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Capítulo 5: Ver para creerEditar

     Dejando atrás el desastre aéreo, sin dejar de pensar en lo ocurrido, continué recorriendo la llanura por varias horas, matando a cada “morfón” que encontrara, mostrando mi desprecio hacia ellos por haber sido los responsables de matar a los dos únicos seres amados que me quedaran. El sol estaba bien arriba, justo en el medio, calculo que debía ser medio día, qué ganas tenía de comer algo rico, un asado tal vez, aunque lo que se concinaba era yo, y los que iban a comer eran los “morfones” y los caranchos que no paraban de seguirme desde los cielos, esperando a que estuviese muerto.

     Finalmente tuve un avance, había encontrado un río, para que sepan, no, no era el Rio de la Plata, pero al menos no iba a morir de sed. Corrí desesperada hasta la orilla, – abran cancha, que no llego – dije al aire, con voz rasposa, y moviéndome cuan borracho que sale de un boliche. La vista se me oscureció metros antes de llegar, y caí rendido sobre la hierba seca, tosiendo un poco, y estirando los brazos, como queriendo alcanzarlo, ya no daba más.

     Por más que estirara los brazos, nada sucedería, solo pude arrastrarme penosamente por el suelo. Qué patético, eso mismo pensaba, y para empeorar la situación adivinen quien apareció, adivinaron, el pibe imaginario, que no romperme las pelotas – mirá vos, ahora te estás arrastrando solo por algo de agua, ni te calientes, si de todas formas vas a morir - , con las fuerzas que me quedaban, alcé un brazo, y con la mano le hice el Fuck. Se cagó de risa, – hacerme el Fuck no va a cambiar nada, vas a morir como naciste, como un hijo de puta cagón sin familia, que se degrada solo por algo tan patético como el agua – dijo sonriendo, y rápidamente me levanté, e intenté pegarle una trompada, solo para ver que se había desvanecido.

     Hay que ver el lado positivo, al menos logró que me pusiera de pie, de no ser por él seguiría echado en el suelo. Sin dejar de pensar, me tiré al gua, con ropa y todo, no viene mal un buen baño. Desesperado, metí la cabeza en el agua, tomándola aunque tuviera alguna que otra bacteria de morondanga, y mojándome también el pelo. Todo estaba piola, hasta que sentí algo tocándome el pié, no era un pescado, porque estos no tienen manos, eso último era lo que sentía, aquello que me agarraba.

     Sin pensarlo, salí del arroyo, para darme cuenta que un “morfón” era lo que me agarraba el pie; saqué el Parang, y se lo incrusté en el cráneo, acabando con la vida del hijo de puta. Eso era raro, los había visto atacar en tierra ¿pero en el agua? Seguramente el fulano fue mordido, se cayó al agua, y de alguna forma quedó atrapado, pero lo raro posta, es que creía que aquellos boludos necesitaban aire, que seguían siendo personas, ahora me daba cuenta que no era así, ellos ya no eran humanos, y jamás volverían a serlo.

     Me escurrí la ropa, y congelado me quedé al escuchar algo, no un sonido común, era el de alguien cargando un arma, posiblemente una escopeta. Levanté las manos, como cuando te detiene un policía, – ¿sos boludo o te hacés? No soy un policía, date vuelta d'una vez – dijo una voz ronca, tragué saliva, y lentamente giré el cuerpo para ver al agresor. Ante mi, de forma imponente, y apuntándome con una escopeta Harrington & Richardson Pardner Pump, estaba un hombre algo robusto, de ropa un poco andrajosa, y con una mirada asesina, listo para apretar el gatillo, y terminar de una vez por todas con mi sufrimiento, el que vivía cada día.

     Mantuve la calma, - linda escopeta...buena para mantener a los muertos alejados, no tan efectiva en cuanto a disparos de larga distancia se trate, pero te mantiene seguro – dije con voz tímida, una buena observación era un buen modo de empezar con el pie derecho, bajó el arma, – dejá de ser chupamedias y vení acá, que te llevo pa' la quinta – dijo él en tono sarcástico, y crucé el arroyo hasta quedar enfrente suyo. A una quinta dijo que iríamos, según me había informado, en esa zona había unas cuantas, puede que los “morfones” no hubiesen llegado hasta allá, pero solo había una forma de averiguarlo.

