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Capítulo 1: El OrígenEditar

      Soy Nahuel Heredia , tengo 17 años, al menos eso creo, o quizás aún tenga 16, o más, no tengo ni la menor idea, la razón de esto es porque el mundo en el que estoy viviendoahora está dominado por los muertos vivientes, a los cuales he llamado “morfones” debido a que todos morfan, ya sea que no tengan manos, o mandíbula, o sin cuerpo incluso, de una forma u otra a uno le sacan los intestinos y se los morfan, pero bueno, antes les contaré algo de mí, y de cómo empezó todo al momento en el que el mundo se terminó.


    Mi nombre completo es Nahuel Fernando Heredia, pero para abreviar me llaman Nahuel, soy de Argentina, nací en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 16 de enero de 1996, mis papás eran Luciana Orilli y Gastón Heredia, desde que nací tuve problemas, cuando digo esto no quiero decir problemas psicológicos, lo que tengo es mucho peor, mi problema es que todos los que quiero terminan muriendo.


    Cuando tenía apenas 4 años, ya iba al preescolar, y tenía un amigo de mi misma edad; un día, él y yo estábamos jugando al fútbol, nos divertíamos mucho, pero entonces mi amigo me tiró la pelota demasiado fuerte, eso me hizo enojar, y se la devolví, pero puse demasiada fuerza en la patada, y esto lo hizo caer hacia atrás, golpeándose la nuca con una piedra, rompiéndole la parte de atrás de la cabeza haciéndolo sangrar hasta morir, apenas tenía 4 años y ya había visto mi primera muerte.


     Quedé traumatizado al ver a mi amigo en el suelo sin moverse y viendo un charco de sangre agrandarse alrededor de su cabeza, varias personas fueron horrorizadas hasta el lugar, mientras la madre del niño lloraba desconsolada, intentando hacer reaccionar a su hijo muerto, que jamás despertaría, por culpa mía, mi mamá ante esa situación, sin saber cómo había sucedido, solo me levantó y me llevó en brazos a casa. Fue un día muy agitado, pero solo era el inicio de muchos sucesos posteriores que me pasaron.


     Ese mismo año, mi madre quedó embarazada, y nueve meses después, nació una hermosa niña a la cual mis padres bautizaron Mariana Heredia, apodada “Mari” de cariño, cuando ella nació mi papá y yo estábamos en la sala de espera, nos llamaron, y vimos a mamá en la cama de hospital con la bebé en los brazos, pude notar un mirada de ternura en sus rostros, y tenía sentido, porque al ver a esa niña, solo un pensamiento me vino a la mente, que esa era la bebé más hermosa del mundo. En mi rostro se dibujó una enorme sonrisa, pero  un año después esa misma fue borrada por otro suceso que cambió mi infancia para siempre.

     Doce meses después del nacimiento de mi hermanita, yo ya tenía 5 años, o 6, no lo recuerdo, pero lo que si me acuerdo es lo que pasó ese día, que mi mamá tenía que ir a comprar algo para la cena, y había dejado a papá a cuidar a Mari. En fin, luego de un rato de compras, mientras mi mamá llevaba las bolsas yo iba agarrado de la mano, pero al cruzar un calle, me apuré demasiado y comencé a correr cuando el semáforo aún estaba en verde, y mi madre soltó las bolsas para ir por mí, ese fue un grave error, del que aún me arrepiento hoy en día.


     Fue una gran equivocación mi acción realizada, y más aún la de mi vieja, debido a que cuando ella estaba a punto de alcanzarme, un auto la atropelló, todos se detuvieron, y muchas personas se reunieron a  su alrededor, mientras yo me quedaba observando el cuerpo sin vida de mi madre, pensando que solo estaba dormida, y lo estaba, solo que en un sueño profundo del que jamás despertaría, intenté hacer que reaccionara, pero mis intentos fueron en vano, ya que no respondía; unos minutos después, llegó la ambulancia, y también mi papá llevando a Mari en brazos, apenas me vio fue hacia mí, y me abrazó muy fuerte, sin soltarme, al verle la cara, pude ver que de sus ojos salían lágrimas, todos vimos cómo ponían a mamá en una camilla y la subían a la ambulancia, mientras mi hermanita lloraba desconsoladamente, y uno de mis ojos comenzaba a lagrimear.


