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Más allá de este nuevo mundo lleno de lágrimas y odio

Yacen los horrores de las sombras que habitan luego de la muerte

Esas sombras están viniendo al mundo

Para oscurecernos  a nosotros también.

Parte 1: Así es la Tierra ahora

Desperté en un hospital, sentí como si mi cabeza hubiese hecho un chasquido, lo reconocí, era el Hospital Este de Tigre, la ventana entablada de la habitación traspasaba un poco de luz solar. Ya había estado ahí cuando un amigo mío, Tobías, se había lastimado la pierna y en ese momento me acordé, Maia… lloré un poco pero no quise estar llorando todo el día.Me levanté de la camilla sacandome unos cables y tubos que tenía conectados, supongo que en algún momento eso sirvió para alimentarme, todo me dolía y sentí como si unas hormigas me pasaran por todo el cuerpo, volví a caer en la camilla, tenía mucha hambre tanto que el estómago se me retorcía.Miré un poco la habitación, lo único que había en la habitación era la camilla, una mesa de luz sin nada apoyado encima con un cajón, la ventana entablada y un televisor que al parecer no funcionaba. Había cartas de mi familia y amigos, todas arrugadas por la humedad tanto que casi no se podían leer.

Encontré en el cajón de la mesita de luz una ropa mía, era un jean negro con una remera de manga larga blanca y una campera azul oscuro, me costó pararme y me dolian un poco los pies, me los miré, tenia unos cinco puntos en la parte superior del talón, pero de a poco pude caminar bien. Salí de la habitación y estaban todas las luces rotas, sangre por todas partes y todo destrozado, me sorprendió porque estaba todo destrozado afuera y mi habitación estaba perfectamente. Caminé para adentro del hospital para ver si había alguien pero no había nadie… en un momento escuché un sonido que venía de una de las habitaciones, era como si alguien comiera salvajemente, abrí la puerta y encontré que una persona estaba devorándose a otra, soporte las ganas de vomitar y aparte al caníbal de la persona ya muerta, pero el caníbal no parecía una persona, tenía toda la cara podrida , no hablaba, solo gemía y un olor peor que mil mierdas juntas, trató de morderme, y al no reaccionar rápido me tiró al piso alcancé una jeringa que estaba tirada al lado de una mesa con ruedas y la clavé en el primer lugar que pude, su cabeza, esa “cosa” , dejo de moverse y emitir sonido alguno y todo su peso cayó en mi cuerpo. Lo aparte con los brazos y me levanté lentamente. Ahora tenía la mayor parte delantera de la remera manchada de sangre negro-rojiza y olía peor de lo que ya estaba oliendo, creo que una persona después de no bañarse durante dos años y cubierto de sangre no puede oler bien, me dije.

Salí de la habitación y fuí hacia el estacionamiento del hospital, hacía un poco de frío, no mucho, diría que es otoño, la campera sirvió de mucho. Encontré un fierro tirado en la calle al lado de un tacho de basura, lo agarré y lo mantuve alto y atento a cualquier cosa. Salí del estacionamiento del hospital  y me encontré en la Avenida Cazón, pero de la otra punta de la Avenida en donde ocurrió el accidente, mi casa estaba muy lejos como para ir caminando, parecía que todas las bicicletas del mundo habían desaparecido y no sabía conducir, no sabía qué hacer. Hice lo más sensato que pude: busqué a más personas, o una bicicleta, empecé buscando por toda la calle y me acorde que a tres o cuatro calles había una tienda de bicicletas, caminé mientras me encontré con algunas de esas cosas, que todavía no se me ocurría un nombre, y fueron algo fáciles ya la segundas veces en matarlas. Llegué al local y había todas las bicicletas que pudiera uno imaginar, elegí una bicicleta BMX. Saqué la bicicleta del local, y me puse a andar por la Avenida Cazón. No había nadie y pude andar lo más tranquilo ya que esas cosas no me alcanzaban ni en sus mejores sueños, eran unas treinta cuadras desde donde estaba así que anduve unos veinte minutos. Llegué a mi casa y lo primero que noté fue que la puerta estaba abierta, parecía una casa fantasma, lo único que se escuchaba era el resoplar del viento. Busqué por todas las habitaciones, y no encontré a nadie, encontré mi habitación ordenada, eso significa que mi mama estuvo acá entre que estuve en el hospital y desperté, agarré un bolso que tenía guardado y lo llené de ropa y por último, guardé una foto que estaba encima de un mueble en la cocina de toda mi familia junta, tal vez nunca los volvería a ver, y quería tener un recuerdo de ellos al menos. Escuché ruidos en el patio, fui ahí y lo encontré, a mi papa, pero no vivo, sino convertido en una de esas cosas, pero aunque parezca raro estaba encadenado al árbol, no sé cómo alguien pudo hacerlo, pero lo hizo, y de alguna forma me hizo más fácil el trabajo, susurre “Lo siento papa” y le rompí la cabeza con el fierro. Entré a la casa sin dejar ninguna lagrima, porque sé que ese era el cuerpo de mi papa, pero no era el, al menos ya no. Recordé que mi vecino de enfrente estaba obsesionado con las armas de orientales, y creo que cualquier arma es mejor que un fierro.