     Ambos subimos al caballo con el que había llegado hasta aquél lugar, éste relinchó, como todo potro, pero luego de unos segundos empezó a galopar. Todo se agitaba en la marcha, el dueño le ordenó al animal ir a un ritmo más lento, a lo que hizo caso. La verdad que nunca me subí a un caballo, era la primera vez, y la verdad que fue satisfactorio, para no estar todo el día caminando, poniendo un pie frente al otro, aumentando el dolor, tanto físico como mental.

     Recorrimos como medio kilómetro desde el río en el que me encontró, en todo el camino hubo silencio, pero todo eso cambió después. Escuché voces, eran cantos ligeros, más extraña se volvió la situación, cuando vimos un montón de hombres, mujeres y niños marchando, portando cada uno una cinta negra alrededor del antebrazo, cantando de forma suave y precisa, parecían tristes.

     Estaba intrigado ante el espectáculo, toda esa gente caminando ahí, como si nada, en final y cantando. El hombre me habló en voz baja – no los mires...solo dejalos seguir su camino -, le pregunté qué sucedía, y me explicó – esa es la Marcha de los No-Muertos, son personas, o por lo menos eso parecen, que al iniciar esta mierda perdieron seres queridos, y desde entonces cada tarde, todos aquellos de esta zona de la llanura argentina, se reúnen, y marchan para buscar a aquellos que amaban, y que los muertos les arrebataron...cantan para llamarlos, ya sea que tengan éxito o no...es muy triste, lo sé, pero son sus vidas, y si ellos quieren que esas cosas los maten, que se jodan, por tarados –, me quedé atónito con lo que escuché, simplemente no lo podía creer.

     Re flashero lo que había visto, no había nada más conmovedor, que ver a muchos buscando a sus hijos muertos o perdidos, aún sabiendo que no lo encontrarían, y que además estaban armados,  pero aquello, si uno lo mira desde otro ángulo, lo hace pensar sobre la vida, sus seres amados, y todas esas pavadas. Decidimos no hacerles caso y seguir el camino hasta la quinta, el viaje fue largo, y finalmente, después de un rato llegamos a su hogar, pero temía que fuese una rampa, como un depredador que atrae a su presa a su trampa, para comerla mejor ¿me sucedería lo mismo?

     Al fin habíamos llegado, un nuevo hogar, o una trampa. Dejó al animal atado a un árbol cercano, y fuimos a pie, él ni me dirigió la palabra, se comportó de manera fría hacia mi, de hecho, antes de cruzar la puerta, me miró, y fijo – ahora escuchame pibe...te lo voy a dejar bien claro, llegás a hacerle algo a mi familia, y no solo te voy a cagar a palos, sino que además, voy a hacer que te arrepientas de haber venido al mundo ¿entendiste? –, asentí con la cabeza, aunque ya la había perdido hace mucho.

     Abrió la puerta, el interior estaba vacío e intacto, mis temores de que fuese una trampa aumentaban, y si algo sucedía, estaba preparado para partirle la cabeza a ese loco. Respiró profundamente, – ¡Amor, ya volví! ¡y traje un invitado! – gritó el a la nada, sin obtener respuesta alguna.

     Estaba completamente desconcertado, y sospechaba de mi compañero, aunque todo quedó aclarado segundos después, cuando de la nada,s e puso feliz, gritando - ¡hijo! -, y por último agachándose, para abrazar al aire, como si hubiese alguien ahí. No había duda alguna, ese tipo estaba loco ¿pero que tanto? En aquel entonces solo lo vi abrazar algo que no existía, solo podía hacer de cuenta que todo estaba bien, para que no me echara, o peor aún, que me matara.

     Dejó de abrazar a la nada, y se incorporó, –  pibe, este de acá es mi hijo, Marcelo – dijo sonriendo, solo me quedé mirándolo callado, – dale, saludalo ¿que estás dormido, che? - insistió, frunciendo un poco el ceño, algo tenía que hacer, asi que, bajé la cabeza, como mirando a un nene chiquito, y saludé con la mano, y mostrando una sonrisa falsa en mi rostro.