     Unos días más tarde, cuando fuimos mi padre, Mari, y yo al hospital para ver cómo estaba mamá, un doctor, vino hacia nosotros y nos dijo – lamento decirle señor, que su mujer, y la madre de sus hijos, está muerta, no pudimos hacer nada más, mi más sentido pésame –, luego de que el doctor dijera esto, vi cómo mi papá lloraba desconsoladamente, – ¿por qué lloras papá? – le pregunté desconcertado, este se puso a la altura de mi rostro, y entre lágrimas dijo – es que…tu madre…no volverá…jamás -, pude entender en esas palabras lo que me quiso decir, y lo abracé fuerte mientras comenzaba a llorar también; al día siguiente fuimos a su funeral, todos mis familiares, estábamos tristes, pero especialmente yo, que no me dejaban de lagrimear los ojos, ya había perdido a un amigo, pero esto era diferente, era mi madre, una persona a la que le tenía mucho cariño, y que jamás volvería a ver.


     Al cumplir 10 años, le pedí a mi viejo que me entrenara para ser policía como él, primero se negó e incluso se enfureció, pero finalmente cedió ya que vio que estaba creciendo, me estuvo entrenando, me hizo hacer ejercicios físicos, pero claro no aprendí a disparar un arma hasta los 15 años, y fue a esa edad donde sucedió un hecho que me traumó mucho, y que me perseguiría hasta mucho más adelante.


     Un día, cuando yo tenía 15 años y mi hermanita 10, e íbamos a la misma escuela, a la hora de la salida, como siempre la acompañaba debido a que era pequeña y no era seguro que volviera a casa sola aún, ese día no la acompañé, me quedé unos minutos en el aula copiando algo del pizarrón, pero le pedí que me esperara, pero al salir esperando ver a mi hermanita donde le dije que se quedara, esta no estaba, la busqué, y la llamé, pero no la encontraba, intenté llamarla por el teléfono celular, pero no obtuve ni una sola respuesta.


     Me preocupé mucho, y llamé a mi padre para decirle, y se preocupó, comenzamos a buscarla, y durante unas horas no tuvimos suerte, revisamos en cada rincón de la zona cercana, y le fuimos preguntando a todas las personas que pasaban por ahí, hasta que una mujer que estaba en esos momentos nos dijo que lo vio todo, dijo que vio a la niña ahí parada, y que un hombre llegó y se la llevó, y que ella parecía no resistirse, pero que quizás la estaba amenazando o algo peor, nos describió al hombre y hacia donde se fueron, mi papá llamó a algunos de sus compañeros policías, y llegaron.


     Estábamos preocupados, no sabíamos qué le podría haber pasado, y luego de un rato, un compañero de mi padre nos dijo que la había encontrado, fuimos hasta donde él decía, era una casa abandonada, y ahí vimos que en el suelo estaba el cuerpo sin vida de Mari, varios policías estaban analizando la escena del crimen, mi papá y yo nos largamos a llorar, porque ambos la queríamos mucho, luego el policía que interrogaba a la testigo nos dijo que según lo que ella había descrito, el que la secuestró fue Tomás Solini, un violador y asesino buscado en la Ciudad desde hace 5 años, que ha violado y asesinado a 7 niñas pequeñas, y con esta eran 8, no podía creer lo que escuchábamos, y le dije mirándolo – esto es mi culpa, Mari estaba sola porque le pedí que me esperara a que terminara de copiar algo del pizarrón, si hubiera estado con ella nada de esto habría pasado, es mi culpa –, mi padre me dio unas palmadas en la espalda, y me dijo – culparte no la hará volver –, me di cuenta de que mi padre estaba en lo cierto.


     ¿Saben? Dicen que de los errores se aprende, pero hasta ahora no he aprendido, las personas que amo siguen muriendo por acciones que realizo, como lo han hecho y siguen haciendo. A partir de ese momento caí en una gran depresión profunda, una niña inocente y tierna que yo quería mucho había muerto, y eso solo pude solucionarlo descargando toda mi ira en el entrenamiento para ser policía, cada vez que practicaba disparos, imaginaba que era el que violó y mató a Mari, comencé a tener una sed de venganza profunda, y un enorme deseo de verlo muerto.


     Luego de unos días recibí una noticia que me hizo sentir muy bien, y esa era que habían atrapado a Tomás y lo habían encerrado, seguía estando un poco enojado, pero también sentía un poco de satisfacción al saber que ese psicópata jamás saldría, aunque en mi opinión, deseaba que él estuviera muerto, más que encerrado, y seguí entrenando, y era lo  mejor, porque después pasarían sucesos por los que era necesario manejar armas y ser ágil, y donde si te distraías morirías al instante.

TítuloEditar

El título hace referencia a la vida de Nahuel antes de que la epidemia comenzara, y cómo se originó poco a poco su personalidad fria e indiferente de futuros capítulos.

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