas, me acerqué a ella y le toqué el hombro, ella se dio cuenta que era yo y me dio una gran sonrisa de respuesta

-¿Porque estás secando todo esto vos sola?- pregunté yo mirándola a los ojos-.

-Porque nos turnamos los secados- me respondió ella-.

- Debe ser lo peor del mundo hacer esto vos sola- dije yo- ahora si vas a necesitar mi ayuda

Me acerqué a ella y empecé a secar unos cubiertos con un trapo que antes parecía ser una remera

-Gracias, tenés razón, es un aburrimiento total- dijo ella con un tono de frustrada y cansada- lo tengo que hacer una vez cada semana.

-No hay problema- dije yo- al menos espero que termines más rápido con mi ayuda, y que sea un poco menos aburrido.

-¡Obvio que si!- me dijo ella entusiasmada- es aburrido estar sola, y con vos es mejor que con nadie.

Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa. Converse con ella mientras secábamos sobre antes del apocalipsis.

-Yo Antes vivía en Tigre- me dijo ella- en un departamento de diez pisos en el centro de la ciudad, iba a un instituto privado, mi familia antes de esto no era muy necesaria de plata por así decirlo. El primer día que todo empezó mordedores entraron a mi casa, y atacaron a mi cocinera- dijo ella con un tono de voz como evitando llorar- yo la quería mucho. Mi papa tenía un arma escondida en su habitación y logró matarlo. Fuimos hasta la capital porque decían que era seguro… mintieron, para los mordedores éramos presa fácil, era como si pusieses cientos de venados encerrados en una habitación y después metieses leones dentro. Huimos cuando tuvimos la oportunidad y el auto se nos rompió acá en San Isidro, nos rodeó un grupo de unos veinte mordedores, no íbamos a lograrlo, y llegó este grupo, nos salvó y nos dio un refugio y comida.

Yo le conté todo lo que me había pasado a mí y a mi familia, ella me presto bastante atención, tanto como yo se la había prestado a ella. Terminamos de secar y de acomodar los platos, mire el reloj, ya eran las doce y cuarto de la noche.

-Gracias – me dijo ella-.

-¿por los platos?-respondí yo- no hay proble…

-No, no por los platos- dijo ella interrumpiéndome- aunque también gracias por eso, no quiero agradecerte por eso.

-¿Entonces porque?

-Por escucharme, por ser buena persona- dijo ella entusiasmada- mi padre no tenía razón, no sos un idiota.

Antes de que pudiese responder, ella se acercó y me besó en la boca, yo no le opuse resistencia, acerque su cuerpo contra el mío agarrándola por la espalda ella hizo un leve gemido, sentí su suave pelo pelirrojo en mis manos. Duro bastante, y yo lo sentí como si hubiese durado poco, sentí que lo hubiese estado esperando desde el día en que nací, aunque a ella solo la conocía desde hace cuatro días. No entiendo lo que la gente dice sobre “sentís mariposas en la panza” yo sentía que todo se iba a la mierda, que nada más importaba, solo estábamos ella y yo en el mundo. Ella se separó de mi suavemente, como si quisiese seguir pero no pudiese. Sentí que tenía que decirle algo pero… no me salió nada, ella tampoco dijo nada. Yo le di mi mano y ella no la soltó hasta que llegamos a su habitación al lado de la mía, ella me despidió con otro beso en la boca, pero este fue corto. Entré a mi habitación y me acosté en mi cama improvisada que eran tres colchones finos de camillas uno encima del otro, con dos almohadas y unas finas sábanas. Seguía haciendo frio, ahora mas ya que era después de medianoche. No me saqué nada de ropa, porque hacía frío y porque cuando me llamaran no tendría tiempo a cambiarme. Me di media vuelta y a los cinco minutos me quede dormido.

Soñé que estaba en el hospital, en mí habitación, escucho unos gritos que venían del pasillo, abro la puerta de mi habitación y veo que había mordedores por todas partes, que atacaban a la gente, vi como descuartizaban a Alec, a Michelle, a Marcos y a mucha gente mas. Saco las cuchillas que tenía en el bolsillo, me las pongo en las manos, y empiezo a matar a todos los caminantes que puedo, en un momento veo a un caminante pelirrojo, no muy alto, que se estaba comiendo a Alec, el mordedor giro la cara y quedé horrorizado, era Clarissa, quien se levantó lentamente y empezó a caminar hacia mí. Pero no era como si caminase, era como si arrastrase todo su cuerpo de forma erguida. Repetí en mi cabeza millones de veces “ella no es Clarissa” pero otra parte de mi cerebro decía “pero, se parece” terminé matándola de un solo corte, en el medio del cráneo. Llore un poco, hubiese llorado durante horas, pero no tenía tiempo, fui a la habitación de mi familia y estaba vacía. Seguí moviéndome para ver si la encontraba por alguna parte del hospital, mientras, seguía matando mordedores. Vi a mucha gente conocida muerta, los papas de Clarissa, Ailen, Lucas, Rocío, y más gente que había visto y que no conocía sus nombres. Llegué a las puertas principales y era peor todavía, era una invasión de mordedores, la cerca estaba destruida, gente corría por todas partes, miles de gritos me llenaban los oídos…


Y me desperté de un sobresalto, escuché que Alec estaba tocando la puerta, me levante de la cama y fui directamente a abrir la puerta. El me dio el reloj, eran las 2:58 de la madrugada, me dio un arma, le dije gracias con un gesto de ojos y se fue. Yo me dirigí hacia la habitación en donde estaba Ezequiel, a esas horas en el hospital había un silencio casi total, lo único que se escuchaba era el sonido de mis zapatillas al pisar. Entré a la habitación y estaba como me la acordaba el día anterior, excepto que ahora había una silla al lado de la puerta, me senté en ella. El tiempo pasaba muy lento, demasiado la verdad, miraba el reloj a cada rato esperando que por lo menos fuesen y media, eran las 3:05 de la madrugada, era una mierda tener que vigilar, nada divertido pasaba. Conté cuantas baldosas habían en el piso, cuantos pelos tenía en un dedo, etc. Mire de nuevo el reloj, eran las 3:35 de la noche, “bueno, al menos desperdicie media hora” me dije a mi mismo. Trataba de no quedarme dormido, aunque era difícil, lo lograba, cabecee un par de veces pero no logré quedarme dormido. Casi en un momento instantáneo, veo que Ezequiel se mueve, me levanto medio dormido de la silla y casi de un salto voy a su lado, movió una mano, luego la otra y después los pies, tenía los ojos cerrados, estaba a punto de hablarle, y abrió los ojos, cuando vi sus ojos me di cuenta que hablarle sería inútil, sus ojos eran de color amarillo oscuro, casi color mostaza, y no mostraban ninguna expresión, su boca se abrió y trato de morderme, agarrándome con uno de sus brazos que no me había dado cuenta que estaba detrás de mí. Me corrí hacía atrás para no poder estar a su alcance. Sus palabras ahora eran gemidos que, si estuviese vivo, serían de cansancio. Quise matarlo con las cuchillas pero no podía, no era mi amigo exactamente, pero lo conocía y eso era duro. Saqué el arma que me había dado Alec y le apunte a la cabeza, saqué el seguro, puse el dedo en el gatillo y dispare. Se sintió un gran ¡PUUM! En la habitación, y sospecho que también en todo el hospital, porque en menos de un minuto llegó Martín, con Valentín a su lado, Martín me dijo en un tono seco “te felicito, hiciste lo que tenías que hacer” Valentín me miro con cara de “bien hecho” aunque yo no me sentía muy bien. Para cuando salimos ya estaba la mitad de la gente afuera de la habitación, informamos lo sucedido, pude ver muchas caras tristes y algunas hasta enojadas, Valentín les dijo a todos que mañana se haría el funeral en el cementerio, y después la gente se dispersó. Me encontré con mi mama y le pregunte sobre que quería decir Valentín con cementerio, ella me dijo que mañana lo sabría. Fui a mi habitación y me acosté en mi cama, pero no pude pegar ni siquiera un ojo en lo que quedaba de la noche, las miradas de la gente del grupo me quedó dando vueltas por la cabeza, algunas con trsiteza, otras con odio.