     Suspiré aliviado, aunque más rara se puso la cosa, cuando fue a la puerta de la cocina, y le dio un beso al aire, – hola amor – dijo él, seguramente estaba saludando a su mujer, o lo que él creía que era, – familia, traje un invitado...eh, chabón ¿cómo te llamás? – comentó mirándome, y le dije – ah, me llamo Nahuel Heredia ¿y usted señor? No me dijo su nombre cuando nos conocimos –, se puso un poco contento, y habló – bueno, soy Juan Barredo, la que está a mi izquierda es mi mujer, Gabriela, y el de mi derecha, ya lo conocés, Marcelo –, otra vez puse una sonrisa falsa, aunque por mis adentros, quería decir algo como “dale flaco, ahí no hay nadie, estás re chapita”, pero como ya dije, no quería que sacara de ahí, pegándome una patada en el culo, o dándome un disparo en la cabeza.

     Me enseñó la quinta, pasando primero por la habitación del nene, la cual observé, y estaba totalmente intacta, algunas cosas hasta tenían polvo. Luego, me mostró la de él y su mujer, ni quería pensar en lo que hacían en esa habitación. Después el quincho, donde estaba la parrilla para los asados, y la mesa para comer, y mejor aún con un lindo paisaje. Finalmente, me mostró un corral donde había gallinas, y otro donde había unas ovejas, de ahí sacaba la comida, al menos no iba a morir de hambre.

     Ya había conocido su hogar, ¿pero donde iba a dormir? Esa era la pregunta del millón, y al hacérsela, al instante me contestó, y me dijo que dormiría en una habitación extra, donde dormían los invitados que solían quedarse en aquel lugar, antes de que la epidemia comenzara, según comentó, esos era principalmente familiares, padres, primos, suegros, o amigos, todos ellos, ya no volverían.

     Anochecía, y era la hora de comer, por fín. Hizo un riquísimo asado, de carne de oveja, y pollo, uy, cómo recuerdo el choripan. Al ver que Juan y yo eramos los únicos en la mesa, quedé intrigado, pero supuse que su mujer e hijo estaban ahí, lo que no dejó de parecerme raro, fue que no le ssirviera ¿acaso sabía que no existían? – che ¿tu familia no va a comer? - le pregunté, – no...hace días que no comen, les ofrecí, pero ni ganas tienen...no desde que los atacaron – dijo comiendo. ¿Había escuchado bien? ¿dijo “desde que los atacaron”? Le pedí que me contara sobre el tema, y empezó a hablar – bueh, mirá...hace días, cuando el mundo se fue a la mierda, lo primero que hice  tratar de proteger a mi familia, pero los guachos esos de por acá, los muertos, los atacaron...pensé que habían pasáu a otra vida, pero aparecieron ante mí...y resulta, que solo pasaron a una nueva etapa...después maté a hijo de re mil puta que los lastimó, y enterré los cuerpos por ahí –, por fin todo había quedado claro, ese pobre hombre, solo era uno de los tantos que perdieron a un ser querido, como los integrantes de “La Marcha de los No-Muertos”, que buscaban a sus seres amados, y que perdieron por culpa de los “morfones”.

     Terminamos de comer, y cuando “todos” se habían retirado, yo preferí quedarme ahí afuera, contemplando las estrellas, por siendo honesto, me tranquiliza, me pone pensativo. Mirando el firmamento, solo me puse a recordar todos aquellos buenos momentos, los que tuve con mis viejos, mi mejor amigo, mi hermanita. Todo se volvió un mal recuerdo, ya que al acordarme de cada uno, veía las formas en que murieron, y qué hice para que lo merecieran. Yo solo era un pelotudo que debería haber muerto hace mucho tiempo, pero sucedió al revés, no he muerto, y en cambio, murieron todos los que amaba ¿era un castigo de Dios? ¿todo era una simple pesadilla, y nada eso estaba pasando? Tantas preguntas sin respuesta.