Fui hasta la casa de enfrente haciendo el menor ruido posible, llegué hasta la casa y la puerta estaba cerrada. Fui hacia el costado de la casa y rompí una ventana con el fierro, saque todos los pequeños pedazos que quedaron pegados al marco para no cortarme y entre. En donde entré era su comedor, así que imagine que todo lo tenía guardado en una habitación, abrí la primer puerta que encontré y encontré una habitación de dormir, pero lo que estaba en el medio de esa habitación era lo que traumatizaba, mi vecino se suicidó. Estaba colgado por una cuerda en el cuello, y una silla debajo de él, pero lo peor era que se movía era una de esas cosas, y después de un momento lo entendí: no importa que te muerdan o no, cuando te mueras te vas a convertir igualmente, hice lo único que pude hacer, lo bajé de la soga y le clave el fierro en el cráneo, ya que eso parecía ser lo mas eficaz para matarlos. Abrí la siguiente habitación y lo encontré, unas diez tipos de armas diferentes muy raras que nunca había visto, pero una me llamó la atención, una especie de cuchilla pero que en la empuñadura tenía agujeros para los dedos, lo probé, agarrándolo delicadamente para no cortarme y me los puse, era como si mis manos fuesen cuchillos, era sorprendente, agarré mas de las armas cuidadosamente, y vi que la puerta delantera estaba cerrada con la llave puesta desde el lado de adentro. Abrí la puerta y crucé rápido hacia mi casa, guarde el resto de las armas pero me quede con las “cuchillas” en las manos, en algún sentido me dejaban mover las manos con facilidad, salí de mi casa con el bolso en la espalda y subí a la bicicleta. Ahora lo único que quería saber era si mi familia estaba viva y por eso empecé a buscar los lugares grandes que pude en San Fernando, salitas, colegios… pero nada, bajé de la bicicleta y me saqué el bolso de la espalda para descansar un poco, y escuché un ¡BUM!, acto seguido vi dos personas atrás de mí y trate de hablarles pero no pude, me mire la oreja y una parte de ella ya no estaba y encontré una mancha de sangre que me cubría parte del costado de la cara, caí al suelo y vi como las personas se me acercaban y me llevaban, lentamente, cerré los ojos y me desmallé.

Parte 2: El "Gran Paraíso"Editar

Me desperté con un fuerte dolor de cabeza, y no sentía la oreja izquierda, me la toqué y supe por la punzada de dolor que la oreja seguía ahí, pero estaba vendada. Estaba acostado en una cama, que el colchón era tan fino que podía sentir los fierros que estaban debajo de él, miré hacia el techo y estaba todo mohoso y oscuro, me senté en la cama y lo único que había en la habitación era un inodoro y la cama, con unos barrotes que estaban abiertos, estaba en una celda. Salí de la cela y vi que era la primer comisaría de San Fernando, y escuché a gente hablando… al menos que ahora esas cosas hablasen, tenían que ser personas, fui hasta la habitación y abrí la puerta, no lo podía creer ¡personas!, eran unas diez contándolas a simple vista, todas me miraban fijamente, reconocí a las dos personas que me dispararon.

