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Capítulo 3: En Nadie ConfíesEditar

     Estaba en medio de la nada, sin hogar, sin familia, con poca agua y comida, lamentándome por todo lo que yo había provocado, dispuesto a seguir vivo aunque una parte de mi no quisiera seguir así. Mi estómago comenzaba a rugir, ya que no había desayunado o almorzado, y era la tarde, saqué de la mochila un sanguche de Jamón y queso que había guardado en un tupper, así se conservaba por un par de días, era lo único que conservaba de mi vida anterior a la epidemia, un delicioso recuerdo, lo mejor era que no tenía nadie con quien compartirlo, todo para mi. ¿Qué estaba pensando? Era muy egoísta de mi parte, porque así me comportaba en los recreos, me comía un alfajor para así desayunar y no tener que compartirlo con nadie, no quería volver a ser como era, quería ser mejor, ser alguien nuevo, esa epidemia podía ser una nueva oportunidad de empezar otra vez, de no cometer los mismo errores del pasado.

     Luego de comer, al estar aburrido, me dormí, y comencé a soñar, eso es algo que ni siquiera el fin del mundo podía evitar. Los sueños son la única forma en que uno puede ver que se hagan realidades todas sus fantasías imposibles, aunque en ciertos casos, las cosas podían retorcerse y volverse lo que uno más odia y teme, eso eran las pesadillas, las que desgraciadamente me habían tocado enfrentar en aquel descanso.

     Noté al abrir los ojos, que estaba en mi habitación, acostado en mi cama, y la puerta se abría, y quien estaba detrás de ella era, ni más ni menos, que mi papá, quien me decía que bajara, que era la hora de cenar, y se iba, cerrando detrás de él la puerta, muy confundido estaba yo, debido a que mi padre había muerto hace rato; sin preguntar, y dejándome llevar por la ilusión, salí de mi pieza, y bajé las escaleras, llegando al comedor,  y los ojos se me quedaron tan abiertos como platos con lo que veía, no solo mi viejo estaba sentado, sino también mi mamá, mi hermanita, y Lautaro, todos reunidos, con platos impecables y blancos frente a ellos, esperando la comida, solo quedaba un asiento libre, en la punta de la mesa, el que me correspondía; fui a sentarme, todos parecían estar muy contentos, como si nada hubiera pasado, mi vieja me dijo que estaban apunto de comer, con dudas y hambre, pregunté - ¿y qué vamos a cenar? -, todos clavaron en mí una mirada asesina, se volvieron pálidos y se les desprendió algo de piel, parecían muertos, lo eran, con una voz apagada, mi vieja dijo – a vos... -, y se abalanzaron sobre mí, con sus bocas abiertas, mostrando unos dientes podridos y afilados, como los de los “morfones”, y comenzaron a morderme en distintos lugares, mientras me arrancaban venas, intestinos, y algún que otro órgano, era mi fin.

     La muerte me había llegado, por parte de mis seres amados, quienes mientras me mutilaban decían porqué hacían eso, porque había causado la muerte de todos ellos, no opuse resistencia, lo merecía. Solo cerré los ojos esperando a que eso acabara, y al abrirlos, muy sorprendido me quedé al ver que seguía adentro del vehículo, sano y salvo, me fijé en todo mi cuerpo para asegurarme de no tener mordidas, y al ver que no tenía nada, dí un largo suspiro de alivia, y recliné el asiento del conductor.

     Bastante relajado estaba yo al darme cuenta de que esa terrible experiencia había sido solo una pesadilla, atrás mio escuché una voz que me dijo – ¿ya estás más tranquilo? -, le dije que sí, y momentos después, mis ojos se abrieron como platos, y lentamente fui moviendo mi cabeza para mirar el asiento de atrás, y la intriga me invadió con lo que vi, era otra persona, lo más sorprendente es que era igual a mi, en aspecto físico.