     Harto de ver esos putos brillos en el cielo nocturno, que no hacían más que hacerme sentir peor, fui adentro, y encontré a Juan recostado sobre un sillón, lo más pancho. Me reí, y capté su atención, – ¿de qué boludéz te estas riendo ahora? – preguntó con el ceño medio fruncido, y le dije – nada...es que...al mal tiempo, buena cara –, no me hizo caso, y prendió una radio antiquísima que había en la mesa.

     Trató de buscar la frecuencia correcta, encontrado interferencia en todas. Luego de varios intentos, logró apenas escuchar dos palabras, que me intrigaron bastante, esas palabras era “República Dominicana” ¿qué tenía que ver con todo esto? Esa pregunta aún hoy en día me pasa por la cabeza, pero supongo que hablaban sobre la plaga, sobre los lugares que afestaba la epidemia, donde morían personas ¿pero a mi que mierda me importa lo que pase en otro lugar? Solo le doy relevancia lo que pase en Argentina, y lo que a mi me suceda.

     Horas después, ya era de noche, todo estaba a oscuras, y cada uno estaba en su habitación durmiendo, incluyéndome, aunque no soñé con los angelitos que digamos. La razón por la que digo esto, es porque tuve la misma pesadilla, la de mis seres amados, que iba a una mesa a cenar con ellos, y se convertían en “morfones” o algo peor, solo sabía que me querían comer, hacerme pagar por mis crímenes. Desperté súbitamente, algo transpirado, y con sed; me levanté, y fui a tomar agua, para después volver a dormir, por difícil que fuese.

     Muy callado, y sin hacer un ruido, salí de mi habitación, no quería despertar a Juan, y a “su familia”. Al pasar cerca la habitación del hombre y su mujer, lo escuché, hablar, y miré  por una hendidura que había en la puerta, no soy un chusma, pero en aquel momento, escuchar de lo que hablaba con su esposa imaginaria, era lo más interesante que pudiera encontrar.

     Lo vi abrazando a la nada, ahí recostado sobre el colchón, apoyándose en el lado izquierdo de su cuerpo, hablando – ya sé amor, no hay que dejar que vengan desconocidos acá...pero miralo, él no parece peligroso...pero ustedes saben que siempre los voy a proteger... –, y pasó su mano por el aire, como si hubiera una persona ahí. Se sacó la ropa, y quedó en bolas, lo que me dejó con cara de “que mierda...?” fue lo que hizo entonces. Se volví a recostar, y literalmente, lo digo posta, se estaba cogiendo al aire, o lo que el creía que era su mujer.

     No podía seguir viendo, y me fui volando al exterior, lo que hacía Juan de por sí era raro, no sé que tan al pedo estaba ese hombre, solo sabía que me tenía que ir de aquel lugar, sino ¿qué iba a ser de mí? ¿cosa pasaría por su traumada y obsesiva mente? ¿qué atrocidad me haría si continuaba en aquél manicomio? En el momento más inoportuno, miren quien aparece, el chabón  que nunca existió, – andate, ustedes los seres imaginarios ya me tienen harto... – le dije dándole la espalda, pero fue en vano el intento, pues se puso frente a mí y habló – escuché que te pensas ir de acá ¿es que tenés miedo de que te haga algo? –, y soltó una risa medio macabra. Fruncí el ceño, y le pregunté sarcásticamente – ¿y eso te importa? A vos no te importa un carajo lo que me pase, dejame solo, andate a lo de Fulano, rompele las bolas a él –, y me fui a caminar por ahí.

     Me paré abajo de un árbol, respirando profundamente, intentando calmarme, y pensando que todo era un sueño terrible, que despertaría como todos los días antes de que todo empezara, levantándome de la cama, desayunando con mi viejo, yendo al colegio con mi amigo, y a las tardes entrenando para ser como mi papá, pero sabía que nada de eso sucedería, es verdad, todo era una pesadilla, que por desgracia estaba viviendo. Se me apareció el pibe imaginario, otra vez, y miren que estaba apunto de pegarle una trompada, aunque lo traspasara, pero empezó a hablar – antes de que hagas una locura, escuchame...¿porqué sos vos el que tiene que irse? Que él se vaya...me importa una mierda si esta es su casa o no, por una vez, dejá de pensar en los demás, y hacé lo mejor para vos, para nosotros...por eso te digo, que mañana, te deshagas de él...tomá en cuenta lo que digo pibe, es por tu bien, y por el mío –, puso su mano en mi hombro y se desvaneció en el acto.