Parte 3: Los muertos a los que amábamosEditar

     Cuando empezó a salir el sol, empecé a escucharse ruido de conversación en el hospital, eso quería decir que ya debía de ser la hora de levantarse. Me levante de la cama, me puse una camisa a cuadros y unos jeans negros, me guardé las cuchillas cada una en un bolsillo del jean y fui directamente hacia la habitación de mi familia. Mi mama estaba vistiendo  a Leandro con una remera de manga larga y un pantalón de gimnasia negros, mientras también Maia se ponía una blusa completamente negra, sin dibujos.

-¿Qué estás haciendo así vestido?-me preguntó mi mama.

-Ya se, me queda un poco corto el jean, pero no se puede exigir mucho- dije yo sin saber muy bien de lo que mi mama me  hablaba. Yo tenía razón, el jean que llevaba puesto me dejaba desnuda la piel un poco más arriba del tobillo, suerte que tenía medias largas.

-No te estoy hablando de eso- dijo mi mama con seriedad- vamos al funeral de Ezequiel, al cementerio, por eso, todos tenemos que llevar ropa negra, u oscura.

-Bueno, pensé que era más tarde-dije yo- ya voy a cambiarme.

Salí de la habitación y fui hacia la mía, había gente caminando por los pasillos, caminando lentamente, la mayoría de negro, alguna con un azul casi tan oscuro que parecía negro. Entré en mi habitación abrí el bolso de ropa que lo tenía al lado de la cama, y me cambié. Me puse una camisa negra y una campera de gabardina negra, me dejé el jean negro. Salí de la habitación y mi familia ya me estaba esperando. Fuimos al comedor, y acompañamos a la gente que ya estaba ahí, primero todos nos reuníamos en el comedor y después todos juntos íbamos al cementerio. Le pregunte a mi mama donde quedaba el cementerio y ella me dijo que esperara y que ya lo vería. Llegó la última persona y Martín dio la orden de salir. Todas las personas salimos lentamente del hospital, la gente solo murmuraba, no escuché a nadie levantar la vos más que eso. Pensé que saldríamos por la puerta principal hacia afuera, pero en realidad, fuimos hacia atrás del hospital. El hospital era un edificio alto y grande, de unos tres pisos, todo pintado de gris y blanco. Lo rodeamos y fuimos hasta la parte de atrás, en el transcurso de eso le pregunte a mi mama porque no salir por la puerta de atrás, ella me dijo que esa zona no era segura, que habían encerrado mordedores ahí ya que no necesitaban esa área. Al llegar al patio de la parte trasera del hospital quedé sorprendido, habían construido un cementerio, se veían perfectamente alineadas unas veinte o veinticinco montículos de tierra, con una cruz improvisada con madera en el frente de cada montículo. En cada cruz estaba tallado el nombre de la persona fallecida, leí los nombres Ariel, Candelaria, Joaquín y muchos más. Todos hicieron un círculo alrededor de una caja rectangular de madera,  en frente, tenía una cruz de madera delicadamente tallada con el nombre “Ezequiel” y abajo del nombre tenía escrito “1992~2013” entonces, él tenía veintiún años. Martín se paró sobre un cajón de madera para poder hablar mejor, junto a él estaba Valentín. Dijo unas palabras, parecía como si fuese costumbre que él lo hiciese, ya que nadie más se ofreció

-Hoy, sufrimos la perdida de Ezequiel Castillo- dijo el con tristeza aunque elevando un poco la voz- fue una buena persona, ayudo mucho en el grupo, siempre estuvo dispuesto, y fue una de las primeras personas que conocí desde que esto empezó. Esto nos hace acordar que haya afuera no es como acá adentro, que afuera es un peligro, pero no hay que tenerle miedo a eso, hay que enfrentarlo con todas las fuerzas, y vengar a nuestros caídos. Esta es nuestra vigesimosexta persona perdida- dijo él deprimido- y aquí va a yacer con los otros veinticinco, recordándonos, lo que el mundo es ahora, y que debemos sobrevivir todos juntos, en armonía y en comunidad.

Cuando Martín terminó de hablar, se hizo un largo silencio, ni siquiera se escuchaban murmullos, solo el silbido de frío viento. Después de eso, Lucas,  José,  Matías y Manuel agarraron el cajón desde las cuatro puntas haciendo un perfecto balance entre sí, mientras delicadamente ponían el cajón con Ezequiel dentro de un poso cavado anteriormente por Nicolás. Me sentía mal, muchos ayudaban y yo estaba ahí mirando como un idiota. Cuando terminaron de posarlo en el poso, Martín les pidió a todos que hagan una fila, yo no entendía lo que pasaba, le pregunté a mi mama con un susurro, ella me dijo que era su costumbre que para darle una última despedida al muerto, cada persona enterraba con un poco de tierra el cajón, y eso fue lo que hicieron, cada persona decía unas palabras, agarraba con la pala un poco de tierra y lo tiraba sobre el cajón. Pasó casi toda la gente y me tocó a mí, escuche mucha gente que decía la oración “ojala siguieses con nosotros”, yo no pude decir eso:

-Lamento, ser un maldito despistado-dije yo mirando hacía lo que ya era un cajón casi completamente cubierto, hablando en voz baja- si hubiese prestado más atención, seguirías vivo, y yo no tuviese que haberte matado… o re-matado, aunque hayas sido un mordedor cuando te disparé.

Agarré la pala que estaba al lado del montículo de tierra, agarré un poco y lo tiré encima del cajón, me separé de la gente y me dirigí hacia el hospital, mi mama me detuvo agarrándome del brazo, diciéndome que tenía que mostrarme algo, ella me dijo que la siguiera y lo hice, atravesamos una gran parte del cementerio, todas las tumbas eran iguales, como no había una florería “a la vuelta de la esquina” nadie podía dejarle flores a sus seres queridos. Llegamos hasta una tumba que parecía vieja, la tierra estaba bien seca y no estaba levantada, era como si la erosión la hubiese aplanado, aunque luego supe que no era por eso. La cruz estaba algo rota, y la madera parecía vieja. Tenía un poco de polvo, con el dedo corrí el polvo y vi que decía “Alejandro Reigert, que en paz descanse” estaba tallado muy delicadamente, casi como si lo hubiese hecho una máquina, me puse a llorar de repente, no me di cuenta hasta que sentí como mis gotas caían a la tierra, abracé a mi mama con fuerza, ella me contó que Martín había decidido hacerle una “tumba conmemorativa” y que eso a ella la había hecho feliz. Dejé de llorar y le agradecí a mi mama por habérmelo mostrado.

Fui otra vez hacía el hospital, estaba a punto de subir las escaleras hacia las puertas del hospital y una mano me agarró por el hombro, me di vuelta y era Clarissa, que estaba vestida con unas calzas negras, una remera negra y una abrigada campera de cuero negro-verde. Me miró directamente a los ojos, con expresión de pena:

-No te aflijas tanto, no es tu culpa- dijo ella tratando de animarme- era lo que tenías que hacer.

