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¿Habrá Vida Bajo la Nieve?
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Personaje (s) principal (es) Dana, Azul.


Puntos de vista: Omnisciente, Dana.
Capítulos 9.


Localización principal: Desconocida
Año en que se desarrolla 2017.


Anterior Ninguno


¿Habrá Vida Bajo la Nieve? es la primera parte de ¿Nieve? ¿Vida?

Sinopsis Editar

Dana es una chica de diecisiete años que está atada a una vida cotidiana. Pero su vida toma un rumbo inesperado cuando Joo, su mejor amiga, es asesinada brutalmente al igual que sus padres. Dana deberá enfrentarse sola, ante un mundo plagado de muerte y lamento. 

¿Habrá vida bajo la nieve?

Personajes Editar

  • Dana (1/9).
  • Azul (1/9).
  • Nina (1/9).
  • Chloe (1/9).
  • David (1/9).

1. La VentiscaEditar

Nina cruzó la puerta y entró a la cocina otra vez. Apagó la llama de la tetera y la tomó por el mango. Procedió a verter el agua en la taza. Corrió de su cara el cabello que estorbaba en su vista y suspiró. Se estremeció del frío, y colocó su mano cerca de la taza, que comenzaba a calentarse. Mientras el aroma de la lavanda recorría la cocina, buscó un plato pequeño y lo colocó boca abajo por encima de la taza. Nina miró por la ventana que estaba cerca del lavaplatos hacia afuera. Estaba preocupada, pero más que nada, por su hermana, quien permanecía así todo el día, esperando que su hijo estuviera bien. Los minutos pasaron y fue la hora de darle el té a Maara. Puso el plato en la mesa y posicionó la taza sobre este. Puso en una orilla una cuchara de acero pequeña y caminó a la sala de estar. Maara permanecía en el sofá, mirando sin cesar por la extensa ventana si es que él volvía.

- Hey. – colocó el té encima de la mesa que estaba a un lado del sofá y tocó su mano. – Tómatelo. Te hará sentir mejor.

- Sólo quiero a mi hijo, Nina. Es lo único que quiero.

- Lo sé, pero tienes que guardar la calma.

- Imagínate lo que me diría Brett por esto...

- Brett no te hubiese dicho nada. – soltó su mano y subió poco a poco las escaleras. -Habría ido a buscarle, lo cual sería peor.

- Espero que pueda volver pronto. – sus palabras hicieron a Nina detenerse y suspirar, para luego compadecerse de su tristeza nuevamente.

- Lo hará. Estoy segura. – llegó arriba, dio unos pasos y entró a su habitación. – Lo estoy...

Nina cerró su puerta y se sentó en su cama, mientras miraba por la ventana la ventisca arrastrar todos los copos de nieve hacia ella. La joven mujer sólo se dignó a recostarse completamente. Preocupada por la salud de su hermana, angustiada por la repentina desaparición de su sobrino. Nina ya llevaba una racha de malos momentos, pero era más que nada por los demás. Ahora, desde que las bestias comenzaron a rondar por toda la región, estaba siempre postrada en su cama. Al menos tenían el alimento suficiente, y si esto no era así, ella misma buscaba en la carretera, entre los automóviles volcados. Ya habían robado varias veces de allí. Si tan sólo no hubiese corrientes de viento tan potentes, todo sería bastante diferente, comenzando con que ya habrían ido a por su sobrino.

Nina se levantó otra vez y caminó hasta la esquina de su habitación, donde reposaba su guitarra de madera. La tomó con una mano y apoyó su espalda contra la pared, para luego comenzar a tocar una de sus canciones predilectas. Entre los juegos de sus dedos con las cuerdas, algo le hizo detenerse. Un sonido que le paralizó. Dejó la guitarra de lado y se dio cuenta de que algo había atravesado el cristal de su ventana. Se quedó quieta, sin asomarse. Pudo sentir poco a poco su corazón latir más fuerte, y ser el único ruido que estaba presente, además de su respiración. Otros silbidos rompieron el viento e hicieron otros agujeros en el cristal. Después, una voz.

- ¿Alguien por aquí? – era la voz de un hombre joven, no muy grave.

- Dave, ¿Para qué coño usas el silenciador si vas a estar gritando?

- Bueno... es que... tampoco me has dado otra arma.

- ¿Alguien? – pareció ignorar a su compañero. - ¡Fuerzas especiales! ¡Estará a salvo con nosotros!

Nina suspiró y no pensó más. Aprovechó el trecho que la cortina cubría y abrió la ventana extendiendo su brazo izquierdo. La mujer le dio unos golpes suaves al cristal y esperó a la reacción de los agentes.

- No dispares arriba, es una persona. – afirmó la agente. – Oficial Chloe Fuentealba, hágame el favor de identificarse.

- Soy Nina. – se asomó por la ventana, siendo invadida por el viento, sobretodo en su cabello. - ¿Por qué disparan? – preguntó, mientras caminaba por el techo y cerraba a medias el ventanal. - Lamento haberte asustado, Nina. – se disculpó David. – Pensé que eras uno de ellos.