     Odiaba decirlo, pero por un vez, él estaba en lo cierto, y tuve que escucharlo, porque ¿quien merecía ese hogar más que yo? Puede no fuese legítimo tomarlo, debido a que me daba lástima deshacerme de Juan, pero ya no podía soportar lo que estaba haciendo, no estaba bien, él no podía seguir así, peor tampoco pensaba matarlo. Volví a mi pieza, me acosté, y pensé que, por la mañana, iría hasta el dueño d ella quinta, e intentaría razonar con él, pero temía que no funcionara, con ese tipo de personas, como Fabián o Juan, que han perdido lo poco que les quedaba de cordura, no se puede razonar, pero como dicen, el que no arriesga no gana.

      El sol salió, y la habitación quedó medio iluminada, al menos no era como a la noche. Me levanté, y fue hasta Juan, quien estaba cocinando un asado, lo suficiente para ambos. Mientras comíamos, hice de cuenta que no pasaba nada, pude haberlo asesinado, tenía en mi mano un cuchillo y en la otra un tenedor. Fácilmente podría haberlo apuñalado con el cuchillo para carne. O de otra forma, pude haberle sacado ambos ojos, uno por uno, y luego arrancándole pedazo por pedazo de su cerebro, al estilo de Hannibal Lecter. Nada de eso hice, porque no soy un asesino.

     Terminamos de almorzar, con un estómago lleno, uno está de buen humor, o por lo menos más tranquilo. Me aclaré la garganta y empecé a hablar – Juan...hay que hablar sobre algo...es tu familia, o aquello que vos pensás que lo es...no podes seguir así, ellos ya no existen, están muertos, se fueron al cielo...mirá hasta donde llegaste, vivís con personas imaginarias, pensás que son de verdad, cuando en realidad no es de ese modo...tenés que reaccionar, y avanzar, solo así todo podrá mejorar, y si no es así, tengo que pedirte que te vayas –, me miró de forma neutral, permaneciendo en silencio, pero tuve que prepararme para lo que vendría después.

     Se levantó, y dijo – ah...no existen...están muertos...te dejo vivir acá, y ahora encima me querés echar de mi propia casa...perdoname – sacó de abajo de la silla la escopeta, y no dudé en agacharme, apenas apretó el gatillo. Comencé a correr por el campo, sin mirar atrás, mientras aquel hombre continuaba disparando, y fallando. Me escondí atrás de un árbol, para descansar de tanto correr, aunque el descanso no duró mucho.

      Al girar la cabeza a mi derecha, lo ví apuntándome, – se terminó Nahuel...ya fuiste – dijo cargando el arma, levanté las manos, a modo de decirle que se calmara, y le comenté – escuchame  Juan...no tenés que hacer esto...solo tenés que aceptarlo...ellos están muertos, y hacer de cuenta que siguen vivos no los hará volver –, fue ahí cuando empezó a gritar - ¡¿que lo acepte?! ¡¿aceptar qué?! ¡ellos no están muertos! ¡voy a hacer lo que quiera, y si a vos no te gusta, no tengo que irme yo! ¡es mi casa! ¡es mi familia! ¡yo voy a hacer cualquier cosa para protegerlos, en especial de mierda como vos! ¡¿pensás que no te vi hablando con ese chabón que vos decís que no existe?!  ¡parece que no somos tan diferentes! ¡o aceptas lo que hago, o te pego un tiro! ¡decime donde lo querés, si en tu cabeza, o en tu poronga! –, no tenía miedo, solo me tranquilicé, y me puse a pensar, si ganaba vivía, si perdía moría, y eso último no era una opción.