-¿y tú quien eres?-me dijo con tono de superioridad y sacudiéndome el pelo-

-Soy Facundo.-

-yo soy Martín-dijo en un tono serio-estás sorprendido? Porque no se te nota- me dijo con sarcasmo-

-Es que no lo puedo creer-dije mirando a todos- no puedo creer que encontré a alguien tan rápido.-

-¿Como que tan rápido?, ¿que no te diste cuenta que van ya como dos años desde el primer infectado?- me dijo como si le estuviese hablando a un retrasado.-

-¡¿Dos años?! Bueno, es que yo recién despierto de un coma y… no sabía desde hace cuanto estaba esto-

Todos me miraron con expresión de asombro, y creo que si Martín no hubiese preguntado primero, todos lo hubiesen hecho al unísono

-¿Tu mama se llama Clara?- dijo con un leve tono de entusiasmo-

-¡Sí!, ¿La conoces?- dije con un grito que resonó por toda la habitación.-

-Sí, está en nuestro grupo, creo que se va a poner muy contenta

-¿Grupo? Pero busqué en casi todo San Fernando, ¿en dónde están?-

-El problema mi joven amigo-me dijo con un tono gracioso- es que tuviste bastante suerte-

-¿Suerte? ¿Porque?

-Porque no somos personas caníbales, o porque Alec no tiene buena puntería-dijo señalando con los ojos a el chico que me disparó- o porque despertaste justo hoy o porque teníamos los recursos para vendarte y desinfectarte bien esa oreja.-

-Bueno, entonces soy la persona con más suerte el día de hoy creo. Entonces, ¿en donde está su grupo?

-Estamos en San Isidro, en el Hospital Central para ser precisos.-  

-Bueno, ¿puedo ir con ustedes?- dije con algo de inocencia.-

-Nos han hablado tanto de vos que creo que ya sos de nosotros desde antes de que te dieses cuenta-dijo con un tono amistoso- ven, nos tenemos que ir ya, te contaremos todos los detalle cuando lleguemos al hospital-

Asentí con la cabeza y lo seguí hasta un gran camión en el estacionamiento de la comisaria, con todo el resto de las personas atrás mío, me dijo que quería que fuese en el asiento del copiloto para poder ver mejor el “Gran paraíso” que había hecho del hospital.

El viaje fue tranquilo, fuimos por la ruta Acceso Norte y ni siquiera un caminante había, llegamos en media hora y ya a cada minuto estaba más ansioso. Llegamos y una barrera de cercas altas de metal medio grueso cubría los alrededores del hospital. Estaba custodiada por hombres en unas plataformas sobre la parte de arriba de las cercas y había un solo portón tan grande que servía para que el camión entrara sin problemas. No había casi nadie afuera, unas muy pocas personas, unas vigilando el portón, otras vigilando las cercanías del hospital y otras custodiando otras partes de la cerca.

Entramos con el camión y estacionamos el camión en estacionamiento del hospital que estaba dentro de la “zona segura” bajamos todos del camión y miré todo lo que era, Martín tenía razón, esto enserio era un “Gran paraíso”, no había ningún peligro ahí adentro, y el hospital era muy espacioso, me acuerdo que un informe el año pasado… bueno mejor dicho en 2009, decía que podía alojar a ciento cincuenta pacientes , eso quiere decir en estos momentos, ciento cincuenta personas. Entramos y a los dos minutos o menos quedamos Martín y yo solos, parece que todos se habían esfumado, se debieron ir con sus familias, y yo quería ir con la mía. Martín me dijo “Ven, vamos a ver a tu familia” lo dijo con un tono tan feliz que pareciese que me diese un premio de un millón de pesos, y para mí era eso, fuimos hasta un lugar que parecía un gran comedor, con las puertas medio abiertas, Martín abrió las puertas de par en par, y pude ver a mi mama, jugando con Maia y teniendo en brazos a Leandro, mi mama me miró con cara de asombro y Maia también, pero no pudieron decir nada porque fui corriendo rápidamente hacia ellos y los abracé con tanta fuerza como la que nunca pude, creo que mi mama empezó a llorar, pero fue de alegría porque reía al mismo tiempo, mi hermana me abrazó por el costado, entrelazando sus brazos con los míos, creo que Leandro se asustó y pegó un grito, por eso los solté y retrocedí un paso, viéndolos fijamente. Mi mama se veía bastante bien, no estaba lastimada, mi hermana Maia, que si el cálculo no me tenía ya doce años, era toda una “mujercita” creo que su inocencia se le quedó en el camino hace un largo tiempo, mi hermano, era un gigante, ya debía tener unos tres o cuatro años, y casi no lo reconocí, el tampoco debió reconocerme, prácticamente nunca me vio. Martín se fue por la puerta gritando “Ahora vuelvo”, me quedé hablando con mi mama sobre todo lo que había hecho para llegar hasta el grupo, ella me miraba fijamente, como si mirara una hermosa obra de arte, mi hermana también, quien me contó también que en el colectivo solo se cortó, y que sus heridas sanaron en muy pocos meses, mi mama me presentó con Leandro, que no entendía mucho sobre tener un “Nuevo hermano” de quince o dieciséis años, mi mama me contó también que no llevaban la cuenta de los días, pero sabían que era 2012, y que a juzgar por el clima, estábamos entre mayo-junio. Eso quería decir que estuve dos años de mi vida sin hacer nada, casi como un muerto, y que tengo catorce años.