-Bueno, ayer creo que algunas personas no entendieron eso, ya que algunas me miraban tan mal que sentía que me iban a quemar con la mirada- dije yo un poco enojado.

-Valentín nos explicó todo-dijo ella con un tono suave- antes de que despertaras nos reunió en el comedor y nos explicó que vos hiciste lo que cualquiera hubiese hecho, y no porque querías

-Bueno, eso hace que este día no sea tan malo- dije yo desalentado-  pero me sigue doliendo un poco…

Ella interrumpió lo que estaba diciendo con un fuerte beso en la boca, eso era como una especie de droga, lo tomaba y no quería dejarlo, y querer más y más. Ella me soltó y con una sonrisa me preguntó “¿eso te alegra un poco más el día?” yo le sonreí y ella me dijo algo que me sorprendió

-¿Qué somos nosotros?

-Espera… ¿que?- le dije yo.

-Si, ¿qué es lo que somos?, porque no creo haberme olvidado que me hayas pedido ser tu novia

-Espera un minuto… ¿enserio? Bueno, yo pensé que solo estabas jugando conmigo

-No, me gustas enserio, y quiero ser más que “conocidos con derechos”

-Bueno- me arrodille en el piso con una sola pierna y le dije con un tono de elegancia- señorita Clarissa, ¿quiere ser usted mi novia?.

-Claro que sí señor Facundo- ella hizo que me levantara y me abrazó y me dio un beso… si sus besos fuesen uno droga creo que ya estaría intoxicado. Ella me soltó.- ya con esto, espero que sea el mejor día de tu vida

-Naaah, he tenido mejores- le dije yo con sarcasmo riéndome. Ella me pegó en el brazo jugando- ¡era broma! Jajaja.

-No sabía que tenías ese sentido del humor, voy a tenerlo en mente. Volviendo a ser serios- Ella me soltó y me miro directo a los ojos con una sonrisa- sé que es ir un poco rápido, pero quiero decírselo a mis padres, la verdad es que no sé si lo aceptaran

-No hay problema, y si ellos no lo aceptan, que se vallan a la mierda, lo mantendremos como un secreto.

-Acordate que son mis papas de los que estás hablando- me dijo ella con un tono enojado- y son algo así como tus “suegros”. ¿No le vas a decir a tu mama?

-Si, aunque no creo que ella tenga algún problema

Ella me estaba a punto de contestar pero escuchamos que sus papas la estaban llamando desde el cementerio, mientras se fue corriendo se despidió con un “chau” que quedó mudo por el viento.

Entré al hospital y no había mucha gente, solo algunas personas que estaban dando vueltas por ahí y algunos chicos chiquitos. Vi a los gemelos Augusto y Alan, que estaban corriendo con sonrisas diabólicas, eran los dos unos demonios, casi todos los días sus papas los castigaban porque ellos siempre hacían alguna travesura o alguna estupidez. Caminé por el primer pasillo y luego hasta el segundo pasillo. La gente que estaba ahí solo estaba hablando entre sí, nadie me estaba prestando atención. Pase por el comedor y vi el reloj, eran las nueve de la mañana, para ahorrar comida, no había desayuno ni merienda, solo almuerzo y cena, aunque fuesen dos comidas, las cocineras se encargaban de cocinar lo suficiente como para que la gente repita por los menos una vez, y así nadie pasaba hambre. Fui hasta el tercer pasillo, en donde estaba mi habitación, y entre en ella. Me saqué los zapatos y me metí en la cama, tapándome con la frazada, traté de dormir pero no podía, era una maldita mierda, sentía que el cansancio si siquiera me dejaba quedarme parado, pero no podía dormirme. Así que me levante y ya que no tenía nada que hacer hasta la una de la tarde que era la hora del almuerzo, me puse a acomodar mi habitación, lo principal era mi ropa, estaba o en el bolso que había traído o tirada en el piso. Había un armario chico en la habitación, para mí era más que suficiente, guarde las remeras, las camisas, la ropa interior, los pantalones y los jeans. Dejé el bolso a un lado de mi cama y me saqué las cuchillas de los jeans dejándolas encima de una mesa que tenía en la punta de la habitación, escuché que tocaron la puerta, me fijé por la ventanilla cuadrada que tenía la puerta, era mí mama, le dije que pasara y echó una ojeada general a todo mi cuarto

-¡Ah bueno!, parece que el funeral te cayó mal enserio, creo que es la primera vez en tu vida que ordenas tu cuarto- dijo ella sorprendida- enserio, ¿estás bien hijo? ¿No querés que me fije si tenés fiebre?- dijo ella con sarcasmo.

Yo la mire con  mala cara y le di una risa sarcástica

-Ja Ja Ja que graciosa, Bueno, es que no podía dormir, no tenía nada mejor que hacer, y para todo hay una primera vez, ¿Qué necesitabas ma?

-¿Qué una madre no puede venir a visitar a su hijo sin alguna razón más que solo querer verlo?

-No es eso ma, es que pensé que querías hablar de algo…

-Y ese es el caso

-¿Entonces para qué fue ese mini discurso?- dije yo protestando.

-Hijo, las madres estamos echas para dar discursos aburridos, Maia y Leandro son muy chicos para entenderlos y a vos no te doy uno desde hace dos años, así que no te quejes, mi “habilidad de discurso” quedó apagada durante mucho tiempo

-Bueno, en eso tenés razón- le dije yo riéndome un poco- Bueno, ¿de que querías hablarme?

- De la muerte de Ezequiel quiero hablarte, Martín hoy antes de que…

-Ya sé –dije yo interrumpiéndola – hoy antes de que despertara les dijo a todos que no me juzgaran por lo que hice, que otra persona hubiese hecho lo mismo y bla bla bla 

-Bueno, ahora tengo un discurso menos, mierda –dijo ella bromeando- ¿Quién te lo dijo?

-Clarissa

-Juuum… Clary, cuando la encontramos a ella y a su familia tuvieron suerte, es una buena chica… y linda…

- Si, ella me contó sobre su familia… espera… ¿qué querés decirme con que es linda?

-Bueno… ella tiene tu misma edad, y no es un monstruo, es bastante linda, y vos sos e único chico de su edad así que…

- Digamos que me sacaste los pensamientos de la mente

-No te veo desde hace dos años y todavía te conozco, tenés la mejor madre del mundo, si querés algo con ella… no te preocupes, no me voy a poner en forra  con ella, no soy esa clase de suegra.

-Bueno… gracias, lo voy a tener en mente.

-Espero que si. Bueno, esto en teoría iba a ser una charla emocional sobre la muerte y todo eso, pero creo que Clary me ganó, nos vemos en el almuerzo hijo, te quiero mucho.

-Yo también te quiero mucho ma, nos vemos


Ella se fue por la puerta.