     No pude pronunciar ni una sola palabra ante ese otro yo, él me miró con una sonrisa que iba de oreja a oreja, y me dijo – hola pibe –, sin pensarlo, y como loco, abrí la puerta, y salí del automóvil, sentándome en el capó, respirando profundo, y diciéndome una y otra vez que eso que había visto no era real, y de forma misteriosa, apareció de la nada a mi lado derecho, seguía sonriendo, y al escuchar que me decía eso de que no podía ser real, me siguió hablando - ¿estás seguro de que no es real? Porque a mi me parece que si -, y soltó una pequeña risa, lo miré, y claro, solo dí un grito, y me alejé un poco, sin dejar de contemplarlo, él no paró de hablarme – pará, pará, calmate un poco che...a ver, ya sé que estás asustado, bueno, intrigado debería decir, para empezar vos tenés razón, yo no soy de verdad, solo soy un producto de tu imaginación, esto pasa porque durante años fuiste sufriendo traumas severos provocados por las muertes de los que más amabas, y la reciente muerte de tu padre, sin contar la soledad, te volvió loco, y me creaste –.

     Si, así es, estaba loco, veía otra versión mía, nunca me había pasado, y luego de escuchar su razonamiento, me tranquilicé un poco, y le dije – che, dejá de hacerte el Freud, y desaparece de una vez –, me miró con cara de “dejá de joder, que no me voy a ir”, obviamente no me dejaría tranquilo, por lo tanto, acercándome a él, fui sincero, y le empecé a hablar – che, por favor, andate y dejame de romper las bolas, me gusta estar solo –, él se volvió a reír, y me reprochó – ya vas a ver... –, y se desvaneció en el aire, eso fue mucho mas raro.

     Había vivido un momento de lo más anormal, no habían pasado ni 3 días desde el fin del mundo y ya había perdido la cabeza, no en el sentido literal por supuesto, aunque lo deseaba, para así terminar de una vez por todas con el sufrimiento que estaba viviendo en aquellos momentos, esperaba que algo o alguien más lo hiciera, porque si lo hacía yo mismo quedaría como un cobarde, al igual que un policía que, en vez de querer atrapar a un criminal, se siente intimidado por este, y huye asustado, yo no era así.

     Entré al auto, respiré profundo, y comencé a hablarme a mí mismo – quedate tranquilo Nahuel, no te estás volviendo loco, eso no te va a volver a pasar, solo hay que tener cuidado, y vas a conservar lo que te queda de cordura, eso que te pasó no fue más que una alucinación, un espejismo, cuando vuelvas a ver, solo ignoralo –, a voluntad propia, fui golpeando una y otra vez la cabeza contra el volante, haciendo sonar la bocina, solo los boludos hacían eso ¿porqué lo estaba haciendo? Para hacerme reaccionar, y ver si podía despertar de esa pesadilla, generalmente uno se pega contra una pared, pero como no había tuve que hacerlo con lo que tenía a mano, claro, puede que así vinieran algunos “morfones”, aunque no le dí importancia, ya nada me importaba.

     Entonces fue cuando vi algo moverse a lo lejos, a lo mejor era uno de esos hijos de puta que buscaban personas para morfar, y no dejar nada de carne en los huesos, ya me tenían harto. Saqué un revólver de los que teníamos, y me tiré al suelo, ocultándome entre las hiervas bajas y arbustos que había en el lugar, debía mantener la calma, y ser cauteloso, que no me viera, lo último que quería hacer era estar corriendo de una de esas cosas, o peor aún, que más de ellos vinieran.

     Estaba como a 30 metros de distancia de esa figura que se distinguía como humana, sin que me viera, corrí hasta esconderme atrás de uno de esos postes eléctricos que también había en aquel lugar; respiré profundo, cargué el arma, y disparé, pero ese hijo de puta era rápido, logré esquivar el disparo y darse vuelta, fue ahí cuando me di cuenta que estuve por cometer un grave error, ese no era un “morfón”, era un humano, una chica para ser exacto, bastante hermosa desde mi punto de vista.