Martín volvió con lo que parecía todo el grupo de sobrevivientes que había, eran unas treinta personas, la mayoría eran familias, pero también había parejas y algunas personas solas, me presentó con todo el grupo, diciendo que era el hijo de Clara, y todos me dieron un aplauso, parece como si me conocieran de toda la vida, y yo ni siquiera conocía sus nombres, se fueron presentando de uno a uno, recuerdo algunos nombres, aunque me acuerdo de algunos, una chica de quince años se llamabas Clarissa, era bastante linda, y tenía un buen cuerpo, y era de mi edad, era más que un cielo en estos momentos, me saludó con una sonrisa , y luego se fue, después estaba el chico que me disparó, Alec, se presentó conmigo con algo de “timidez” por así decirlo ya que no empezamos bien, después me acuerdo del papa y la mama de Clarissa, creo que se dieron cuenta que le eche el ojo a su hija, porque no me miraron con cara muy amistosa, después estaba José, un chico de trece años, que le iba a tener un ojo encima siempre ya que mi hermana tenía su edad, después esta Lucas, un chico de mi edad, aunque algo estúpido, sería bueno hablar con algún chico de mi edad, Manuel, un chico de dieciocho años que se veía bastante serio, casi sin emociones, Lara, una chica de veintitres años que seguro le serviría de compañía a mi hermana, los mellizos, Augusto y Alan, de diez años, que eran los más pequeños del grupo excepto por mi hermano, Nicolas, un chico de veinte años con el pelo morocho y desordenado que estaba junto a una chica que se llamaba Michelle, seguramente eran novios o "muy bueno amigos" o era gay y Valentín, un chico de veinticinco años que era bastante amigable, y era el hijo de Martín. Todos me trataron bien, y me sentí como en casa, mas al saber ahora, que no era el único vivo en planeta. Martín me entregó mi bolso y mi arma, le dije que no tendría problema de compartir la ropa con a gente que le vaya, y algunas personas que eran de mi talla esbozaron una sonrisa gigante, después como regalo de bienvenida Martín me dio una “funda” para las manopla-cuchillas y eso me serviría de mucho para tenerlas guardadas y no cortarme.

Fui con mi familia a la habitación en donde ellos estaban, y me dijeron que yo tendría una al lado de la suya, aunque no me gustaba la idea porque quería quedarme protegiéndolos de cerca, acepté ya que no quedaba mucho espacio. Luego vi que la otra habitación vecina era la de Clarissa, y cuando entré a mi habitación a guardar mis cosas la vi salir y le di una gran sonrisa, todo parecía perfecto.

Parte 3: Historia de Sobrevivientes Editar

Terminé de ordenar mi habitación,  no tenía mucho que ordenar, y para una persona creo que era perfecto, estaba un poco desordenada en el sentido de sucio, pero no me molestaba mucho, lo único que me importaba era estar cerca de mi familia, salí de la habitación y fui a la habitación de mi familia,  mi mama estaba durmiendo a Leandro mientras Maia le cantaba, me senté con ellos y me quedé mirando a Leandro hasta que e durmió. Cuando se durmió completamente, salimos todos de la habitación con Leandro en brazos de mi mama ya que aunque ella hubiese estado hace tiempo en “este mundo” todavía no confiaba en dejar solo a Leandro durmiendo, fuimos al gran comedor y estaba Martín hablando con Valentín sobre algo que Valentín parecía bastante enojado, creo que no habíamos llegado en un buen momento, pero los dos nos recibieron como si nada estuviese pasando, Martín nos dio una señal con la cabeza para que nos sentemos, y empezó a hablarme a mí con un tono bastante tranquilo:

Martín:  Primero, bienvenido a nuestro grupo, ya sos un integrante oficial por así decirlo, porque en estos tiempos no se puede confiar mucho en las personas, pero tu mama y tu hermana se encargaron de aclararnos estos años que sos una muy buena persona, y que podemos confiar en vos, pero no te confíes en los demás, porque ahora el mundo está muy “loco” como para confiar en cualquiera que se te acerque –me dijo con un tono serio-  por eso tenés que confiar solo en las personas que son del grupo, ¿está bien?