Parte 4: Frío, Mordedores y CombustibleEditar

Pasó una semana casi volando, el día del funeral fue muy deprimente, no se hizo nada en todo el día, ninguna misión, ningún trabajo, nada. Creo que si la gente no hubiese estado muy deprimida hubiese sido una especie de “día libre”. Durante la semana nada importante pasó, misiones y más misiones, mordedores por todas partes, muy pocas personas con muy pocas heridas, nada importante. Los papas de Clarissa aceptaron algo molestos lo mío con Clarissa, así que ahora son mis suegros, que son bastante “cara-larga”. Toda la semana estuvo haciendo frio de mal en peor, seguro que estábamos en Julio, todo el mundo cada vez que salía tenía que ir con dos camperas abrigadas, bufanda y guantes, era un maldito frio que te entumecía el cuerpo, las misiones eran algo fácil, los mordedores casi ni se movían, y atacaban muy poco. Aproveché la semana para poder hacer ejercicio, en el sentido que al estar internado durante un año, parecía casi un esqueleto, una semana es algo, y de pasar del suero a una comida tan sustanciosa, me hizo recuperar algo de masa corporal. Luego para entrenar con “tiro al blanco” tenía una gran cantidad de mordedores del otro lado de la cerca como blancos, aprendí mucho sobre disparar y sobre las armas con un señor llamado Jorge, creo que estaba en él ejército, era muy bueno enseñando, y tenía mucha paciencia conmigo. Practicando toda la semana, logré darle el último día a dieciocho de los veinte mordedores en la cabeza. Ese día tenía una misión, Martín no me dijo que era, y nos había “convocado” a los Defensores y a los Buscadores en el comedor. Yo fui apurado porque quería una misión, la adrenalina era una de las mejores cosas para calentar el cuerpo, y en estos días, el calor era lo mejor del mundo. Estaba afuera, practicando como lograr un tiro rápido y al mismo tiempo con puntería con un hombre de la edad de Martín llamado Leo, era un buen “instructor” sabía mucho de muchas cosas sobre las armas, si no me equivoco, había pertenecido a la gendarmería o algo así. Entré al hospital y los pasillos estaban casi desiertos, muy poca gente pasaba, y de las pocas que había estaban tan abrigadas que solo se les veía los ojos, algunos se frotaban los guantes entre sí para conseguir un poco de calor. Pase al segundo pasillo y escuché las voces del comedor, fui apurado y abrí las puertas, estaban todos sentados, los dos grupos, cada uno en una mesa, y Martín estaba parado en el medio, yo llegué último, Martín estaba de espaldas a mí, se dio la vuelta y me miró con una expresión de “y por fin te dignas a llegar”, yo fui rápido a sentarme con mis compañeros, Manu, Nico y Alec estaban sentados uno al lado del otro, yo me senté al lado de ellos, en la otra mesa estaba el grupo completo de los buscadores, de los siete solo conocía a tres, Valentín, Lara y Rocío. Los otros tres eran un chico joven, con no más de veinte años, un hombre robusto de unos cuarenta años y una chica que debería de tener unos veinte años que se le veía frágil, como si con solo tocarla se partiría en mil pedazos, los había visto antes, pero no me acordaba de sus nombres. -Bien, ya que ya estamos todos acá- dijo Martín mirándome como para darme una indirecta- voy a darles la información de la misión, esta va a ser un poco diferente a las otras, en las últimas misiones hemos ido a muy poca distancia, la verdad es que no pensaba que fuésemos a encontrar algo, pero encontramos mucho, tenemos comida para más de un mes, y a los Buscadores, los quiero felicitar por eso, pero ahora hay cosas más importantes que encontrar además de la comida… -Pero ¿Qué es más importante que la comida?-dijo el chico que no conocía su nombre, con un tono de sarcasmo, interrumpiendo a Martín. - Cerrá el orto Theo - le dijo la chica dándole un codazo en el brazo- deja que Martín siga hablando. Me sorprendió que la chica fuese así de “bruta”, a simple vista no lo parecía. -Gracias Jesa- le dijo Martín a la chica- como les decía, ahora vamos a empezar a buscar combustible, no comida, ¿se preguntan porque?, bueno, es porque estamos en la época más fría, y acabamos de descubrir que en la parte no segura del hospital hay una caldera general que a través de la ventilación puede calentar a todas las habitaciones que queramos del hospital, se controlan por pasillos, así que no es que vayamos a desperdiciar combustible calentando a todo el hospital, solo los tres pasillos y el comedor. - ¡Que suerte! Así ya no me voy a tener que abrazar con mi hermana para mantener el calor jajajaja- dijo Theo mirando a Jesa, que estaba mirándolo con cara asesina. -¡Podes callarte y dejar de decir estupideces!- le dijo Jesa a Theo, golpeándolo en la nuca con una buena palmada. El la miró con cara de queja, pero no le prestó atención ya que Martín estaba mirándolos fijamente, con una mirada que parecía decir “estoy resistiéndome las ganas de matarlos a ambos” -Ustedes dos, ¿pueden dejar de pelearse?- dijo Martín seriamente a Theo y Jesa- estoy harto de que peleen como perro y gato, son hermanos, pero no estamos en un mundo muy tranquilo como para que tengan el derecho de pelearse, así que por favor, antes de que cumpla mis pensamientos de ponerles una cinta en la boca, ponerles esposas en las manos y mandarlos a la zona peligrosa del hospital, ¡cierren la boca! -¡Pero si el empezó!- dijo Jesa enojada porque le echaran la culpa. -“Pero si el empezó” bla bla bla- dijo Martín imitando a Jesa con un tono aniñado- hay cosas más importantes de que hablar, así que cierren la boca.- Como decía, tenemos que encontrar combustible, así que vamos a empezar a registrar las gasolineras que faltan en San Isidro, pero luego vamos a tener que irnos, expandiéndonos, a otras localidades para podes tener suficiente, necesitamos unos cinco litros al día, y suponiendo que deberíamos tener para unos dos meses… -Tenemos que recolectar unos doscientos cincuenta litros de gas- dice Valentín. -Exacto- sigue Martín- lo que aproximadamente es, para que lo entiendan- unos seis tanques llenos de auto. Vamos a pasar por todas las gasolineras, sacando hasta el último centímetro cúbico de combustible. Para eso necesito su ayuda, no todos van a ir, algunos se tienen que quedar a proteger el fuerte, ya que voy a llevar solo a nueve personas , tres defensores, tres buscadores y tres acuíferos. -¿Quiénes van a ir?- Pregunta Nicolás algo entusiasmado. -Los tres defensores van a ser ustedes tres- dice Martín señalándonos a Manuel, Nicolás y a mí- El resto de los defensores se van a quedar vigilando la reja, necesito que la protejan, y ya que va a haber tres personas menos, van a tener que trabajar más. Los tres buscadores van a ser Theo, Jesa, Axel . Theo y Jesa… los voy a llevar solo porque desgraciadamente son muy buenos buscando y ayudando, cuando no están tratando matarse entre sí, así que se llegan a pelear demasiado, les prometo que les voy a pegar tan pero tan fuerte en el culo que aunque estemos en China, van a volver acá, ¿está bien? -Está bien- dicen los dos al unísono. -Bueno- sigue Martín- y los Acuíferos van a ser Lucas, José y Matías, los otros Acuíferos y Buscadores que no van, tienen que ayudar como se pueda, no pueden salir, pero ayuden en todo lo que puedan. Los que no van, pueden irse. Todas las personas se van por el segundo pasillo hacia afuera, y quedamos solo las diez personas que vamos a ir. -Bien, este es el plan- dice Martín- vamos a ir por todas las estaciones de combustible que hay en la zona. Tengo planeado llegar hasta maso menos el sector de Tigre, pasando por San Isidro, y luego recorrer todo lo que se pueda. El plan es tardar menos de un día, aunque tal vez tengamos que pasar la noche en algún lugar. Salimos mañana apenas amanece, así que hoy traten de dormir lo mejor que puedan, el punto de reunión es el portón de la reja, yo los voy a estar esperando con el camión de mudanza, es más grande y tiene la parte trasera cubierta, por si se preguntan porque no llevamos el de verdulería. Los veré por la mañana, pueden irse.