     Lentamente fui bajando el arma, sin dejar de hacer contacto visual con ella, mientras se escuchaba la respiración de ambos, era de sorpresa. Una vez que bajé el revólver, ella me miró bastante enojada, y me gritó - ¡¿que mierda te pasa hijo de re mil puta?! ¡¿me querés matar acaso?! -, era un momento bastante incómodo, no le había dado una buena primera impresión que digamos, solo me defendí diciendo – perdoname, es que...no sabía que estabas viva...pensé que eras...bueno...una de esas cosas, ya sabes cuales –, ya no parecía tan enojada como unos momentos antes, aunque eso no impidió que expresara su disgusto – pues pensalo mejor la próxima vez flaco, y si lo volvés a hacer te voy a meter esa pistola por el orto –,  bajé la cabeza deprimido, estaba muy avergonzado por lo que había hecho, aunque momentos después, me tranquilicé al escuchar su dulce voz – che, calmate...no quise decir eso –, sentí su mano en mi mentón, levantándome la cabeza, su piel era suave como la seda, y en su rostro pude ver dibujada una tierna sonrisa, y me siguió hablando – solo no me vuelvas a disparar ¿si? –, me alegré mucho al ver que ya no me guardaba rencor, y mi respuesta fue un sí, porque ya no iba a tratar de matarla, es más, ni siquiera fue apropósito; Extendí la mano para estrecharla con la de ella, a modo de saludarnos, y se presentó – soy Brenda Inamorato ¿y vos quien sos? –,  me presenté – ah, soy Nahuel Heredia, un placer conocerte -, le sonreí de lado, – ¿y de donde venís? – le pregunté intrigado, a lo que respondió – del barrio La Boca, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires –, me sorprendí con su comentario, le hice reconocer que también era de esa ciudad, solo que de un barrio distinto, le volví a preguntar – ¿y a donde vas? Quiero decir ¿a donde se dirige una mina como vos, en pleno fin del mundo? –, hubo unos segundos de silencio, y me contestó – no sé...solo estoy corriendo por mi vida...sin rumbo alguno ¿y vos? –, la escuché atentamente, y solo le pude decir – ah, mira vos, yo también, excepto que mi situación es diferente, debido a que no me estoy moviendo, el auto ya no funciona, y no soy un mecánico que digamos -, me miró intrigada, y habló – ¿pero no caminas acaso? ¿o es que te da fiaca moverte? –, ambos nos reímos, y le seguí hablando – no, no es eso, es que el auto es un lugar seguro, y adentro tengo un montón de armas, y comida y agua de sobra, tengo para rato ¿eh? –, hizo un pequeño movimiento con su cadera para acomodar su postura, y apoyando su mano en la cintura me preguntó dulcemente – ¿y no me convidas un poquito de lo tuyo? Dale, no seas amarrete –, pestañeó un par de veces, fui ahí cuando cometí un grave error, confiar en ella, dejarme llevar por la atracción que sentía en ese instante.

     Solo viendo lo hermosa que era, sin escuchar a mi cerebro, sin razonar siquiera un poco, asentí con la cabeza, y la guié hasta el coche varado ahí, en medio de la nada, y como buen caballero, le abrí la puerta al asiento delantero, y entré, poniendo a su lado, en el asiento del conductor, apenas entré preguntó por la comida no pude evitar reírme, para luego agarrar un tupper, el cual tenía adentro tres sanguches de peyeto, le dí uno, yo no agarré porque no tenía hambre; también, le dí un poco de agua, eso sí, le pedí que no tomara tanta para que no se agotara, y al terminar me agradeció.

     Estaba en el coche, con una mina, sospechosa, pero estaba buena, puede que ella y yo comenzáramos a repoblar la Tierra, por así decirlo, aunque, si algo me enseñó mi viejo al entrenarme para ser policía, es que no se puede confiar en nadie, ay, cuanta razón tenía él, debí hacer caso a esa regla. Muy aburridos nos quedamos,  y reinó el silencio, junto a la sospecha, y el misterio, ninguno de los dos nos conocíamos, ni sabíamos nada del otro, solo nos mirábamos de reojo, cada uno por su lado, no podíamos ser sorprendidos.