Facundo: Si, no hay problema.

Martín: Y lo segundo, me imagino que te preguntaras, o al menos te dará curiosidad, de cómo llegamos hasta acá, bueno, para eso estamos, para contarte lo que nos pasó y para que entiendas así un poco mejor como está el mundo ahora.

Facundo: Pero, si no quieren hacerlo, no se obliguen.

Clara: Bueno, creo que te interesará más que nos pasó a nosotros, no tengo problema en contártelo, ya que paso mucho tiempo como para llorar por esas cosas, aunque no esperes que te lo cuente con detalles:

Si la memoria no me falla todo esto empezó el veinticuatro de marzo de 2012, yo estaba cuidando a Leandro mientras esperaba que fuesen las cinco para ir a visitarte al hospital, ya que esa era la hora de visita, además que justo a esa hora Maia, hablando de eso, a ella en el accidente no le pasó nada grave, tuvo unas leves raspaduras que curaron antes de un mes, siguiendo con el tema, ella salía del colegio y tu papa del trabajo, ya eran las cuatro y media así que cambié a Leandro y salí de la casa yendo hacia la remisería que estaba a una cuadra de casa. Llegué y tomé un remís hasta el hospital, ahí ya me estaban esperando tu hermana y mi papa. Entramos, nos registramos y fuimos a tu habitación, estabas completamente inmóvil, como un títere sin nadie que lo esté usando, tenías puesto el respirador y unos cuantos cables y tubos conectados a tus brazos, estabas pálido y algo flacucho, ya estabas desde hace cuatro meses ahí, y nosotros íbamos a visitarte casi todos los días y tus amigos al menos una vez por semana, ellos eran muy buenos. Nos quedamos viéndote un rato, todos te dimos un beso en la frente. De pronto empezamos a escuchar gritos del pasillo, tu papa nos dijo que nos quedáramos y que no hagamos ruido, volvió en unos cinco minutos trabando la puerta al entrar y nos dijo lo que pasaba, parecía que un paciente se había convertido en un monstruo que comía personas, él nos dijo que nos quedáramos tranquilos y que no hiciéramos nada, mientras el agarró un mueble y lo partió en pedazos para entablar las ventanas ya que estabas en planta baja. Tratamos de despertarte, pero no tuvo caso, nos habían dicho que ibas a despertar en meses y aunque sabíamos que hoy te habían renovado el suero, no había que ser genios para saber que “esto” no iba a durar tres días, ahí papá hizo algo bastante loco, sacó el suero que estaba guardado en la despensa, que era bastante, y lo conectó a tu tubo, pensó que eso te iba a ayudar, y ahora veo que tenía razón,  ya que estás acá al lado mío y aunque se te vea algo escuálido, no hubieses sobrevivido-mire con total curiosidad a mi mama, ahora sé que gracias a mi papa sobreviví al coma-después tu hermana y yo te dimos un gran beso en la mejilla, y salimos por la puerta, todo estaba destrozado, y aunque no hubiese ningún “activo” muy cerca, sabíamos que por el ruido estaban cerca-¿Qué es un “activo”?, interrumpí a mi mama preguntándole- aaahh, sobre eso, tenemos diferentes tipos de “nombres” para esas cosas, ya que algunas se comportan de forma diferente a otras, después te voy a hablar de eso, como decía, salimos del hospital y fuimos corriendo hacia el auto de papa, el mató a unos cuantos en el camino pero no sabíamos porque había tantos, fuimos a toda velocidad hasta nuestra casa, papa estacionó al lado de la entrada en el patio delantero y todos entramos a la casa, cerramos todas las puertas y las ventanas, vimos como esas cosas se comían a la gente, fue horrible la primera vez, después te acostumbras. Prendimos la tele, para ver que decían las noticias, el hombre de las noticias habló lo más rápido que pudo y al mismo tiempo lo más normal posible para  que toda la república argentina lo entendiera, dijo que toda la población tenía que ir a la capital de su respectiva provincia, que el gobierno iba a hacer algo para poder resguardar a los que quedaban. Apagamos la tele y todos decidimos hacerle caso a el noticiero, empacamos todo en bolsos, Maia estaba llorando y la tranquilice, y, aunque no sé cómo tu hermano se durmió y al menos eso lo hizo más fácil de cargar. La verdad es que hasta el día de hoy no sé porque mierda tu papa hizo eso -dijo ella con una especie de enojo/tristeza- pero tu papa fue a buscar algo a el patio trasero, no sé qué quería buscar, pero parecía que lo encontró y se lo puso por detrás de la espalda como para sorprendernos al entrar…. Pero el nunca entró…. Grite todo lo que pude pero no me escuchó, un “salvaje” tiro la cerca pequeña que dividía un patio trasero del nuestro y lo atacó por la espalda, mordiéndolo en el hombro, papá se dio vuelta y su última acción fue pegarle un tiro en la cabeza y calló al piso, acto seguido tu papá también cayó al piso y se quedó ahí quieto, luego giró la cabeza y susurró “te amo amor” y no se movió más, todos lloramos, después de un rato nos dimos cuenta que teníamos que irnos de ahí y eso hicimos, yo manejé el auto mientras Maia estaba atrás con Leandro, pero no me di cuenta del combustible, al llegar a San Isidro nos quedamos sin combustible, no sabía qué hacer, no tenía armas, de hecho nada con que defenderme, estaba nerviosa y ni siquiera podía pensar, y ahí fue cuando me encontraron Martín y Valentín que estaban con unas armas en la mano y corriendo por la calle, yo les hice señales para que me vean, y cuando se dieron cuenta que estaba viva y con dos chiquitos, me ayudaron como mejor pudieron. Después creo que el resto es un poco obvio, Valentín pensó en el hospital y vinimos, encontramos personas en el camino y lo despejamos completamente, hicimos esta cerca y así estuvimos seguros durante los últimos cinco meses.-pero, ¿esto no está como desde hace un año? Le pregunté a mi mama- sí pero eeemm…. ¿Martín… puedo decirle? –Si Clara, no hay problema, dijo Martín con algo de enojo en su tono- bueno, a lo que se refería Martín con lo de que la gente no siempre es buena ahora es que nosotros recibimos un “ataque interno”, uno de nuestros residentes y unas cuatro personas más trataron de tomar el control haciendo que mordedores entraran al hospital, nadie sabe como hicieron pero lo hicieron. Murieron muchas personas, vos tal vez ves una gran cantidad de personas ya que somos treinta y cinco, pero antes éramos casi cincuenta, este grupo sufrió mucho pero nos restablecimos y pudimos seguir.