Todos nos levantamos de la mesa, yo me voy al tercer pasillo, voy a buscar a mi mama, o a Clary, voy a sus habitaciones pero no las encuentro. Voy a mi habitación y me preparo la ropa para mañana, tengo que llevar mucho abrigo, así que preparo unas dos camperas bien abrigadas, pantalones gruesos, una bufanda y guantes, siempre en los días de frío me siento como una cebollas, capas y capas de ropa. No tengo nada que hacer, así que voy a buscar a mi familia, o a Clary. Salgo de mi habitación y camino por el pasillo, llego al comedor, veo el reloj de la pared, son casi las cuatro de la tarde, camino por los otros dos pasillos y salgo afuera, no hay mucha gente, solo el típico movimiento de los guardias. Le pregunto a uno si ha visto a mi familia, me dijo que mi mama este cuidando a todos los chicos chiquitos en una de las habitaciones del primer pasillo, pero luego me dice que Clary está en el cementerio, decido ir con ella, quisiera saber qué hace ahí. Rodeo el edificio del hospital hasta llegar al cementerio, con las cruces y los montículos por alguna razón se convierte en tenebroso el terreno, muy tétrico. Veo a Clary parada en frente de una de las cruces, no sé si me escucha, pero me acercó a ella, la tocó en el hombro y pega un sobresalto, no me había escuchado, había estado llorando, miro la cruz que tenía en frente y dice “Fernando Gonzales, querido hijo y hermano” miro a Clary, que está llorando, y la abrazo tratando de saber quién es Fernando para ella, y se me ocurre que, claro… es su hermano. No sabía que tenía un hermano, pero ahora que lo sé, siento pena por ella, perdió a alguien que era muy cercana a ella. La abrazó fuerte y respira hondo y lentamente para de llorar. -No sabía que tenías un hermano…-le digo yo hablando en voz baja, no sé por qué lo hago, tampoco que fuese un secreto, ella me mira a los ojos. -Si, murió antes de que llegáramos al hospital, un mordedor lo atacó en la parte trasera de la pierna, tratamos de salvarlo, buscando ayuda, pero no pudimos salvarlo. Como a tu papa, esta tumba es simbólica, no está el cuerpo, pero Martín nos dejó ponerla. Mis papas nunca volvieron a hablar sobre él, pero yo sigo pensando en él. -Yo también sigo pensando en mi papa, era muy bueno conmigo, me enseño bastantes cosas, y yo lo quería mucho, pero me resulta como algo distante, como si se hubiese muerto hace veinte años. -Yo lo siento como si hubiese sido ayer, y por eso no puedo olvidarlo. No sé qué decirle, así que la abrazo, no quiero decirle que me voy a ir ahora, le pregunto si quiere venir conmigo adentro pero ella me dice que quiere quedarse un rato más. Rodeo otra vez el hospital, entro a el hospital y busco en donde me habían dicho, veo por la ventanilla de la puerta y mi mama estaba ahí con todos los chicos jugando a su alrededor, mi mama me ve y me pide que pase. A comparación de todos los chicos, excepto de Maia y dos mas, soy una clase de gigante. No me había dado cuenta pero desde que desperté, habré ganado unos diez centímetros de altura, creo que estoy midiendo un metro ochenta, nunca me había puesto a pensarlo. Mi mama estaba sentada en un escritorio, mientras el resto jugaba en el piso, yo agarré una silla que estaba al lado de ella y me senté junto a ella. -Ma, tengo una misión mañana, y va a ser larga, me voy a ir todo el día, o tal vez vuelva pasado mañana… -Ya lo sé, hace unos cinco minutos vino Martín a decirme que te había elegido para ir. Me contó que has progresado mucho en las armas, y en este momento, es lo mejor que se puede aprender. Estoy muy orgulloso de vos hijo, y sé que papa también lo estaría. No te preocupes por nosotros, vamos a estar bien.- ella llama a Maia y a Leandro para que vengan a unirse a la charla, ella les cuenta sobre lo que voy a hacer y que me voy a ir- Me gustaría que pudiesen estar más con su hermano, pero resulta que como el muy idiota es bueno en las armas- dice en forma de chiste, riendo por lo bajo- tiene que irse un o unos días. - ¿Unos días?- pregunto Maia algo molesta- enserio ¿Por qué tenías que ser tan bueno con las armas?- dice ella, con un falso enojo, imitando a mi mama. -Bueno, en estos días, saber defenderse es lo mejor que se puede hacer- le respondí yo haciendo una mueca- y créanme que aunque los voy a extrañar, están exagerando un poco, porque me voy como mucho tres días, no me voy un mes- digo yo haciendo una pequeña sonrisa. -Mano- dice Leandro- Mano, po’ favo’ vuedve pdonto. Abrazó a mi hermano con todas mis fuerzas, él se queja y lo apreto con menos fuerza. Sé que sería estúpido llorar por eso, así que aguanto las ganas de empezar a llorar, lo estoy haciendo muy dramático, pero igual los voy a extrañar. Me despido de los tres, nos vamos a ver en la cena seguro. Voy hasta afuera del hospital y escucho que están tiroteando, voy a la reja, a uno de los sectores en donde patrullan y donde hay una plataforma con escalera para poder ver afuera, hay un olor impresionantemente horrendo. Están todos serios, prestando atención sin quitar la mirada afuera. Yo subo a la plataforma y veo al otro lado de la reja, hay unos treinta mordedores avanzando lentamente hacia la reja, gimiendo y algunos arrastrando los pies. El olor llega directamente ahora que no me lo tapa parcialmente la reja, huele como a bosta de caballo, basurero y olor de persona que no se baña hace años, todo en una combinación, uno solo huele mal, pero esto, es mucho peor. Tomo un arma y comienzo a disparar. Por lo que me enseñaron estos días, mate a algunos con un solo tiro en la cabeza, a otro tuve que pegarles dos veces. Logramos matarlos a todos rápidamente, aunque el olor seguía en el aire. Todos bajamos de la plataforma, no había prestado mucha atención a quienes estaban ahí, estaban todos los defensores. -Bien, ¡a quemar los cuerpos!- dijo Nicolás entusiasmado -¿Qué? – pregunte yo algo curioso. -Si, para que el olor a mierda multiplicado por veinte no nos ahogue a todos, tenemos que quemar los cuerpos de los mordedores, ¿o querés soportar ese olor durante una semana?- yo lo mire con una expresión de “ni en un millón de años” – bien, entonces, ¡vamos! Abrieron las puertas de la reja y fuimos hacia donde estaban los mordedores, empezamos a agarrar los cuerpos y en un momento uno trato de morderme cuando lo levanté, me sobresalte al saber que todavía se movía, pero con un tiro en la cabeza ya estaba. Terminamos de apilar los cuerpos en una gran pirámide y lo prendimos fuego, prendió rápido, no había mucho viento. Volvimos al hospital y dos de los Defensores cerraron la puerta, estaba muy cansado, había transpirado como un desgraciado, las reglas del hospital eran que solo podías bañarte una vez cada tres días, y que solo tenías cinco minutos para hacerlo, no me quejo sobre eso, el agua es necesaria para muchas cosas. Por suerte hoy era mi “día de baño”. Fui hasta adentro del hospital a agarrar la ropa de mi habitación e ir a las duchas que estaban en el segundo pasillo, al pasar por el comedor vi en el reloj que eran las siete de la tarde, el tiempo se me había pasado volando. Llego a las duchas y no había nadie, las duchas eran unas cuadrículas de cemento, una al lado de la otra, con una cortina para poder entrar. Me baño lo más rápido que puedo, suerte que alguien en las búsquedas haya encontrado una caja llena de shampoo y crema enjuague, no quiero parecer estúpido, pero después de una semana, si no me lavo el pelo, se vuelve una maraña castaña oscura que no se puede desenredar, la ducha era fría, el calefón de las duchas era eléctrico, y no de gas, eso es algo malo de que el hospital se haya actualizado. Salgo de la ducha y me visto con un jean azul oscuro y una remera bordo de manga larga. Dejo mi ropa sucia en un cajón gigante que es para que las personas que tienen que lavar lo laven, y me voy a mi habitación para dejar mi toalla. Cuando paso por el comedor veo que ya hay cocineras preparando la comida, parece que vamos a comer hamburguesas, veo a Clary y la saludo con la mano, ella me sonríe y sigue trabajando, yo voy a mi habitación y guardo las cosas.