     Fue ahí cuando vi que uno de esos hijos de puta venía hacia nosotros, saqué una pistola de la bolsa de armas, pero todo dio un giro de 180º, esto se debe a que el “morfón” no continuó hacia el auto, sino hacia el cuerpo muerto de mi padre, sobre el cual se abalanzó, y empezó a devorar. En mi interior sentí mucho odio e ira, aunque él estuviera muerto, seguía siendo mi papá, y no iba a dejar que se convirtiera en alimento para esos asesinos , entonces, muy decidido, salí del vehículo, y fui directo hacia el muerto vuelto a la vida, bastante enojado, le disparé en la cabeza, justo cuando la levantó par mirarme, con pedazos de intestinos en su boca, la cual estaba llena de dientes afilados y podridos; un solo disparo fue suficiente para acabar con él, pero no lo hice para protegerme o para liberarlo de su sufrimiento, fue porque estaba lastimando a un ser querido.

     Brenda salió y se me acercó, me dí vuelta para poder mirarla, y en sus ojos se podía distinguir la intriga y la tristeza, señalando el cuerpo de mi viejo le dije – él era mi padre...lo mordieron, y tuve que matarlo –, de mi globo ocular izquierdo salió una pequeña lágrima de tristeza, ella se conmovió, y me limpió la lágrima, eso seguido de un beso en la frente, empezando a hablar – duele mucho cuando se pierde a un ser querido, pero tenés que pensar positivamente, él ahora está en un lugar mejor, ya no está viviendo esta mierda –, no podía evitar pensar cuan acertada estaba ella,  y eso hizo que dejara de sentir tristeza, y envidiara a mi viejo, porque era mejor morir, y no seguir viviendo mientras los que uno ama mueren, y tiene que vivir con esos terribles recuerdos, sin contar a los muertos, esos monstruos indestructibles que se alimentaban de lo que quedara de humanidad, aunque, visto desde otra forma, también podían matar lo que a uno le quedara de humano en el interior al comerse a sus seres queridos, ese era mi caso.

     Hicimos lo que consideramos mejor, nos pusimos a cavar una tumba, bueno, lo mejor que pudimos, porque ninguno tenía palas; eso nos llevó un rato largo, luego, envolvimos el cuerpo de mi papá con una sábana, ¿donde conseguimos una manta? Pues había una en el auto. Pusimos el cadáver en el agujero, y lo enterramos, como toque final, hicimos un cruz de Cristo con unas maderas que había por aquel lugar. Miramos la tumba por unos instantes, bastante deprimidos, ella dijo – ¿puedo decir unas palabras? –, asentí lentamente con la cabeza, y comenzó a hablar – hoy lamentamos mucho la pérdida de...¿cómo se llama? –, le dije su nombre y empezó otra vez, pero primero se aclaró la garganta, y empezó – hoy lamentamos mucho la pérdida de Gastón Heredia, amado padre y esposo, antes de que se acabara el mundo, él debió ser una gran persona, y hoy lloramos su muerte, esperando que Dios todo poderoso lo dejé entrar a su reino de los cielos, y cuide de su alma por toda la eternidad, amén –, y terminó de hablar.

     Ya nada podíamos hacer, solo quedarnos ahí parados, frente a la tumba, contemplándola, y pensando sobre la vida, mientras el viento soplaba, y arremetía contra nosotros, golpeándonos las caras, aunque eso no fue lo único que sentía, ya que al cerrar los ojos, pude sentir una mano que tomaba suavemente la mía, si, era la de Brenda. Al abrir los ojos pude ver que ella me tomaba de la mano, no pude evitar ponerme un poquito colorado, aunque se me pasó en unos segundos antes de que me viera, aunque ella fue más rápida; soltó una risa pequeña, y dijo – así te quería agarrar a vos –, y me dio un golpe suave en el hombro, no pude evitar devolvérselo mientras me reía, y así empezó el juego de “pegale a tu compañero”.     Ya sé, en un funeral no hay que reírse, es de mala educación, un compañero de escuela se reía de cualquier cosa, parecía el Guasón, ya saben, ese de Batman, pero bueno, ya nada de eso importaba, si después de todo no iba a volver a leer historietas, o ver la tele, nada, todo se había ido a la mierda. Entonces, luego de esos golpes cariñosos, quiso hacerse la viva, y empezó a correr, claro está que no entendía nada, aunque a cierta distancia paró, y volvió hacia mí, – che flaco, me tenés que atrapar, así es el juego – dijo ladeando la sonrisa, le copié el gesto, e intenté agarrarla, en tanto ella se ponía a correr cuan sobreviviente perseguido por un no-muerto.