- Un devorador con una guitarra. Interesante. – bromeó, mientras bajaba del tejado. - ¿Qué les trae por aquí a estas alturas del partido?

- Hemos venido por nuestra cuenta. – respondió Chloe, ofreciendo su mano para que bajara. – Aunque no lo parezca, estos no son los sitios más afectados.

- ¿Es en serio?

- Lo es. – miró por el ventanal del primer piso, donde vio unas mantas sobre un sofá. - ¿Estás sola?

- No. Vivo con mi hermana mayor.

- ¿Nadie más?

- No... Nadie. – Nina se fijó en la cara del muchacho de cabellos amarillos, que dejaba en claro la fatiga. - ¿Quieren pasar? No se ven muy bien.

- Buena idea. – miró a Chloe, que se mantenía contemplando la casa por fuera. – Luego haremos preguntas, ¿Sí? Mis piernas me están matando... y mis manos también.

- Pasen, por favor. – tomó de su bolsillo una copia de la llave de su casa y abrió la cerradura. – Es su casa, oficial.

David sintió bastante fuerte el cambio de temperatura. Se quitó el casco y dejó, tanto su mochila como su arma, en un rincón de la sala de estar. El cansancio era muy evidente, porque apenas podía caminar. Además, sentía los dedos de sus manos congelados. Nina caminó a la cocina, donde Chloe le siguió tras dejar a un lado sus cosas.

- ¿Tienes té y todo?

- Puedo hasta hervir agua. – respondió con una media sonrisa, aunque con las cejas levantadas.

- ¿Y de dónde sacan tantas cosas? – Chloe pasó su mano por su cabello, con sus manos frías. – Digo... viven aisladas.

- Yo hago el fuego, el agua es normal, tenemos cañería, agua potable. – contestó, mientras colocaba la tetera con agua sobre la estufa. – Lo demás... alimento... pues son cosas que he encontrado abandonadas en la carretera. No me arrestes por eso.

- ¿Es en serio? – se largó a reír. – Podría arrestarte si mataras a alguien por un trozo de pan. Además, siendo sincera, cuando pasan cosas así, suele no haber vuelta atrás... – recibió la mirada intrigada de Nina. – Claro, si nos referimos al mundo como era antes de que hubieran medio-muertos atacando a todos los que se les crucen.

- Entiendo. – tomó buen aire y volvió a hablar. - ¿Y? ¿Qué les trae por aquí, oficial?

- Sólo dime Chloe, ya me recibiste en tu casa.

- Bueno, Chloe.

- Todas las fuerzas especiales se han concentrado en lugares más afectados, pero no por el sur, también otro lugar bastante jodido. He hablado con Ramirez, el líder de la misión, pero no quiso enviar ayuda acá. Además... no pienso mantenerme entre tanta desgracia por esas calles. – sonó una puerta abriéndose. Maara apareció en frente de Nina.

- ¿Te sientes bien? – preguntó ella.

- Sí, sólo fui al baño. – notó la presencia de los invitados. - ¿Y ellos?

- Chloe y Dave, dos oficiales de las fuerzas especiales.

- Mucho gusto. – saludó ella.

- Maara.

- Me alegro de que no hayan tenido problemas. Otra vez, Nina, muchas gracias por la hospitalidad.

- Es lo de menos.


- Yo que tú no dispararía, en serio. – el muchacho tocó su hombro. - Baja el arma, harás que te maten.

- Ni te conozco.

- Te salvé la vida una vez ya. Espero que no malgastes balas en eso. – vio a la chica dispuesta a disparar. - ¡Eh! – se adelantó y le quitó el arma, para luego patear la rodilla y hacer caer al rival. – Sé más sigilosa. – aplastó con un trozo de madera el ojo del devorador. Tras ver eso, Dana le quitó su propia arma y volvieron a caminar. Ambos se mantenían bastante juntos para conservar algo de calor. No podían dejar de pensar en que tenían el rostro congelado, sobretodo ella, que ya ni sentía su nariz. Él bajó la mirada y se compadeció de ella.

- Dana, ¿está todo bien?

- ¿Cómo sabes mi nombre? – preguntó, sin ánimos.

- Estábamos en la misma clase.

- No.

- Bueno, no. Yo estaba en la otra sección.

- Entiendo. Y bueno... yo no sé tu nombre.

- Sólo dime Azul.

- Está bien... ¿Azul? ¿Dónde me llevas?

- Con mi tío. Ahí vivo yo.

- ¿Y tus padres?

- No sé nada sobre mi madre, que es la que vive de ellos...

- Vaya... espero que esté bien.

- ¿Y tú?

- Estoy sola desde que comenzó todo. Aún me cuesta pensar que estoy viva, así que no sé cuál es tu intención de salvarme una y otra vez.

- Ayudo a quien sea. Siempre he sido así.

- Genial. – frenó.

- ¿Qué?

- Eso. – señaló a algunos devoradores que estaban caminando lentamente contra el viento, en dirección a ellos. - ¿Saco mi pistola?

- Mala idea. Sólo toma lo que sea. Tenemos que salir de aquí.

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