     Continué charlando con el enfermo mental – escuchame ¿si? Tranqui, tranqui, calmate... –, miré hacia todos lados, e ideé un plan, por el cual rogué a Dios que diera resultado; señalé al aire, y dije – mirá a tu familia...están asustados...te miran pensando que me vas a matar...¿vas a mostrarles la persona que no querés que ellos crean que sos? ¿o vas a bajar el arma, y demostrarles quién sos en realidad, una buena persona que los quiere, y solo se preocupa por ellos?...bajá el arma, miralos, y después decime qué vas a hacer –, parece que me hizo caso, pues puso la escopeta abajo, y miró al lugar donde señalé, tenía miedo de que mi estrategia no funcionara, pero de haber sido así, no hubiera dudado ni un instante en incrustarle el Parang o el Gator Machete Pro en su cabeza.

     Luego de unos minutos, volvió su vista hacia mí, y dijo – pero Nahuel...allí no hay nadie... –, no demostré temor, solo asentí. Se puso de rodillas, y se largó a llorar desconsoladamente, como alguien que perdió a alguien que amaba, lo sé porque me sucedió innumerables veces en la vida. Lo ayudé a levantarse, aunque unos segundos después, agarró la escopeta, y se apuntó a la garganta, listo para disparar.

     Tiré el arma fuera de su alcancé, y le pegué una trompada, interrogándole sobre porqué intentó suicidarse, y argumentó – porque ya no tengo nada que vivir...vos tenés razón, ellos pasaron a mejor vida...y yo quiero estar con ellos, esta es la única forma...vos no entendés –, suspiré, y comenté – no...si te entiendo, no sabes cuanto...pero suicidarse lo hacen los cobardes...hubo tantas oportunidades donde pude sacarme la vida, y no lo hice...porque no se pueden solucionar los problemas así de fácil –, asintió, y ambos nos dirigimos a la quinta, donde al entrar, cada uno fue a su pieza a descansar, por fin todo se había calmado ¿o tal vez no?

     Estuve como un rato cambiando de pose, sin dejar de pensar en Juan. Fue entonces, cuando decidií ir a su habitación, y tener una charla, puede que así tuviera la oportunidad de empezar otra vez. Raro fue no encontrarlo en ninguna parte del lugar, temiendo lo peor, fui al quincho, y a lo lejos lo ví con una soga, y abajo de un árbol. Todo quedó claro, se iba a ahorcar, tiró la soga en una rama muy alta y resistente, la pasó por encima, ató el otro extremo al tronco, se subió a una piedra enorme, pasándose la soga alrededor de la yugular, y sin pensarlo corrí para evitar que aquél temible suceso pasara.

    Al llegar era demasiado tarde, su cuerpo estaba inmovil, y lentamente balanceándose un poco, de un lado a otro, y lo más raro, es que tenía una sonrisa en su rostro. Increible, yo había provocado su muerte, puede que fuera lo mejor, pero eso no era la solución al problema, simplemente no aceptó las pérdidas como yo, y quiso buscar el camino fácil, sin obstáculos para vencer, terminar de una vez por todas, con la pesadilla que todos padecíamos, y que era interminable.

     Atrás mío, escuché cantos en coro, y al darme vuelta los ví, en filas, eran los integrantes de “La Marcha de los No-Muertos”, aún buscando a sus seres amados, los que perdieron al iniciar la epidemia. Volví para ver el cuerpo colgante de Juan, y no podía creer lo que veía, era Juan, ahí parado, con una mujer y un nene, debía ser su familia. Era como para creer en fantasmas, si lo vi morir, incluso veia su cuerpo muerto. Juan solo sonrió, y los tres se juntaron con los integrantes de la marcha, portando cintas negras en los brazos, y cantando mientras caminaban. Yo todavía me pregunto si aquello fue real o nó, pero en aquel entonces, lo que me preguntaba, al ver a Juan, con todo lo que sucedió, y en lo que se convirtió, si al mirarlo no estaba viendo mi futuro.

TítuloEditar

  • El título se refiere a todas esas cosas raras que Nahuel debía ver para poder creerlas, y eso incluye a la familia muerta e imaginada de Juan, a la Marcha de los No-Muertos, y el hecho de de ver a Juan vivo junto a su supuesta familia y los integrantes de la marcha aún cuando lo vio morir.

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