     Un poco de diversión no hacía mal, digo, para variar un poco de tantas matanzas y muertes, y distraerse un poquito. Luego de unos minutos corriendo, empecé a perder el aliento, tenía buena condición física, pero al cabo de unos minutos sin tomar agua cualquiera se cansa y pensé que podía ser una trampa, quizás quería hacer que quedara hecho pelota para robarme, habría sido muy fácil, pero no fue así, porque ella se desplomó, como un “morfón” recién asesinado, bueno, rematado.

     Fui directamente donde ella estaba tirada, y me recosté a su lado, respirando profundo, hasta que me agarró ¿que quiero decir con esto? Ya saben, sacar líquidos, en el sentido tradicional. Solo me levanté, fui atrás del coche para que no me viera, y marqué mi territorio, por así decirlo, como harían los perros. Cuando terminé, busqué a Brenda, y ya no estaba, mis sospechas aumentaron, y me puse en guardia, a ver si me sorprendía desde atrás y me mandaba para la otra vida. La calma reinó, estaba preparado para lo que sucediera, trataría de hablar, y si era necesario, usaría la fuerza bruta.

     Ella pudo haberlo planeado todo, de seguro me tomaba por tonto, pero yo era más inteligente. Gran susto me llevé, como para curar el hipo, al sentirla empujar mi espalda, mientras daba fuertes carcajadas; estaba ofendido, si, y un poco molesto, me dí vuelta para verla, y comenté – no me asustes así, pude haberte matado, creía que eras una de esas cosas no muertas ¿así pensás sobrevivir? – y volví al coche. Me siguió, y dijo – ufa, dale, no seas así –,  suspiré y le hablé otra vez – perdoname, pero en el mundo hoy, uno no puede estar jugando ni nada sin mirar por encima de su hombro –, en parte era eso, aunque mayoritariamente era porque no confiaba en esa muchacha, apenas la conocía, puede que fuera una trampa, puede que me quisiera  chorear la comida y las armas, o me matara, ay, cuanta razón tenía, y no hice caso a mis razonamientos, de ser así las cosas hubieran sido diferentes.

     Anochecía, el viento soplaba, levemente silbando, como si hubiera alguien más por allá entonando una vieja melodía, pero aunque uno lo buscara con dedicación, no lo lograría, habría sido engañado para desperdiciar lo que le quedara de vida, antes de ser devorado por un  “morfón”, o peor. Pero claro, ambos estábamos adentro del auto, comiendo a la hora aproximada de cenar, como en los tiempos anteriores; no nos importaba si eran medianoche o si era de tarde,  en ese nuevo mundo, un morfa a la hora que se le cante.

     En fin, como iba a anochecer dentro de poco, íbamos a quedar a oscuras, y para no llamar la atención, no pensábamos prender las luces del auto, sino terminaríamos rodeados de un montón de “morfones”, solo las de adentro para poder ver algo. Después de unos minutos de morfar algo, y estar bien satisfechos, quise hacerla reír prendiendo el radio del coche, e imité la voz del narrador – acá Radio Muerte, reportando que el mundo se fue a la mierda, aunque parece que ya nos habíamos adelantado ¿no les parece? -, ambos nos cagamos de la risa, al menos así fue por unos minutos.

     Fue entonces cuando se escuchó una especie de transmisión, pero con mucha interferencia, y lo único que pudimos escuchar fue “bombas” y “Capital Federal”, antes de que se cortara el mensaje. Nos pusimos a especular, y me puse a pensar que quizás iban a bombardear la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, puede que para exterminar a esos devoradores de humanos, aunque la Argentina no estaba tan bien, en el sentido financiero, para tener bombas atómicas y todo eso, a menos que tuvieran ayuda de las potencias norteamericanas.