Esa noche no fue muy entretenida, así que me voy a saltar esa parte, solo cenamos y hablamos y nada raro pasó como para que tenga que contarlo. A la mañana siguiente, me desperté a la hora que tenía que, me cambié rápido, agarre mis cuchillas y salí por la puerta mientras me las guardaba en los bolsillos. Vi por la ventanilla de la puerta de la habitación de mi familia y todos estaban durmiendo, entré y rápidamente les di a todos un beso en la frente. Luego fui rápido a la habitación de Clary y ella se despertó medio dormida, le di un beso corto en la boca y salí corriendo por los pasillos. Llegué afuera y ya algunos estaban ahí, no era el último, pero Martín ya estaba con el camión listo para salir. En las mañanas siempre hacía frío, era peor que hasta en la noche. El último en llegar fueron Nicolás. Todos subimos a la parte trasera del camión menos Martín que conducía, el camión tenía un gran lugar de carga pero casi la mitad estaba llena de tanques apilados entre sí para el combustible y otra parte estaba ocupada por las cosas que íbamos a necesitar si es que teníamos que dormir a la intemperie. Las puertas se cerraron y solo había una tenue luz que iluminaba, que era emanada por un tubo que cada tanto titilaba, parecía una habitación del miedo de una película de terror. Todos guardábamos silencio, tanto que hasta se escuchaban algunos gruñidos de los mordedores que estaban afuera. Pasaron unos diez minutos y el camión paró y Martín abrió la puerta, y todos salimos afuera, el molesto rayo de sol de las mañanas de invierno no me dejaba ver nada, aclaré la vista, y vi que estábamos en una estación de servicio grande, en una avenida, si la orientación no me fallaba, estábamos a unas veinticinco cuadras del hospital, era una estación de servicio de Shell, estaba toda oxidada y el cartel estaba tambaleándose a punto de caerse. Al ser Defensor tenía que hacer guardia con mis compañeros mientras el resto sacaba las cosas, las sacaron rápido, mientras los Acuíferos fueron sacando el combustible, los Buscadores entraron en el kiosco de la estación de servicio para ver si encontraban algo, Manuel y yo fuimos con ellos y Nicolás se quedó haciendo guardia para los Acuíferos. Entramos y estaba todo oscuro, había unas cuantas cosas tiradas, y todo desordenado. Había olor a muerto y esa era igual a mordedores, todos se debieron de dar cuenta porque se pusieron erguidos y prestaban mucha atención a todo. Nos distribuimos por toda el lugar, había unas cuantas cosas, antes de que nos fuéramos las cocineras nos habían dado una lista de lo que hacía falta, leímos la lista, en una parte decía “toallas femeninas” todos los hombres largamos una risa corta, pero por lo menos encontramos nos reunimos todos y vi que Manu tenía puestos unos anteojos del sol - ¿qué? ¿No me quedan bien?- pregunto Manu con una sonrisa- Los encontré tirados y pensé “¿por qué no?” están intactos y son Ray Ban- Todos lo miramos con cara de “que estupidez” pero nadie dijo nada. Encontramos todo lo que hacía falta y escuchamos ruidos decidimos en la parte de almacenaje, yo me saqué las cuchillas de los bolsillos y me las puse en las manos, Theo se ofreció a abrir la puerta que llevaba hacia ahí y nadie se quejó. El abrió la puerta y se alejó rápido porque había unos siete mordedores que estaban del otro lado, eran empleados del lugar, se les notaba por el uniforme que usaban, nos vieron y empezaron a caminar rengueando, otros caminaban con un solo pie y arrastraban el otro, rugían y mordían el aire, estábamos todos a punto de lanzarnos a matarlos pero Manu hizo una seña y dijo “yo me encargo”. Sacó su arco y flecha, tensó el arco y disparó una flecha al primer mordedor que entro al kiosco, hizo lo mismo uno por uno de los mordedores, y con los últimos dos logró atravesarles el cráneo con la misma flecha y grito con entusiasmo “¡Ja! Dos por uno.” Salimos del kiosco con las cosas que hacían falta, las cargamos al camión. Ya habían terminado de absorber el combustible, parece que todo el combustible alcanzó para llenar medio tanque. Hicimos casi el mismo procedimiento en unas treinta estaciones más, llegamos hasta la zona de San Fernando, y ya teníamos la mitad de lo necesario, quedaba cada vez menos espacio en la parte de atrás del camión porque en cada estación de servicio fuimos cargando más y más provisiones. Paramos en una estación de servicio que estaba al lado de un barrio de torres, no muy altas, de unos cinco pisos cada una, lo más curioso de ese barrio era que estaba todo enrejado, rodeado por rejas de hierro, con púas en las puntas, y para entrar solo tenía puertas distribuidas por toda la cuadra. Era un buen lugar, y parecía bastante protegido, pensé. Cuando terminamos de hacer todo en esa estación de servicio ya estaba atardeciendo, Martín nos dijo que eran las seis y media de la tarde, y que solo nos faltaban muy pocos litros para llegar a lo que queríamos. Fuimos a unas cuatro estaciones más y logramos juntar todo lo que queríamos, pero ya eran las ocho de la noche, y ya estaba muy oscuro. Fuimos a una casa que estaba a una cuadra de la estación de servicio, se veía chica, por eso la elegimos. Martín abrió la puerta de la casa y todos entramos rápidamente, había unos cuatro mordedores, que trataron de atacarnos, pero los matamos antes de que siquiera se acercasen. Uno de ellos era una chiquita de unos ocho años, con un vestido amarillo fuerte y pelo largo castaño oscuro, seguro fue hermosa y buena en su momento, pero ahora su piel era grisácea, de ella emanaba un olor nauseabundo y tenía los ojos amarillentos. La casa estaba totalmente despejada después de eso. Ayudamos todos a sacar las cosas para poder quedarnos, bolsas de dormir, una garrafa-hornalla, cuatro paquetes de fideos, cubiertos y platos, una cacerola, agua y una caja de fósforos. Nos administramos las guardias para cuando fuésemos a dormir, yo era el primero, bien, no quería tener que levantarme en medio de la noche y no poder volver a dormirme. Los turnos eran solo de cuarenta minutos, ya que éramos once personas e íbamos a dormir ocho horas. Cuando terminamos de acomodarnos Nicolás se puso a cocinar los fideos, todos nos sentamos en nuestras bolsas de dormir, al parecer todos teníamos hambre, porque todos teníamos la mirada concentrada en la cacerola, y en Nicolás cada vez que la destapaba y probaba un fideo para ver si estaba listo. No sé cómo habrá salido el tema, pero nos pusimos a hablar sobre que extrañamos de antes del apocalipsis -Yo extraño la Play Station 3- dijo Manu- los juegos que tenía en esa máquina, eran lo mejor del mundo, le rompía el orto a cualquier persona en el Black Opps 2. -Yo extraño los celulares- dijo Jesa algo angustiada- esa libertad de poder hablar con cualquiera en cualquier momento, y no tener que ponerse nervioso al preguntarse si sigue vivo. Todos nos callamos pensando en eso, fue algo tétrico, pero fue un muy buen punto. -Yo extraño las computadoras- Dijo Theo- el Internet, las redes sociales, todo eso. Alguien más iba a comentar lo que extrañaba pero justo en ese momento Nicolás grito “ya está listo” y todos nos levantamos de donde estábamos sentados, agarramos rápidamente un plato e hicimos una fila. Nicolás sirvió rápido, todos esperamos hasta que la última persona se sirviese, empezamos a comer todos como muertos de hambre, me extraño que algunos no usaran hasta las manos para poder comer más rápido, nadie hablaba, solo se escuchaba el ruido del masticar y de algunos que otros tenedores chocando con los platos. Para ser “comida de viaje” estaban bastante buenos los fideos, tenían manteca, así que no estaban secos. Todos terminamos de comer en menos de quince minutos, cuando el último terminó Michelle agarró los platos de todos y los guardó en una caja. Martín nos dijo que ya eran las nueve y media de la noche y que ya nos teníamos que dormir, al menos el resto, yo tenía que quedarme despierto, Martín me dio su reloj y yo me lo puse en la muñeca, me dijo buenas noches y se fue a acostar. Yo en teoría tenía que ir dando vueltas por la casa, durante cuarenta y cinco minutos, pero me quedé unos veinte minutos en el mismo lugar, estaba todo completamente en silencio, se escuchaban solo algunos resoplidos de los dormidos, pero por suerte nadie roncaba. Di unas vueltas por la casa, no había ningún ruido, nada emocionante, hice un largo bostezo y seguí caminando por la casa. Pasaron los minutos y por fin terminó mi turno y fui a despertar a Jesa que era la que seguía después de mí. Estaba toda envuelta en un bollo entre sí y su bolsa de dormir, parece que tenía frio. La desperté tocándole el brazo con la mano y ella se despertó pegando un sobresalto, le dije que ya era su torno, ella asintió con la cabeza refregándose un poco los ojos, le di el arma y el reloj y fui a mi bolsa de dormir. Me saque mis zapatillas y una de mis camperas y me metí adentro, era caliente, calentaba bastante el cuerpo. Con el silencio que había logre conseguir el sueño rápido, cerré los ojos lentamente y logré dormirme.