Martín: bueno, supongo que ahora sabes que este mundo no es un camino de rosas. – dijo con algo de felicidad- pero también sabrás ahora que lo hemos soportado y que eso es difícil ahora.

Facundo: si, eso ya lo entendí, pero, ¿qué pasó con el grupo que hizo todo ese desastre?

Martín: el grupo que hizo eso….el líder era Carlos Salguente, mi mejor amigo, y me traicionó, y aunque no podía matarlo, lo exilie a él y a sus seguidores, María, Alberto, Claudio y Lucía afuera del grupo y nunca más volvieron o se vengaron, supongo que ya estarán muertos.

Facundo: aah, bueno, gracias por contármelo, ahora sé que tengo que ser cuidadoso tanto con los muertos y con los vivos.

Clara: aah, eem nos faltó algo que contarte pero… Martín y yo…

Facundo: advino adivinador, son pareja

Clara: bueno, no pensé que fuese tan obvio, pero es algo más…

Facundo: no me digas que estás embarazada! Porque si es eso, Martín te…

Clara: ¡NO! Eso creo yo nunca va a pasar-dijo ella interrumpiéndome- es solo que, lo hicimos de alguna forma “formal” estamos casados.

Se hizo un momento de silencio algo corto y yo volví a hablar

Facundo: bueno no hay problema, al menos ahora tengo una familia un poco más grande.

Mi mama al parecer se sorprendió por mi respuesta y me abrazó fuertemente.

Clara: bueno, que suerte que estés de acuerdo, pensábamos que no ibas a estar muy feliz.

Facundo: lo que a vos te haga feliz a mí también.

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