     Ya no aguantábamos más, nos vencía el sueño, pude inclusive notar cómo Brenda apoyaba su cabeza en mi hombro, me limité a acariciarle un poco el pelo, que ni se les ocurra decirme maricón, así se ganan las jugadas. Apagué las luces, y nos quedamos a oscuras, por lo cansada que estaba, solo me pudo desear buenas noches, hice lo mismo, y pude observar cómo serraba tranquilamente los ojos, y se quedaba dormida. Bostecé, y me contagió el cierre de párpados, los cuales fueron cayendo lentamente, hasta que todo se volvió negro, como mi alma luego de tantas pérdidas y sufrimientos.

     No me puedo ni acordar de lo que soñé aquella vez, pero si me acuerdo de lo demás. Los rayos de sol atravesando el parabrisas, y golpeándome en la cara, haciendo que me despierte, y que automáticamente estirara los brazos, al hacer esto último, pude notar una cosa, no estaba Brenda.

     Si, así es, ella había desaparecido, me refregué los ojos, y el asiento de adelante para el pasajero estaba vacío, peor fue la sorpresa que me llevé segundos más tarde, al darme cuenta que no estaba la bolsa con armas, ni las mochilas, nada; que tonto y confiado fui, debí estar más atento, en parte me lo merecía, por ignorar todo lo que me habían enseñado sobre no confiar mucho. Enojado, solo pude salir, y putear al aire para sacarme la bronca - ¡hija de re mil puta! ¡andate a la concha de tu madre que la re mil parió! ¡atorranta yira de mierda! ¡cuando te vea te voy a abrir la panza, a sacarte los intestinos y ahorcarte con ellos! –, me vi interrumpido por ese pibe, el de antes, ese que ni existía, y empezó a hablarme – uy parece que me equivoqué –, claro, lo único que pude hacer fue darle trompadas, las cuales no hacían más que atravesarlo, –  aveces sos tan predecible, que me das pena – dijo suavizando su voz, – ¿porqué no te vas a la concha de tu madre y me dejás de romper los huevos? – le pregunté sarcásticamente, y con autoritarismo,  pero casi me hago encima con su contestación – porque no tengo madre, sino voy para allá y no me vuelvo más –,  un poco zarpado, pero gracioso, algo de humor me venía bien después de lo sucedido.

     Ya nada me quedaba, no tenía familia, ni recursos para seguir viviendo, pero grandes fueron mis esperanzas al ver algo en el cielo, una sombra, la cual fue bajando cada vez más, y revelando su forma, la de un Gavilán, aquel animal  era el primero que encontraba con vida luego de la epidemia. Batiendo sus alas, aterrizó, justo frente a mí; alzó la cabeza, para así observar al gigante que tenía enfrente, y haciendo contacto visual, podía ser una alucinación, no me acuerdo, solo recuerdo que unos segundos después levantó vuelo, y volvió al reino de los cielos, el único lugar seguro.

     Fue raro, tengo que admitirlo, aunque eso podía tener un significado, y si era así, les digo que no tengo ni la menor idea de cual es, solo busqué en el auto a ver si quedaba algo, y me alivié al ver que tenía ese Parang y el Gator Machete Pro, los que mi viejo había confiscado hace días a unos criminales, aquellas que escondí abajo del asiento el día anterior, sabia decisión. No tenía muchas opciones, así que tomé los machetes, dí una última mirada al lugar, y dando media vuelta, empecé a caminar por el campo, dejando atrás la tumba de mi padre, junto con el pasado que me atormentaba, y que jamás podría enterrar.

TítuloEditar

  • El título hace referencia a que Nahuel no debía confiar en nadie, y al confiarse demasiado de Brenda pagó las consecuencias.
  • También hace referencia al hecho de que el protagonista descubre esa entidad imaginaria, y que no puede confiar ni en sí mismo.

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