A la mañana siguiente Martín nos despertó con unos fuertes aplausos y golpeando las paredes, gritando “¡Vamos gente la luz no dura mucho!”. Todos nos levantamos rápido y empezamos a enrollar las bolsas de dormir, terminamos rápido, luego yo agarre la garrafa hornalla para ponerla en el camión. En la parte de atrás del camión no había mucho espacio, casi parecía que todos nos tendríamos que acomodar tipo tetris, encontrando un lugar exacto para cada uno. Cuando estábamos a punto de irnos, escuchamos ruidos de un callejón que estaba a unos veinte metros de donde estábamos nosotros. Martín nos dijo a los Defensores que teníamos que ir porque no quería que atrajéramos al hospital con el camión, Nico Manu y yo fuimos hasta ahí y nos apoyamos en la pared que estaba antes de entrar al callejón, Nicolás sacó su Desert Eagle, Manuel sacó su arco y tensó una flecha, yo desenfundé las cuchillas y me las puse en las manos. Asentimos los tres con la cabeza y dimos una media vuelta al costado para estar de frente al callejón. Nos adentramos más al callejón y se empezaron a escuchar cada vez más fuerte el rugido y los gemidos de los mordedores, el amanecer daba un poco de luz pero no se podía ver mucho. Empezamos a matar a todo lo que se moviese, o al menos, a todo lo que hacía ese ruido enfermizo. En un momento, cuando estaba a punto de decapitar a lo que pensé que era un mordedor, mi cuchilla chocó contra otro metal y se escuchó el fuerte ruido de metal chocando con otro metal, la chica que pensé que era un mordedor, no lo era, ella me miró directamente con los ojos muy abiertos, eran de un verde claro, tenía aferrada a la mano un cuchillo casi tan largo como su brazo ella se apartó de mi con un salto hacia atrás pero no me apartó la vista. Manu tensó el arco y disparó, escuche un grito, pero agudo, no como de mordedor, sino como de persona. En ese momento les grite a Nico y Manu que pararan, ellos se sobresaltaron pero me hicieron caso. Los gemidos ya no estaban, había un fuerte silencio, y trate de ver con más claridad por la poca luz que había. Al final del callejón había tres chicas paradas una al lado de la otra mirándonos con ojos atentos, y con expresiones confusas, como si fuésemos algo que se ve por primera vez. Nico y Manu también se dieron cuenta, porque estaban firmes y mirándolas como yo. Una de las chicas se agarraba el brazo, con una expresión de dolor, mientras las otras dos le hablaban. -¡Camila! ¿Qué mierda te pasó? – gritó la chica de los ojos verdes, tenía un pelo rubio claro, que le caía hasta más de la mitad de la espalda. - ¡El boludo que tiene el arco me raspó con una flecha el brazo!- dijo la chica lastimada, tenía el pelo oscuro, tan negro como la oscuridad misma- ¡Estúpido! ¿Qué mierda te pasa?- Le gritó a Manu, que estaba asombrado. -¡Ey, perdón! – Dijo Manu acercándose un poco en donde estaba ella- ¡es qué creí que eras un mordedor! -¡Ooh Claro! – Dijo la chica enojada, mirándolo con una expresión de “corre porque te mato”- primero me cortas el brazo y después me decis que soy fea y que huelo a muerto, ¡que halagador! Martín entró al callejón y nos preguntó que estaba pasando, nosotros señalamos hacia las chicas y él se quedó quieto durante un momento, después nos ordenó que las fuésemos a ayudar si ellas lo querían, ellas dejaron que las ayudemos con algo de molestia. Fuimos hasta el camión donde todos estaban esperando, cuando vieron a las tres chicas se quedaron sorprendidos, todos las miraban con cara de asombro, en ese momento, la tercer chica, que tenía un pelo castaño oscuro y ojos celestes dijo “¡hay por favor! Tampoco somos monstruos o algo parecido para que nos miren así” nadie respondió. Nicolás sacó un botiquín y vendó el brazo de Camila, ella no opuso resistencia, ni tampoco sé quejó. -Bien, gracias por curarla- dijo la chica del pelo castaño- pero ya tenemos que irnos -No, no se vayan – dijo Martín amablemente- quédense. -No, no es necesario- dijo la chica rubia, con tono de agradecimiento- podemos cuidarnos solas. -Eso no lo discuto- dijo Martín- pero ahora tienen a una herida, y eso lo dificulta todo. -Tampoco como si me faltara una pierna- dijo Camila, algo molesta. -Pero la causa de que estés lastimada del brazo es uno de los míos- dijo Martín señalando a Manu- de alguna forma se los debo Las tres chicas se separaron de nosotros y se pusieron a hablar entre sí, no se les entendía nada, estaban hablando en serio en un tono muy bajo. -Bien- dijo la chica rubia- nos quedaremos con ustedes, pero hasta que Cami se cure, después de eso nos vamos a ir -No tengo ningún problema con eso- dijo Martín- así que bienvenidas a nuestro grupo, me llamo Martín. - Aah, mucho gusto, mi nombre es Sol – dijo la rubia con un tono de gracia- la morocha petisa como habrán adivinado se llama Cami… -¡Ey! ¡Solo soy un centímetro más baja que vos Sol! Cerrá ese orto abierto de puta que tenés.- La chica de pelo castaño largo una fuerte carcajada. -Y la chica de pelo castaño se llama Candela- dijo Sol. Todos nos dirigimos al camión, tratamos de poder entrar todos en la parte de atrás, pero no pudimos, así que dos tenían que ir adelante. Todos los del grupo decidieron que Camila tenía que ir adelante por el brazo, ella dijo muchas veces que no era nada y que no dolía casi nada, pero igual la dejaron. Alguien más tenía que ir adelante y muchos se ofrecieron, pero terminé yendo yo.

Cerré la puerta de cargamento del camión y fui hasta la parte de adelante, ayude a subir a Camila y después subí yo. El asiento era muy cómodo, y entrabamos los tres a la perfección, Martín arrancó el camión y salió rápido hacia la ruta Acceso Norte, que conectaba rápidamente Tigre con San Isidro. El viaje fue tranquilo, por la ruta no pasaban muchos mordedores, durante el viaje le preguntamos a Camila como fueron sobreviviendo y de donde se conocieron ella y las otras dos chicas, ella nos contó que eran compañeras de curso en una secundaria en Morón y que estaban con sus familias, pero fueron muriéndose todos hasta que quedaron ellas tres, se pudieron cuidar solas desde entonces.  Bajamos rápido de la ruta y empalmamos a la avenida del hospital. Les grité a los que estaban atrás golpeando la chapa que nos separaba que ya estábamos por llegar, se escuchaban las voces emocionadas de alegría. Estábamos a tres cuadras para llegar, empezamos a ver que había muchos mordedores por el área, todos iban en la dirección hacia el hospital, no sabíamos porque. Cuando estábamos a una cuadra del hospital había aún más mordedores estaban caminando en la calle. Llegamos al hospital y no podíamos creerlo. Había por lo menos cien caminantes en el portón golpeándolo con los cuerpos y rugiendo desesperadamente, pero lo más raro era que nadie les estaba disparando, no se escuchaban ruidos de tiros o algo parecido. Estacionamos la camioneta en frente al portón, Martín sacó una pistola y me la dio, otra se la quedó para él y otra se la dio a Camila, preguntando antes si lo podía usar, ella lo miro con una cara de “tendré el brazo lastimado pero tampoco soy una pobre chiquita”, no sé porque ella siempre estaba a la defensiva. Desde atrás nos preguntaron qué pasaba y nosotros les comentamos la situación, salimos los tres de la parte delantera de la camioneta y fuimos rápidamente, matando a algunos mordedores en el camino, a abrirles la puerta a los que estaban atrás. Salieron todos rápido y sacando sus armas, empezamos todos a matar a los mordedores que se acercaban, pero eran muchos, no podíamos matarlos a todos y tan rápido, y en ese momento escuchamos un gran estruendo, no como de arma, sino como si algo gigante se hubiese caído, mientras matábamos a los mordedores que estaban al frente nuestro, mirábamos hacia atrás y veíamos que los mordedores habían podido tirar el portón… lo habían logrado. Con paso lento pero espeluznante empezaron a entrar al sector seguro del hospital, Martín nos gritó para que dejásemos de matar a esos mordedores y que empezásemos a matar a los que estaban entrando, le hicimos caso y mientras los matábamos a los de adelante, matábamos a los de atrás también. Era un completo caos. Fuimos acercándonos más a la entrada del hospital, matando a los que quedaban entre nosotros, cuando nos empezamos a acercar a la entrada, vemos que también salen disparos desde adentro, eso quiere decir que alguien sigue vivo y tiene las fuerzas para disparar. Al cabo de un rato, logramos matar a todos los que estaban entrando y hacernos paso entre los cadáveres para entrar al hospital. Apenas entramos vimos que estaban  Alec, Marcos, Valentín y cuatro personas más con armas en las manos, jadeando y recuperando la respiración. -¿Qué mierda pasó?- preguntó Martín algo enojado y angustiado a la vez- ¡¿porque no estaban afuera cuando tiraron la reja?! -No pudimos con todos- dijo Valentín, mientras jadeaba, aunque ahora más despacio- empezaron a venir todos de golpe, no fueron diez y después diez, vinieron como treinta al mismo tiempo, y después más y más. Tratamos de matarlos pero no pudimos. Entramos al hospital para avisarles a todos que tenían que protegerse, escondiéndose. Con todo el descontrol, los mordedores empezaron a entrar. Estuvimos desde hace un rato ya matándolos, suerte que llegaron ustedes. -La verdad es que si, que suerte que llegamos. Mierda, vamos a tener que hacer un duro trabajo reparando el muro. Al menos no murió nadie. -De hecho… nosotros solos no estábamos defendiendo esto cuando empezaron a venir. -¿Que? No me digas que… -Si- respondió Valentín angustiado- Jorge, Julián, Michele, Rocío y Lara están… están muertos. Al decir eso, todos nos sorprendimos, no lo esperábamos, todos nos deprimimos enormemente, aunque una parte de mí, estaba feliz por no haber perdido a nadie importante para mí. -Esto es una gran desgracia- dijo Martín- lo que yo me pregunto es, ¿Por qué vinieron tantos mordedores al mismo tiempo? -Tenemos una teoría, de hecho. Creemos que hemos estado haciendo demasiado ruido estos días. Hace unos días había venido una mini horda de quince mordedores, y antes de eso habíamos estado practicando tiro al blanco. -Mierda, Mierda, Mierda- dijo Martín algo nervioso- no podemos… no podemos quedarnos acá. Creo que la mayoría dijo “¡¿Qué?!” al unísono, pero nadie pudo responder, porque más mordedores empezaron a entrar otra vez al hospital, Martín hablo rápido y claro -Bien, esto es lo que vamos a hacer, Jesa, Theo, Valentín, Lucas y José vallan a buscar a todos y escapen por donde puedan, consigan un vehículo, y cuando todos estén listos avisen. No usen armas si es necesario, sería ideal que los mordedores no los vieran. Mientras, a los que no nombré, quédense conmigo y ayuden a matar a cuantos mordedores puedan. Todos asentimos con la cabeza, los que tenían que irse fueron revisando rápidamente habitación por habitación mientras nosotros fuimos hacia la puerta principal del hospital, entraban mordedores y empezamos a matarlos a todos, mientras esperábamos la señal de que pudiésemos ir. El plan era matar a tantos como pudiésemos e ir corriendo hacia donde quiera que hayan ido. Matamos a tantos que yo no fui el único que tuvo que recargar su arma como unas seis veces, y eso que mi arma tenía capacidad de treinta balas creo. Empezaron a venir más y más, no podíamos creer todos los que eran, pero justo en ese momento, Valentín viene desde atrás nuestro corriendo y nos pide que lo sigamos, todos le hacemos caso y pasamos por una de las ventanas del comedor, a unos cincuenta metros había una de las camionetas más chicas y estaban todos adentro, se los veía por entre los barrotes de madera. Subimos todos al camión y salimos de ahí, pero Martín no quiso dejar el gran camión donde estaba el combustible ahí e hizo una locura, salió el solo del camión mato a todos los mordedores, subió al camión y arrancó lo más fuerte que pudo, salió disparado y Valentín arranco en el que estábamos nosotros. Nos alejamos unas cuadras del hospital, viendo como rápidamente, se llena de mordedores.

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